Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación

No. 4-5

(doble)

SECCIÓN

páginas

de la 61 a la 62 de 80

... el recreo

Guadalajara, México - Diciembre de 1993

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¿Qué nos pasa a los maestros?

María Guadalupe Valera Hueso* y Patricia Gabriela Montaño Flores**

* Psicóloga, labora en la Dirección de Psicopedagía de la Secretaría de Educación Jalisco (sej)

** Psicóloga, especialista en psicoterapia psicoanalítica para adolescentes y adultos. Cofundadora del taller para escritores "Cartografía de la palabra grupal”, fundadora del Centro de Estudios e Intervenciones Grupales. Correo-e: patgamont@hotmail.com

Es necesario abordar lo nuevo con la voz de la diferencia

Reiteradamente podemos escuchar: "La labor del maestro es un apostolado", "Es prioritario capacitar y actualizar al maestro para que lleve a la práctica los programas en educación", "Nos proponemos orientar al maestro para que aborde la problemática psicopedagógica del alumno", "Es ahora un hecho: la carrera magisterial y la profesionalización del magisterio".

Incontables, casi infinitas, encontramos enunciados similares en la prensa, radio, televisión, etcétera, que de una manera y otra abordan los problemas y logros de nuestra calidad educativa. Pero ¿y la persona del maestro?, el maestro en tanto sujeto que vive y crece con su profesión, que muchas veces también la padece, este maestro, ¿en donde está? ¿en dónde está el educador como persona?

Este maestro está desafortunadamente fuera de los debates sobre educación, lo encontramos siempre en un discurso que no tienen más espacio, más sitio que la vivencia y la experiencia personal de nosotros los maestros. Es un discurso que no hemos sabido escuchar, que hemos podido -hasta el momento- disfrazar no obstante los elevados costos en salud y ejercicio profesional resultante.

Este texto es un intento de ponerle un nombre: pretendemos evidenciar una realidad. Una realidad que hay que nombrar para verla y podamos reconocerla en ella. "Yo. ¿Yo?". Yo no se qué me pasa, cada día me siento peor, estoy casi siempre cansada, me pesa el día, me agobia la noche. Por la noche no puedo cerrar los ojos, busco dormir sin lograrlo, cada vez es más frecuente.¡Qué se yo! ¡Qué se yo lo que me pasa!

Mis hijos están insoportables, mi marido ni se diga, los alumnos son unos flojos que asisten a la escuela con desinterés y enfado crónicos; los materiales y los programas no logran rescatarlos de la abulia, de la casi inercia en la que viven atrapados; sólo merecen mirar la televisión , yo no sé, ahora ni siquiera por los juegos se apasionan, no sé qué les pasa. A mí la creatividad ya se me olvidó y la lucha me agotó. Quién sabe. Ni modo, lo bueno es que ya se acercan las vacaciones por que podré descansar, pasear, disfrutar… Pero, ¿cómo me voy a descansar? ¿con cuál dinero?, en fin, ni modo, otra vez a mirar la tele. A ver si para el otro período sí se me hace; ojalá que ahora cuando menos pueda levantarme tarde y así me recupere aunque sea un tantito; lo bueno es que solo quedan unos meses para que me finalice otro ciclo escolar y después otra cosa será . A ver si entonces cuando menos voy al médico para que me recete unas pastillas y me quite el insomnio y los nervios que me cargo. Unos luego dicen que la fármacodependencia es funcional u ocasional, ¡que digan! Ni modo. Lo único de lo que sí estoy segura es que ya no puedo más con esto que vivo.

Yo no se qué me pasa, yo no sé qué me pasó, no tengo cuarenta años y me siento como una anciana; me duele el cuerpo, me duele el alma. Apenas recuerdo cuanto entusiasmo vivía cuando fui estudiante, cuando salí de la Normal me sentía con ganas, llena de vida, esperanza e ilusión. No sé, no sé.

Se que la educación es importante, que los niños son un futuro por el que todos debemos luchar. Amo mi carrera, por eso la elegí; no soy irresponsable, en verdad que no lo soy, pero no sé, a veces creo que todo me da igual; a estas alturas, en estos momentos no puedo con mi profesión ni conmigo. Debe haber una solución, tengo que encontrar otro camino, ahorita quisiera tener, como otras veces, un poquito de esperanza, quisiera sobre todo resolver lo que me pasa. Ya no quiero seguir así.

 

Depresión, tristeza, abandono, desesperación, fatiga, insomnio, desdén, angustia

La depresión es tan sólo un rostro, un rostro más de una realidad que no hemos querido ver nosotros como maestros; una realidad que nos aqueja insistentemente y que hemos tratado de ocultar, disfrazar; la hemos pensado como un problema personal, raro, distinto y distante.

Sin embargo, los hechos nos dicen que el sufrimiento afectivo del maestro es una realidad penetrante que necesitamos aceptar. Aceptarlo para reconocerla, investigar sobre sus causas, sus consecuencias, necesitamos, conocerla para tratarla, para prevenirla, para legislar a propósito de ella.

Los maestros tenemos que aprender y aceptar, por ejemplo que no todos los males que nos quejan son sólo físicos, debemos entender que muchos de estos cuentan con elevados porcentajes de componentes psicológicos que los originan, complican y los mantienen. Es preciso enfatizar con nosotros mismos y ante los demás, que tener un problema de salud psíquica no es "no tener nada", como aducen unos, o "curarlo" o fuerza de voluntad como asumen otros. Sino debemos asumir que tener un problema de salud psíquica es por principio la mayoría de veces una experiencia de sufrimiento. Este sufrimiento humano es un conflicto interno que se refleja en lo que hacemos o dejamos de hacer, tanto con nosotros mismos como con los demás. Es un sufrimiento que va marcando inexorablemente nuestra vida estemos o no, conscientes de ello.

No obstante los avances logrados en diferentes rubros, nuestra identidad personal y profesional sigue sufriendo importantes descalabros que nosotros los maestros necesitamos no desatender. Si nosotros mismos no abordamos nuestras problemáticas en su justa dimensión, es muy difícil que otras instancias nos escuchen máxime cuando es la salud emocional y afectiva del magisterio. Salud que no es prudente mantener al margen y que ahorita cada instante aquí y a lo lejos cobra -sino es atendido-, ilusiones y esperanzas de nosotros los maestros.

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