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SECCIÓN

editorial

Cítese este editorial como: "Editorial" de La Tarea, revista de educación y cultura de la Sección 47 del SNTE/Jalisco (núm. 20, Guadalajara, Jalisco, México. Julio de 2009. pp. 1-2).


Glosario de calamidades: líneas para remontar

La forma como se fue configurando el mundo de la economía y la política mundial en las últimas dos décadas delineó un escenario en donde lo educativo, como esfera finisecular, se fue articulando cada vez más desde esa trama general que palpita sobre nuestras cabezas, querámoslo o no. Los acontecimientos del entorno, no importa que se escenifiquen en cumbres aparentemente remotas, inyectan de manera contundente su substancia en la rutina, en las políticas y los resultados de nuestras escuelas y sus comunidades. Una disposición del Grupo de los Ocho se reflejará en los renglones dispuestos por el Banco Mundial; después surtirá su efecto restrictivo en aquellos recursos destinados a una región predeterminada. Luego, en el destino de un sector educativo, en la escuela de un barrio, en una plantilla de profesores; en los niños de una escuela. Una suerte de big bang vertical e implacable donde lo que se concibe lejanamente llega al más recóndito paraje.

     La suerte de cada persona anónima y remota está siendo determinada cada vez más por directrices planeadas a miles de kilómetros por manos impunes, anónimas y superpoderosas. De esta forma, se hace evidente esa tendencia global implacable, ejercida material y simbólicamente sobre nuestra realidad; por lo que cada vez nuestras cuitas han tenido y tienen su origen en las decisiones y secuelas de un mundo ancho y ajeno, pero demasiado cerca de nosotros para dañarnos.

     Es así como durante todos estos años hemos visto cómo la fuerza y condicionamiento de los lineamientos neoliberales –que son ni más ni menos que las recetas unilaterales de los países desarrollados, sean estos relativos a los procesos económicos, financieros y sociales–, prescriben de manera unívoca su aplicación; no importando las graves secuelas de destrucción en países pobres como el nuestro. Pero nuestras precariedades no son sólo responsabilidad de ese paradigma neoliberal; tiene también que ver con la forma en cómo el Estado mexicano concibe su papel, su responsabilidad social y consecuentemente la educación. La aplicación de sus dispositivos dependen de su filiación, independencia o acatamiento del modelo globalizador que ha venido rigiendo la política mundial. La manera como se ha plegado a pie juntillas a las políticas de las metrópolis, es signo grave de nuestra debilidad soberana.

     Pero el discurso optimista y su realidad, construida desde esa cúspide que había venido sustentando esa salvaje política de privilegiar al mercado por sobre cualquier manifestación humana, se ha cimbrado recientemente y parece que se encamina a un derrumbe incalculable en sus alcances o cuando menos a un replanteamiento total de sus paradigmas. La crisis estructural ha explotado de manera impactante en el santuario del capital financiero y productivo del mundo desarrollado y, desde esa conmoción, como castillo de naipes su secuela es una onda en expansión, la cual muestra cómo, un modelo que se basa en la circulación del dinero y los productos, al no ir acompañado de directrices que incidiesen de manera equitativa en el conjunto de los habitantes de todas las sociedades, finalmente, como un gigantesco depredador del jurásico, se viene precipitando a tierra, arrastrando en su caída a todos, incluso a sus propios ejecutores. Los miles de millones de dólares que hoy se publicitan como evidencia de la catástrofe de la crisis, son para nosotros, simples mortales acostumbrados a la modestia y el manejo de nuestros salarios anhelados cada quincena, números astronómicos que no caben en nuestro cálculo. No concebimos lo que significan semejantes cifras multimillonarias.

     Así, siendo estructural nuestra dependencia comercial y financiera con Estados Unidos, el gobierno mexicano ha mimetizado sin miramientos sus perversas políticas globales, por lo que la actual crisis no sólo nos afectará gravemente, sino que se multiplicará inexorablemente por nuestra condición de país dependiente en todos los ámbitos, entre ellos aquel que tiene de suyo una crisis secular: la educación.

