Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación

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Editorial de la revista la tarea, núm 19

diciembre de 2006

El oráculo de la continuidad

Este número de la tarea se publica en momentos de transición política, en dónde como maestros debemos hacer una lectura sobre las implicaciones de lo que, a nuestro juicio, ha sido un proceso político empañado por la intervención del Estado y por lo tanto por el cuestionamiento de su legitimidad. Este número está dedicado a reflexionar sobre las políticas educativas. La pregunta central gira sobre la continuidad que seguramente ellas tendrán tanto en lo federal como también en nuestro estado, no sólo por la designación del candidato del PAN como presidente electo, sino por los resultados electorales en nuestro estado y en el congreso de Jalisco.

     Se cancela por principio la posibilidad de un cambio en el rumbo de la política educativa del país. En los últimos cuatro sexenios ha existido una continuidad en la política educativa, aunque cada sexenio ha impreso su sello distintivo. En nuestra entidad ha sido igual, tomando en cuanta además que el panismo nos gobierna por tercera vez. A nivel federal, esperamos más continuidades en función del modelo económico neoliberal que se plantea como marco para las acciones estatales en materia de política. La globalización impondrá cada vez más exigencias a los sistemas de educación nacionales, tanto al superior como al de educación básica.

     En este último renglón, la política de restricciones presupuestales han generando secuelas que impactaron los ámbitos de la atención docente, la calidad educativa, la atención preventiva a problemas de permanencia, tales como fracaso, reprobación y deserción escolar. Cada vez más estos problemas se han venido considerando como responsabilidad de los propios usuarios y cualquier inversión significativa que vaya más allá del estricto pago salarial a los maestros –por cierto drásticamente menguado en los últimos años–, es considerada onerosa e inútil.

     En el terreno de la política educativa en la entidad (Jalisco), las políticas son tan obtusas como superficiales, pues no atienden el origen de los problemas, y sí en cambio se derrochan recursos en disposiciones absurdas que reflejan el talante privatizador del gobierno, regateándose en otros ámbitos urgentemente necesarios. Sólo para poner un ejemplo representativo, está la implementación del diplomado en Competencias directivas que pagó con lujo de derroche la Secretaría de Educación Jalisco a universidades privadas entre septiembre y junio anteriores para cerca de mil directivos que fueron a oír sandeces como de calidad total, productividad y otras perlas de la filosofía empresarial que no tienen nada que ver con el universo educativo en que gravitan los directores e inspectores. Aparte de la Universidad de Guadalajara, que ofreció un servicio de calidad –debido sin duda a que fue diseñado por académicos conocedores del problema de la educación básica–, todo lo demás fue un fiasco. Ahí cuando menos se gastaron 8 mil pesos por directivo. Hagamos las cuentas y luego asomémonos a ver las condiciones en que se estudia en las escuelas infantiles. ¿Podrá creerse que hasta la Universidad ("opusdeísta") Panamericana participó y no se incluyeron por ejemplo a las unidades de la Universidad Pedagógica Nacional (UPN) de la entidad? El colmo.

     Es de esperarse además que en educación básica, media y superior las pruebas para medir el rendimiento de los alumnos irán siendo utilizadas y consideramos que no solamente con fines de evaluación. En breve estarán también determinando el otorgamiento de recursos adicionales. Creemos, sin embargo, que por las recomendaciones de organismos multinacionales, seguirán los programas para abatir el rezago educativo en educación básica. Además, es de imperiosa justicia compensar la inequidad social existente con la garantía de, al menos, la educación básica para toda la población. Es vergonzoso que en pleno siglo XXI persistan el analfabetismo, la subrepticia exclusión de la escuela por razones sociales, evidenciándose que quienes además de sufrir una marginación económica, social, geográfica, incluso étnica y de género (son más las mujeres analfabetas), padezcan también una marginación cultural.

     El cuello de botella es, sin embargo, la educación Secundaria. Pese a que este nivel ha iniciado una reciente reforma curricular que aparentemente impactará también lo laboral, percibimos que sus alcances y naturaleza, no serán suficientes para atajar y resolver toda la problemática que vive secularmente este nivel. Las últimas administraciones del sector, lejos de atacar de raíz las variables que generan su bajísima calidad educativa, han solapado y tolerado todas sus aberraciones, mostrándose con toda nitidez que lo que priva es el clientelismo político, la complicidad y la demagogia.

     El bachillerato es y será también un nivel problemático; el número de escuelas de este nivel es insuficiente para atender a la demanda y hará crisis por la presión del creciente número de jóvenes que aspiran a la educación superior con la esperanza de encontrar un empleo –en un país en donde impera el desempleo y subempleo– y en el cual la política económica lejos de contribuir a la solución del problema ha propiciado la emigración masiva hacia Estados Unidos. No se han creado oportunidades para los jóvenes y esto acrecentará los problemas sociales con su secuela de vagancia, pandillerismo, vandalismo, drogadicción, suicidios, etcétera.

