Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación

No. 4-5

(doble)

SECCIÓN

páginas

de la 70 a la 71 de 80

... el recreo

Guadalajara, México - Diciembre de 1993

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Sor Juana en Querétaro

Arturo Santana*

* Asesor de la Universidad Pedagógica Nacional (UPN), Unidad Querétaro.

Sor Juana Inés de la Cruz

Sor Juana Inés de la Cruz

 

Desde el extremo del agotamiento del barroco hispanoamericano seduce aún la existencia y obra de Sor Juana Inés de la Cruz (1648-1695). La más lúcida de las hijas del convento de Santa Paula, de la Orden de San Jerónimo, extiende y enriquece vigorosamente la última etapa literaria del Siglo de Oro español, con una producción vasta y diversa, y una actitud de franca adhesión racionalista que contribuyen a la quiebra de la intolerancia del dogma católico de sus coetáneos y sorprende a sus lectores de siempre.

Los innumerables estudios y versiones biográficas, no exentos de vacíos, acerca del periplo intenso de la monja mexicana destacan con énfasis determinante la atmósfera de la vida social, cultural y política que padecieron las colonias americanas respecto a la metrópoli europea, para delimitar el escenario histórico de una actitud intelectual y artística ejemplar contra la irracionalidad de la hierocracia católica de la Nueva España.

Con hábitos y prácticas de la jurisprudencia renacentista los teólogos de la intransigencia asumen, paralelamente, la defensa de los preceptos medievales de la religión y de los principios políticos fundamentales para la salvaguarda eclesiástica, no sin el riesgo de ampliar las diferencias con el absolutismo del poder virreinal y hacer más arduo el proceso hacia el nuevo rumbo de la modernidad.

La segunda mitad del XVII americano contiene estructuras radicalmente opuestas a la vigencia histórica de las ruinas del absolutismo confesional personificado en el tribunal del Santo Oficio, en cuyas prácticas inquisitoriales contra la libertad de conciencia se gesta el clima de intolerancia contra el genio de Sor Juana.

Muy cerca del tercer centenario del fallecimiento de Juana Ramírez de Asbaje surge una propuesta dramática de Coral Aguirre, con el asombro de quien atestigua el impacto de un evento extraordinario y ofrece su versión. La cruz en el espejo (Premio Fondo Nacional de las Artes 1987, Argentina) es una obra que reanima el tono de una discusión intermitente, por cuanto incide, esencialmente, justo en el umbral de una conjetura: Sor Juana Inés en el banquillo, sujeta a un proceso del tribunal de la Santa Inquisición. Bien ante la pista de las sugerencias (Schon, Wallace, Méndez Plancarte), o bien como premisa para su elaboración, nuestra dramaturga y pedagoga teatral, construye una extensión inteligente y profundamente emotiva a partir de las perspectivas más claras de las evidencias documentales. Sin embargo, especulaciones históricas aparte, Coral Aguirre se inscribe en la trayectoria de la condición femenina para armar un texto mayúsculo, afín con la avidez vital de aquella monja extraordinaria.

La obra, recién estrenada por la Unión de Teatristas Independientes de Querétaro (UTIQ) ofrece un amplio espectro de lecturas que enriquece el panorama de la cultura teatral del centro de la República.

Constituida apenas en febrero de 1993 como síntesis de una convocatoria a los teatristas locales, la UTIQ se involucró en la aventura de la construcción de un ambicioso proyecto cultural orientado hacia el "estudio, experimentación, realización y difusión del teatro en todas sus expresiones". Y manos a la obra, los cuatro grupos integrantes (TAI, CET, Banqueta y Crearte) eligieron la pieza de Coral Aguirre para signar su primera representación.

Inicialmente, una idea escénica de Abelardo Rodríguez, identificó en el Museo Regional de Querétaro, el escenario propicio para el montaje, toda vez que el inmueble reúne con precisión inmejorable las exigencias del texto. Más allá de esa consideración debe acentuarse la circunstancia de una situación adversa para el futuro de La cruz en el espejo si se reconoce lo improcedente de su montaje en un foro convencional.

Nueve meses de trabajo constante, carencias de insumos básicos, obstáculos externos (e internos) fueron insuficientes para impedir el impacto del estreno. Sor Juana Inés de la Cruz (Ruth de la Colina) protagoniza un episodio candente en la historia de la pugna entre la razón y la fe. Gradual, pero de modo irreversible, el oscurantismo católico y patriarcal persigue, acosa, impone al entendimiento y a las pasiones profundas de la monja, de la mujer, el cerco de la pulcritud a una conciencia que se descubre en la libertad. La abjuración de Sor Juana, en el centro de la representación, cierra el nudo de un complejo referencial contundente que subraya la estrategia de la dramaturga y la lectura de Ramiro Cardona y Gustavo Silva en la dirección. Entre otros méritos de la puesta, la UTIQ reclama la recuperación del punto de vista de un público itinerante que persigue al guía durante la mutación de escenarios: pasillos y corredores; escalinatas y columnas; y el patio central a la intemperie de la torre de San Francisco, anexa en punto de las campanas y flagelaciones. La inmediatez del público y los actores, la mayoría de los cuales actúa por primera vez, le imprime un énfasis familiar a la actuación excelente de Ruth de la Colina y a la caracterización certera y lúcida de Gustavo Silva (el Arzobispo Francisco Aguilar y Seijas). El auto de fe, la revuelta popular y la abjuración destacan por la profunda complejidad de su realización, prácticamente inéditas en la historia del teatro local.

La línea argumental de La cruz en el espejo se intensifica con la incorporación de binomios antitéticos y soporta la estructura de la propuesta. Lo divino y lo humano, la fe y la razón, la represión y la libertad son constantes en el itinerario escénico, hábilmente trazado para integrarse en el perfil del conjunto actoral y en la cantera barroca del recinto magnífico del Museo Regional; el espacio como elemento soporte del espectáculo teatral.

Ambiciosa si se lee desde una concepción "holística" del arte dramático la realización de La cruz en el espejo abre amplias perspectivas de desarrollo actoral a los integrantes de la UTIQ y satisface con entusiasmo las expectativas francas desde su constitución. El sustrato de esta experiencia demanda el más amplio apoyo de las instancias de promoción cultural correspondientes, y el insustituible ademán gozoso del respetable.

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