Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación

No. 4-5

(doble)

SECCIÓN

páginas

de la 54 a la 58 de 80

... el rollo

Guadalajara, México - Diciembre de 1993

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Historia de un libro hecho por maestros

Ana María Prieto Hernández*

* Asesora de la Universidad Pedagógica Nacional (UPN), Unidad Ajusco. Academia de Educación Básica.

El libro de Historia para sexto año de educación primaria, ganador del Concurso Nacional convocado por la Secretaría de Educación Pública para la renovación de los libros de texto gratuitos, lo realizamos profesores normalistas.

Ana María Prieto Hernández, coordinadora del equipo, además de ser maestra de educación básica, tiene estudios de licenciatura en antropología social y maestría en historia. Actualmente se dedica a la formación de docentes en la Universidad Pedagógica Nacional, Unidad Ajusco.

Aroldo Aguirre Wences, maestro normalista, cursó su licenciatura en Filosofía y Letras, tiene una maestría en Educación dentro del campo: Docencia y divulgación de la historia; hoy en día es asesor de la UPN en la Unidad de Iguala, Guerrero.

Irma del Carmen Ballesteros Corona y Abel Bonilla Pérez, son maestros de educación primaria con estudios de Normal Superior en la Especialidad de Ciencias Sociales y de la Maestría en Educación dentro del campo: Docencia y divulgación de la historia.

Colaboraron también, Tere Garduño Rubio, Diego Prieto Hernández y Adalberto Rangel; quienes tienen experiencia en el campo histórico-social y educativo.

Cuando se publicó la convocatoria para el concurso, en enero del presente año, teníamos desconfianza ya que pensábamos que todo estaba hecho y que tan sólo era una farsa. Sin embargo, decidimos participar y aprovechar la ocasión para hacer un libro de historia en el que se concretaran las ideas, reflexiones, investigaciones y propuestas didácticas que veníamos desarrollando.

Fueron tres meses de gran esfuerzo, de día trabajábamos de manera individual, de noche nos reuníamos y se hacía una puesta en común. El material presentado por una persona era reelaborado en equipo. De esta manera, el producto final era un trabajo de grupo.

Si bien siempre nos pareció que el tiempo era muy limitado y que en ese lapso era difícil trabajar una propuesta de libro de texto, no queríamos dejar pasar esta oportunidad, ya que el procedimiento abría los cauces de participación.

En mayo, la SEP anunció que nuestro trabajo había sido seleccionado por el jurado, quien le otorgó el primer lugar en el concurso. De acuerdo con la convocatoria el jurado tenía que elegir la propuesta ganadora tal y como se presentara, sin condicionarla a modificaciones; sin embargo, a través de la SEP nos hicieron llegar una serie de recomendaciones y sugerencias, que en su mayoría tomamos en cuenta. En esa ocasión, el subsecretario de educación básica, profesor Olac Fuentes Molinar, se mostró satisfecho con nuestro trabajo.

A partir de ese momento continuamos trabajando sin menoscabar esfuerzos, ya que tan sólo contábamos con un mes para entregar la versión definitiva a la SEP. Durante ese tiempo esperamos la comunicación de dicha dependencia, la cual se había comprometido a hacernos llegar sus observaciones y reunirnos con el jurado, pero esto no se dio.

En julio la SEP nos mandó la página legal, la presentación oficial y el colofón del libro, con lo que dimos por concluido el trabajo. En ese mes, terminamos de entregar el material a la Secretaría, la cual lo recibió de conformidad.

De acuerdo con el colofón, el libro se publicaría en los talleres de Fernández Editores, pero esto nunca se realizó. En el mes de agosto, a través de la prensa, nos enteramos que la propuesta sería sometida a un nuevo dictamen, lo cual no estaba contemplado en las bases del concurso. Esta situación nos llevó a pensar que la SEP quería alargar o suspender la edición del texto ya que este procedimiento no se siguió en los libros ganadores los que inclusive recibieron asesoría directa de la SEP.

Días más tarde nuestra sospecha se confirmó. Un periodista nos llamó para avisarnos que la SEP había decidido no publicar ninguno de los textos ganadores de Historia, aunque reconocía el triunfo y pagaría los premios correspondientes.

