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Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación

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Editorial de la tarea, 3-4 (número doble)

Guadalajara, México - Diciembre de 1993

El destino nos alcanza

Tiempos difíciles, escuela de circunstancias múltiples que se fueron incubando en las últimas décadas y que afloran en nuestra vida social implacables y puntuales. 1994 es un año decisivo por que inaugura acontecimientos que prefiguran inexorablemente un hito histórico para nuestra nación. Se derrumban mitos como el de la estabilidad asegurada por los siglos de los siglos; irrumpe en el escenario una rebelión indígena campesina. El artero asesinato a mansalva del candidato oficial desata una parafernalia que entre otras cosas, desnuda los símbolos gobierno-partido. El Estado residente una convulsión intestina tan severa que aflora hacia la sociedad, toda. La credibilidad del sistema político electoral esta ya en la mirada atenta y cuidadosa de la sociedad y de los ojos de quienes están más allá de nuestras fronteras. En fin revelaciones de una crisis que debemos observar atentamente.

     En ese contexto, la educación, espejo fiel y multifacético del sistema social y sus contexturas es y será cada vez más un ámbito para dirimir en los espacios escolares las contradicciones de sus participantes: pero además lo que en este espacio habite, y como se encare, tendrá su repercusión incuestionable en el conjunto de la sociedad.

     Hoy mismo, estamos ya resintiendo la tesitura característica de nuestro entorno; la reforma educativa, que apenas esta en sus antípodas y para la cual se han generado un sinfín de voluntades, expectativas acciones y escenarios, no puede guardarse a buen recaudo. El proceso de modernización educativa debe continuar y con el una nueva voluntad de corregir sus aberraciones, simulaciones y selectividad. Los dramáticos acontecimientos de nuestro tiempo llaman a la construcción de espacios democráticos en todos los ordenes. Los proyectos y acciones sociales no pueden ejecutarse ya hoy a nombre de sus destinatarios, si no con el concurso y el consenso permanente de ellos.

     En el caso de la educación básica de maestros, alumnos y comunidad; del gremio magisterial y de todos aquellos quienes tienen una genuina preocupación por el ramo: autoridades y funcionarios medios, periodistas e intelectuales e investigadores los tiempos exigen una acción concertada, tolerante y participativa acorde con las exigencias de las actuales circunstancias .

 

Los ritos y el ceremonial

Si estamos hablando de cambios, es decir de verdaderas transformaciones que surgieron de lo educativo estén en concordancia con lo que la nación reclama, existen entonces muchísimos tópicos a los que habrá que pasar revista.

     Uno de ellos corresponde a esta suerte de ritualización que se ejerce puntualmente en las escuelas y que precisamente a fuerza de repetirse indefinidamente ha llegado a considerarse más imprescindible que el propio proceso educativo formal. Los profesores y profesoras tenemos nuestros ritos, no tan fastuosos o espectaculares como lo son por ejemplo un informe de gobierno o el nombramiento de un obispo pero que, rituales al fin sirven para que la escuela ejerza su regularidad, para que cada quien ocupe su sitio asuma su rango, se ubique en su función previamente asignada y en todo ese devenir, reproduzca en tiempos y ritmos el proceso escolar en la escuela pública.

     Pedir la palabra en el aula -con el debido comedimiento-, levantarse cuando el maestro ingrese al salón, contestar a coro, guardar silencio como una norma permanente y equivalente de disciplina escolar, tomar distancia, avanzar al sonido de una marcha conocida que representa la entrada a clases, no voltear, no hablar, no ver el trabajo de el compañero, en fin, evidencias de una ritualización de lo cotidiano escolar, que si no está imbricado con un mejoramiento del proceso enseñanza-aprendizaje no tiene sentido su observancia.

     De todos estos ritos de la tarea escolar es quizás uno de los más importantes. La actividad dejada a los niños en casa constituye toda una liturgia que tiene que ver con su factura, con su revisión, con los códigos seleccionados por el maestro para dejar ver su visto bueno (un sello, una palomita, comentarios, correcciones, etc.). Habrá que preguntarse, sin embargo, si en efecto toda esta actividad legitimada por la obligatoriedad establecida ancestralmente, en realidad tiene para el proceso del conocimiento la importancia que merece. Someter a revisión a este proceso escolar-hogareño es imprescindible para tener evidencias de su verdadera significación en el proceso de aprendizaje.

     En este sentido, el propio nombre de nuestra publicación se inscribe en este contexto la tarea si bien implica un homenaje a los alumnos y al maestro que asuman responsabilidades escolares y profesionales respectivamente, realizados sin lugar a dudas conforme a un ánimo de superación ese esfuerzo debe ejecutarse en forma cada vez creativa y por lo tanto significativa. En esta línea se inscribe la preocupación de nuestra revista y del gremio.

     Como colofón a este espacio de opinión editorial, quisiéramos referirnos a cuestiones importantes de nuestro entorno local y que, de una manera u otra nos afectan como ciudadanos, como maestros y como jaliscienses. Hay heridas que aún están abiertas y que la sociedad tapatía exige su deslinde. Nos referimos a la aclaración judicial sobre la responsabilidad de la tragedia del 22 de abril y del asesinato del Cardenal Posadas. Ni la comunidad es ingenua ni menor de edad un intento de olvido deliberado aumenta rencores y tarde o temprano paga sus consecuencias.

     Asimismo y en renglón estrictamente educativo, creemos que los tiempos exigen el despliegue de una línea que haga más diáfano y justiciero el proceso de modernización educativa. Los maestros de Jalisco realizan con comedimiento y entusiasmo sus responsabilidades para acreditar su formación y obtener beneficios escalafonarios; confían que sus esfuerzos en el aula y su dedicación en el proceso de mejoramiento profesional realmente posibilite premiar a los más adelantados, acabe con las injustas simulaciones y abra una perspectiva del progreso gremial y pedagógico para el Sistema Educativo de Jalisco.

     Finalmente, queremos enfatizar que pronto habrá un proceso electoral que renovará los poderes federales. También se realizan elecciones en Jalisco y ello ha motivado ya una reanimación de la vida política. Atrás de programas, proclamas, movimientos internos consultas y negociaciones y todo lo que implica la liturgia electoral, creemos que la sociedad tapatía espera una jornada cívica que ofrezca credibilidad democrática. Nosotros como maestros o como trabajadores al servicio de la educación, sabemos que las elecciones libres constituyen un proceso pedagógico que delinea una impronta de libertad, de participación, de proceso. Contribuyamos a que realmente sea así.