     En cuanto a la educación superior, el escenario nacional estará sin duda influido por el exterior, en el que tanto creen los políticos del PAN. Nuestro sistema de educación superior, seguirá sin duda compitiendo en desventaja frente a la apertura comercial propiciada por el TLC que incluye a la educación. La internacionalización de la educación superior es un hecho innegable, pero no ha sido lo suficientemente aprovechada para promover mayores intercambios y movilidad entre los estudiantes y los académicos, es decir, no ha supuesto –ni supondrá en fechas recientes– una ventaja.

     Las recomendaciones de los organismos multilaterales, quienes han dictado las políticas para casi todos los países del orbe, continuarán en nuestro horizonte, principalmente por somos un país del tercer mundo. Esperamos por ello más continuidades que cambios, como la acentuación de los recortes en el financiamiento a la educación (todo lo contrario que prometió el foxismo), el cual seguirá siendo deficitario y los recursos adicionales serán otorgados sólo a partir de evaluaciones unilaterales, fundamentadas en el cumplimiento de indicadores preponderantemente cuantitativos.

     De esta forma, continuarán los programas como Escuelas de Calidad para la educación básica, el Programa de Fortalecimiento Institucional y el Padrón de Excelencia de Posgrados del CONACYT (junto con el Programa Institucional de Fortalecimiento al Posgrado) para la educación superior. Todos ellos con los conocidos perfiles restrictivos y segregacionistas, particularmente para las instituciones más modestas. Algunas orientaciones quizá se modifiquen y es de esperarse la aparición de nuevos programas, pero todos bajo el mismo criterio evaluativo.

     Entre las continuidades estará sin duda la expansión de las universidades privadas. El reto que se enfrenta es la regulación de su calidad a través de un control más estricto para el otorgamiento de los Reconocimientos de Validez Oficial de Estudios (REVOE) por parte de las instituciones encargadas de otorgarlo. Recordemos que bajo la lógica de libre mercado, las instituciones privadas no están sujetas al escrutinio estatal como las públicas. Es de esperarse que crezca la fiscalización de las Instituciones de Educación Superior (IES) públicas, en menoscabo de su autonomía.

     La expansión de instituciones enfrenta el reto de las colaboraciones e intercambios interinstitucionales, ya que el crecimiento de instituciones no supone necesariamente complementariedad y diversificación de la oferta educativa. Consideramos que lo que está ocurriendo en licenciatura (saturación de carreras en ciertas áreas o disciplinas) se trasladará al posgrado (que de hecho, ya lo estamos viviendo).

     Los sistemas de acreditación y certificación nacionales llegaron para quedarse. Cada vez más tendremos exámenes nacionales para el egreso en la educación superior y las carreras seguirán siendo acreditadas por organismos nacionales y cada vez más, internacionales. La admisión a las instituciones públicas tenderá a ser más estricta dado que el número de aspirantes irá en aumento, mas no así la capacidad de atención de nuestras universidades públicas.

     La evaluación a posteriori seguirá prevaleciendo como mecanismo para la vigilancia y el logro de la calidad. Esta evaluación en educación está dirigida hacia las instituciones, hacia los programas, hacia los estudiantes, hacia las investigaciones y con mucha más fuerza, hacia los académicos. No es una evaluación con fines formativos, sino que se ha convertido en el mecanismo para la asignación de recursos escasos. Frente a una imposibilidad de un incremento salarial digno, se evalúa a los académicos y a los profesores de educación básica con criterios relacionados con el "pago al mérito", que provoca una diferenciación salarial. Todos estos mecanismos continuarán y consideramos que se acentuarán cada vez más, sobremanera, aquellos relacionados con la evaluación de los profesores.

     Las contradicciones que existen entre las diferentes políticas, creemos que continuarán y cada una de ellas representará una nueva exigencia que lejos de orientar el rumbo a seguir provocará un desconcierto en los profesores, los alumnos y las instituciones. Seguiremos viviendo los efectos perversos, no deseados e inesperados generados por las políticas educativas. Insistimos de nuevo: estamos lejos de contar con una política integral.

     En el espectro continental –como bien lo marcan algunos artículos de colegas sudamericanos aquí expuestos– los barruntos educativos, con sus matices, se asemejan precisamente por estar hermanados por el subdesarrollo.

     Con este marco lleno de nubarrones de tonos grisáceos, invitamos al lector a adentrarse en este tema a partir de los artículos presentados en este número, que discuten muchos de los temas aquí enunciados.

     Para no documentar un pesimismo que nos inmovilice, esperamos que el triunfo electoral que favoreció al próximo gobierno federal y al de Jalisco, permita que más que asumir una actitud envalentonada y monolítica, pudiera sustentarse en el dialogo y el consenso, en la madurez y la autocrítica, en este ámbito tan sensible y estratégico de nuestra vida pública como es la educación.

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