Los argumentos que se utilizaron para descalificar la propuesta eran, a todas luces, forzados. Se criticaba que en las actividades se utilizaría "la empatía", cuando la misma Secretaría la propone como parte del nuevo enfoque en la enseñanza de la Historia. Se dijo que enfrentábamos a liberales y conservadores, cuando el propio guión de la SEP solicita que se hable de la Guerra de Reforma.

Se señaló que había una "visible ideologización" en la selección y tratamiento de algunos temas, como las revoluciones rusa, china y cubana. Sin embargo, el programa oficial marca como contenido la "Crisis del socialismo", hecho que se dio en 1989 y la historia de México la da por concluida en 1964; por demás está señalar que la "Crisis del capitalismo" ni se menciona.

La SEP, después de haber premiado los textos, inició una campaña de desprestigio y descalificación a través de diversos medios de comunicación a fin de justificar su nueva decisión.

Nuestro trabajo tuvo la desventaja de ser criticado sin que la sociedad lo conociera. Por eso los autores, pese a las limitaciones, hemos difundido nuestra propuesta a fin de que sea juzgada por los protagonistas de la educación: maestros, alumnos y padres de familia. Porque a fin de cuentas, fueron ellos quienes financiaron con sus impuestos al concurso.

Por último, queremos dejar planteadas las siguientes interrogantes:

  • ¿La SEP tenía pensado no publicar los libros de historia y preparó con anticipación las Lecciones que publicó pocos días después de que, aparentemente, se tomó la decisión?

  • ¿Participó en el concurso y, al no resultar ganador, buscó la forma de imponer a toda costa su texto?

  • ¿La SEP realiza actos de magia para tener listo, en menos de quince días, un texto alternativo?

  • ¿El Estado no estaba dispuesto a aceptar una visión diferente de la historia pese a que ésta ganara el concurso que él mismo convocó?

Si es así, ¿por qué y para qué despilfarró recursos en un país que no se caracteriza por la abundancia?

En dos años, éste es el segundo "dislate" histórico de la SEP, ¿cuántos más vamos a permitir los maestros?

 

Una nueva concepción de la enseñanza de la Historia

Elaborar una propuesta de libro de texto para sexto grado que presentara una opción diferente para el trabajo en el aula, no hubiera sido posible sin un conocimiento de los problemas que implica la enseñanza de la historia en este nivel; y a partir de ahí, establecer una serie de lineamientos o criterios de orden teórico-metodológicos y psicopedagógico que guiaran nuestra tarea.

En la escuela primaria la enseñanza de la historia se caracteriza por ser verbalista y memorística. El docente transmite la información a través de relatos que el alumno escucha o lee en su libro; después elabora un resumen, cuestionario, dibujo o cuadro sinóptico. Junto con esto utiliza el dictado de notas, donde el maestro emite las ideas que considera más importantes y el alumno escribe, estudia y repite.

Ocasionalmente, algunos maestros realizan actividades como: representaciones teatrales, maquetas, visitas a museos o proyecciones de películas. Sin embargo, resultan insuficientes porque no se llevan a cabo de manera sistemática.

Generalmente, la información que transmite el maestro o que se encuentra en el libro de texto resulta ajena al estudiante, pues si no tiene relación con sus intereses y vivencias, por lo que es demasiado abstracta. Asimismo se descuida la vinculación pasado-presente-futuro, lo que implica que el alumno no encuentre un significado, una utilidad, un por qué y para qué estudiar Historia.

En esta forma de enseñanza subyace la idea de que el conocimiento es algo acabado, elaborado fuera de la escuela y sin relación con la vida cotidiana. El papel de la escuela se ve reducido a la transmisión y no se recupera su posibilidad de contribuir en la construcción y reconstrucción del conocimiento. Esta situación provoca la pasividad y va en detrimento del desarrollo del pensamiento.

Los métodos exclusivamente verbalistas o memorísticos no superan las características del sujeto que aprende (alumno), ni considera la naturaleza del objeto de conocimiento (la Historia).

 

¿Qué es la historia? ¿Para qué sirve? y ¿Para que enseñarla en la escuela primaria?