     Ante este doble escenario de crisis ¿podemos imaginar lo que significa? Si una realidad de nuestras precariedades educativas era y es la inequidad, ahora pensemos lo que implicará la reducción del ya reducido gasto público educativo que la crisis provocará: la ambulancia que conduce al herido se ha volcado.

 

Algo más que papel y lápiz
En este número de
la tarea, privilegiamos aquellos acercamientos que abordan los lazos entre procesos internos e influencias exógenas en la educación. Muchos de los trabajos que aquí presentamos retratan a América Latina, y aunque es posible observar una realidad singular en cada retazo del continente donde se expresa, lo notable son los fenómenos semejantes, evidenciados a todo lo largo y ancho de nuestro subcontinente.

     Otro renglón central abordado es el problema de la paz, paradigma que concebimos más allá de su plana y alienada forma de manejo oficial, centrándolo nosotros como una forma de entender un estilo de vida pleno; más allá de mezquindades, apostando por la pluralidad, el dialogo franco, la tolerancia y, desde luego, la honestidad; atributos que hoy merecen resaltarse especialmente, puesto que adquieren una destacada significación cuando vemos atónitos cómo el Estado mexicano recurre a la “pedagogía” del garrote vil, al ejercer sin miramientos una política despiadada en el campo laboral. Los despidos masivos son ahora campo de la didáctica social. Si no, preguntémonos qué representación social registraran los niños y jóvenes actuales cuando observan cómo son echados a la calle miles de obreros.

     En esta entrega tocamos algunos de los pliegues que, por rutinarios, desbrozan invisibles por el espacio escolar y el campus universitario: la burocracia y las oleadas de remozamiento que muchas veces acaban por convertirse en reformas leves, si no es que simuladoras; la construcción de nichos de pluralidad y critica que trascienden la parsimonia de la rutina educativa; esfuerzos muchas veces anónimos que muestran ese estira y afloja entre querer y poder, enseñar y aprender desde la tónica de la lucha por los espacios realizados por colectivos de profesores. Las mujeres encarando o padeciendo las directrices crudas o sutiles de la dominación patrimonialista o patriarcal en el mundo de la escuela.

     El otro eje analítico tiene que ver con la lucha por la dignidad de las personas en ese campus que de suyo debía constituir un garante de los derechos y las garantías humanas, como es la dimensión escolar. Lacerante es observar con mucha frecuencia el disimulo y conculcación del derecho pleno a pensar, a actuar, a agruparse, a desarrollar en plenitud identidades e ideologías sustraídas del ejercicio legítimo de la razón y el discernimiento en la escuela. Esta vertiente de los Derechos Humanos –abordada como parte de la temática de este número de la revista–, se inscribe en el despertar consecuente de la sociedad que ha renunciado a la parsimonia complaciente y alienante de dejar hacer y dejar pasar. Es en la escuela básica y en la educación superior –en el bachillerato, la universidad, las escuelas Normales–, en donde debe observarse en plenitud el ejercicio democrático de los Derechos Humanos. No solamente porque los espacios educativos constituyen un escaparate cuyo escenario es observado cotidianamente por propios y extraños, sino por el impacto que en el alumno tiene al convivir o ver cercenadas esas esferas fundamentales de las relaciones sociales, como son los derechos civiles y humanos.

     Todo ello ilustra, sin duda, algunas de las vertientes ocultas por el discurso y la planeación oficialista de la educación, pero que pululan dentro y fuera del salón de clases. Se trata de miradas más allá de la línea divisoria del convencionalismo.

     Quisimos pues, en esta edición, compenetrarnos –si se quiere brevemente– en mostrar otros rostros de la vorágine educativa institucional. Miradas que van determinando cada vez más lo que realmente pasa en las escuelas. Nuestro propósito no es, desde luego, difuminar con mala leche las lacras que pululan en el sistema, sino contribuir a enriquecer el análisis de la educación hoy, puesto que su complejidad, contradicciones y paradojas no pueden seguir siendo ocultadas por esa intelligentzia que comanda la vida política y cultural en México y gran parte de América Latina.

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