En el libro manejamos el concepto de Historia tanto como proceso social, como reconstrucción teórica de ese proceso.

La Historia como proceso social y práctica cotidiana es el devenir de la vida, el transcurrir humano, las transformaciones sociales del tiempo. Cuando tratamos de dar cuenta de ella, lo que manifestamos es nuestra versión, es decir elaboramos una reconstrucción teórica, construimos un cuerpo de conocimientos que no es ya el proceso real en si, sino una representación de él en el pensamiento.

La Historia es dato y obra. El historiador actúa, obra sobre los datos y les impone su huella, pues él mismo es un sujeto histórico. Sin embargo, la Historia también actúa sobre el historiador como lo hace sobre todos los hombres. Por eso, quien reconstruye la Historia y elabora un discurso teórico lo hace desde sus propios intereses, valores e intencionalidades. De los mismos hechos se pueden construir relatos diferentes; sin embargo, para que tengan validez teórica, es necesario que consideren las características dialécticas mismas del proceso histórico y den cuenta de la diversidad.

El saber histórico que tradicionalmente se enseña en las escuelas, no es el reconocimiento de la Historia como proceso real del cual todos somos protagonistas, sino sólo su reconstrucción, que se expresa lingüísticamente en libros, museos, etcétera, lo que tiene como consecuencia que el niño no se reconozca ni identifique con ella.

El conocimiento de la Historia nos ayuda a comprendernos mejor. Si queremos hacer inteligible el presente, tenemos que buscar en el pasado a partir de lo que queremos para el futuro. La reconstrucción del pasado la organizamos a través de un proyecto presente, es decir, de acuerdo con las necesidades actuales.

 

¿Qué historia enseñar? ¿Qué historia construir o reconstruir con los alumnos?

Es algo que aún continúa en debate y frente a lo cual tenemos que pronunciarnos, tomando en cuenta que la Historia no es algo dado de una vez y para siempre, sino un dándose continuo y permanente. Lo que hoy es presente, mañana será pasado; y lo que ahora es futuro, mañana será realidad, y entonces frente a nosotros se abrirán nuevos horizontes que cambiarán nuestra perspectiva de porvenir.

La Historia como disciplina se encuentra estructurada por un conjunto de tesis, conceptos y categorías que para el alumno resultan difíciles de asimilar si no las vincula con su experiencia vital. Por ejemplo, la noción de tiempo, importante en el aprendizaje de la Historia, resulta compleja para el niño si únicamente nos referimos a los cambios que ha tenido la sociedad en diferentes momentos históricos, y no los relacionamos con las transformaciones que él ha sufrido en el transcurso de su vida.

En la información histórica se encuentran implícitas diversas nociones y la escuela pocas veces realiza actividades para desarrollarlas. Esta situación provoca problemas en el aprendizaje de esta disciplina, mismos que el alumno arrastrará a otros niveles educativos.

Bajo estas consideraciones era necesario plantear un libro de Historia que incluyera una forma distinta de enseñanza, en la que el alumno fuera el protagonista de la Historia, en donde se reconociera como sujeto histórico y se identificara con los hechos y personajes que han conformado nuestra nación, en la cual se privilegiara la formación más que la información, la reflexión más que la memorización, la actividad más que la pasividad, y la interacción más que el trabajo solamente individual. Buscábamos que el aprendizaje del alumno fuera significativo y contribuyera a desarrollar un pensamiento crítico.

Partimos de algunas ideas de la llamada "Pedagogía Operatoria", la cual sostiene que se aprende "operando", es decir, interactuando con la realidad. De esta manera, el sujeto (alumno) al tener contacto con el objeto de conocimiento (la Historia) e interactuar consigo mismo y con los otros, construye su conocimiento de acuerdo con las estructuras conceptuales que posee y el nivel de desarrollo cognitivo en que se encuentra. En la propuesta de libro de texto que hicimos, a través de cuestionar, investigar, buscar respuestas y explicaciones, exponer y confrontar puntos de vista, ideas e hipótesis, pretendemos que el alumno interactúe con la realidad, con sus compañeros y con la información; para que a partir de este contacto construya su conocimiento y desarrolle sus estructuras cognitivas y comunicativas. Buscamos la problematización permanente para poner en crisis lo consabido y producir una conciencia crítica y científica en el estudiante.

Otro de los propósitos que orientaron el trabajo era buscar un aprendizaje significativo a partir de relacionar los conocimientos previos del alumno, sus vivencias, intereses, características y necesidades con los contenidos escolares. Por lo anterior, partimos de sus prácticas cotidianas y planteándole una serie de problemas que propicien la reflexión y la indagación. De esta manera, estructurando, desestructurando y reestructurando los conocimientos que posee e incorporando los nuevos, sufra un cambio profundo en sus esquemas mentales.

Para lograr nuestros objetivos, propusimos en el libro una serie de actividades como: debates, juegos de simulación, resolución de problemas y casos, representaciones teatrales, recreación de escenarios, reportajes, entrevistas, interpretación de imágenes, entre otras, donde maestros y alumnos son protagonistas del proceso enseñanza-aprendizaje.

Nos esforzamos para que la Historia no fuera para el alumno, parafraseando a Eduardo Galeano, un conjunto de conocimientos del pasado, hueco, quieto y mudo; sin relación con su presente ni con su futuro. Queremos que el alumno se reconozca en la Historia, la haga suya, juegue con ella, la discuta, la descubra y sobre todo la construya.

Algunas de las estrategias que utilizamos para lograr lo anterior fueron las que se reseñan a continuación.

 

Debate entre liberales y conservadores

Esta actividad forma parte del bloque temático "México en la mitad del siglo XIX". Tiene como finalidad que el alumno comprenda que las diferencias entre liberales y conservadores se debían a proyectos distintos para organizar y gobernar al país, y que el enfrentamiento entre ellos fue motivo de numerosos conflictos durante buena parte del siglo.

El debate como recurso de aprendizaje tiene un alto valor pedagógico, no sólo porque el alumno capta el contenido a partir de vivenciarlo y explicarlo con sus palabras, sino porque este tipo de actividades le ayudan a pensar, a ordenar y expresar sus ideas, a mantener sus puntos de vista o aceptar otros diferentes o incluso poder cambiar de opinión a partir de escuchar los argumentos de los demás. Al interactuar con la información y con sus compañeros, adquiere redes comunicativas, aprende en cooperación, situación que conduce a formar actitudes de respeto, comprensión, tolerancia, solidaridad y responsabilidad.

Sin embargo, uno de los riesgos que se corre es que un número reducido de alumnos controlen la palabra; por lo cual se sugiere que el maestro promueva que los expositores sean variados y alternados para que participe la mayor cantidad de estudiantes.

Esta estrategia puede ser adaptada y utilizada en aquellos contenidos donde existe más de una posición, opinión u opción en relación con un mismo asunto, problema o situación, por lo que se puede aplicar también a otras materias.

 

Telegrafiando la Historia

Esta actividad se encuentra al inicio del bloque "La República Restaurada". Tiene la finalidad de motivar a los alumnos para que conozcan las condiciones de México al restablecerse la República después de la Intervención Francesa, y se interesen por saber cómo repercutieron las Leyes de Reforma en las haciendas, las fábricas, en las comunidades indígenas y en las escuelas, entre 1867 y 1876.

No pretendemos que la información sea memorizada, sino que sirva como recurso para desarrollar ciertas habilidades de comunicación y conocimientos. Se plantea que el estudiante haga una lectura del texto, localice las ideas principales, haga una síntesis y redacte un telegrama. El sentido formativo de esta actividad consiste en que el alumno clasifique y discrimine información, lo que le permitirá incrementar su capacidad de análisis.

El Telégrafo era uno de los medios de comunicación que se impulsaron en aquél entonces. Esta actividad ayudará al niño a descubrir la permanencia y transformación que han sufrido los medios de comunicación en el transcurso de la Historia.

Por último, se plantea que el alumno a través del análisis de algunos problemas de la realidad pasada, pueda entender ciertos problemas del presente, y contribuya a buscar soluciones.

 

Adivina ¿quién soy?

Este ejercicio forma parte de una actividad que se encuentra en el capítulo que estudia "El Porfiriato". Tiene como finalidad que el alumno conozca algunos datos biográficos de Porfirio Díaz, pero no de manera lineal, sino que tome distintos puntos de vista para formarse una opinión. Con esta forma de acercarse a la vida de los personajes, se pretende que el niño los entienda como seres humanos que representan a un grupo social; como sujetos que trabajan, se equivocan, tienen aciertos, cambian sus formas de pensar y se enamoran. Esto puede lograr que los alumnos se interesen por investigar más sobre su vida.

Pretendemos que el alumno entienda que hay diferentes versiones de un mismo hecho histórico, que incluso él puede construir su propia interpretación, pero debe inferir qué argumentos son coherentes con ella. La imagen en este ejercicio ayuda al alumno a realizar un proceso de discriminación visual.

El objetivo general de la actividad no es tan sólo conocer la vida de un personaje, sino que los alumnos se enteren de las dificultades sociales durante El Porfiriato. Esta biografía forma parte de un intento de dar vida a distintos grupos sociales de la época a través de: un inversionista extranjero, un periodista (Ricardo Flores Magón), un "científico", una mujer trabajadora (doña Rosita), doña Leticia Pérez y Góngora dama de la "alta sociedad porfiriana", un minero, un campesino y un indígena, que junto con don Porfirio dan una visión de ese momento, a fin de que se lleve a cabo una escenificación.

 

Tomemos una decisión

Esta estrategia es un Juego de simulación que sirve como actividad introductoria del bloque "La Revolución Mexicana y su contexto mundial". Su objetivo es despertar en el niño el interés por indagar qué ocurrió en la Revolución Mexicana, quiénes participaron en ella y por qué. Se pretende que el alumno vivencie el inicio del proceso revolucionario de 1910 al ponerse en el lugar de alguno de los jefes revolucionarios, representantes de diversos grupos sociales, los cuales mantienen distintos puntos de vista y perspectivas frente a su participación en la Revolución. De esta manera, los alumnos podrán comprender algunas de las condiciones políticas, económicas y sociales que existían en algunas regiones del país al iniciarse la lucha armada.

En esta actividad subyace el concepto de "empatía", que significa ponerse en el lugar del otro, en este caso de un personaje histórico o grupo social a fin de comprender las acciones de los hombres en el pasado desde la visión del presente, y reconocer las diferencias entre los distintos momentos.

Algunas de las ventajas de aplicar los juegos de simulación como recurso de aprendizaje son:

  • Posibilitar la comprensión de hechos y procesos históricos complejos, al permitir que el estudiante viva los conflictos que enfrentaron los hombres del pasado, se identifique con ellos y reflexione en las condiciones específicas de ese momento histórico, reconociendo sus diferencias con el actual.

  • Descubrir las riquezas de tomar una decisión colectivamente, pues al tener que asumir una posición grupal, el alumno evalúa la opinión de los demás y la contrasta con la suya. Además, al tener que argumentar el por qué de la decisión que tomó, pone en juego su razonamiento y capacidad de expresión.

  • Las actividades lúdicas generan interés en el alumno y posibilitan que se despierte el gusto por la Historia. Asimismo, la empatía permite cobrar conciencia de nuestra condición de constructores, no sólo del conocimiento, sino también del proceso histórico.

 

Siguiendo huellas; rastreando pistas; proponiendo soluciones

Esta actividad forma parte del último capítulo "México contemporáneo", dentro del tema Los problemas de hoy, en donde se analiza la pobreza, los problemas del ambiente y los derechos humanos. Este ejercicio, además de abordar una cara de la pobreza y la desigualdad social, tiene como intención continuar con la aproximación del alumno a la metodología de la investigación de las ciencias histórico-sociales, iniciando en actividades anteriores como El misterioso caso de la valija perdida.

Consideramos aquí que en la enseñanza de las Ciencias Sociales, el alumno no sólo debe acceder al producto de las investigaciones, es decir al conocimiento ya estructurado, sino también a las formas y métodos de su construcción. Con ello no pretendemos formar pequeños historiadores o sociólogos, sino iniciar al niño en el proceso de formación de un pensamiento crítico y científico.

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