Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación

No. 4-5

(doble)

SECCIÓN

páginas

de la 63 a la 63 de 80

... el recreo

Guadalajara, México - Diciembre de 1993

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Reflexiones en torno a la pintura contemporánea

Paulino Nivón Velásquez*

* Egresado de la Escuela Normal Superior de Jalisco con especialidad en Español.

Niña con alcatraces, de Diego Rivera

 

Niña con alcatraces, de Diego Rivera

Las siguientes líneas no pretenden ser una sesuda disertación sobre cuestiones estéticas; son, si acaso, algunas reflexiones íntimas que bien pudieran servir como invitación al conocimiento y revaloración de la cultura nacional a través de un producto espacio-temporal como lo es el arte y en este caso particular, la pintura.

Son diversos los factores que interactúan en la conformación de lo que llamamos identidad: concepto dinámico, por lo demás. Para México es fundamental el componente indígena que sustenta un sincretismo inacabado. El reciente conflicto en Chiapas abre una llaga que no sabemos cuando cerrará, pero que pone de manifiesto lacerantes cuestiones que estábamos por olvidar. Valga pues, este entremés de optimistas conceptos como redescubrimiento de un orgulloso pasado indio.

En el principio fueron los muralistas de Bonampak, luego vino el cristiano y con él una cosmovisión nueva que se impuso a latigazos en el nombre de Dios.

Somos producto de un parto doloroso, río de dos arenas, que mezcladas, ya no pueden separarse.

Luego vinieron los émulos, modernos tlacuilos que abriendo brecha impresionaron al mundo: Rivera, Orozco y Siqueiros. Portadores de una renovada verdad, desinhibidos emisarios de una expresión plástica y estética en pos de la revancha. Propuesta que corre subterránea como venero de sangre desde el remoto pasado de nuestros ancestros indígenas, honrosamente americanos.

Colores vivos y terrosos, naturales diríamos, que son el espejo más fiel del figurativismo al servicio de la abstracción matemática: de las grecas mayas, de los petroglifos aztecas; síntesis y diáspora en una concreción imposible pero palpable, porque sobrevivió al pillaje extranjerizante, al hurto pretendido de nuestros tesoros que custodiaba Cuauhtémoc, lo único que no pudieron robar porque era volátil a la fenestrada incomprensión del invasor.

Simplicidad en las formas, que sintetiza un universo cultural propio y milenario: propio pero ajeno, es decir, enajenado; milenario pero joven, frente a los entornos recíprocamente desconocidos.

Para sorpresa del mundo, la pintura mexicana contemporánea ocupa un lugar relevante; entender por qué ocupa ese lugar, requiere un viaje temporal a uno de nuestros remotos orígenes.

Frente a los atónitos ojos del observador europeo, renace esplendorosa la imagen exótica del llamado nuevo mundo; calificativo que denota, según los sociólogos, una visión eurocentrista que ya permea aún a nuestros marginados grupos étnicos.

Hemos recorrido ya un largo camino en la búsqueda de una identidad nacional: México no es sólo el águila y la serpiente.

En ese esfuerzo por reencontrarnos, por redescubrirnos, necesitamos reconciliar nuestros orígenes brutalmente amalgamados en el crisol de una mal llamada conquista.

En los pintores mexicanos contemporáneos, los viejos y los jóvenes; los muertos y los vivos, que ocupan un lugar privilegiado en el mercado mundial del arte, detectamos una línea común, un cordón umbilical que los liga a la misma matriz mexicanista de profetas desterrados: Tamayo, Soriano, Cuevas, Toledo, Frida, Reyes Ferreira y otros.

Artistas que en el ejercicio catártico de liberar nuestros traumas, freudianamente interpretados, bogan como modernos Ulises hacia el sitio de Troya, que es el mundo, para regresar victoriosos a Ítaca, que es la patria.

Pero no basta el dominio técnico-cromático del oficio, se requiere y se da una suerte de carga genética indómita a la que hay que dejar fluir, llorar, desangrar; con una sensibilidad especial que los antes citados han mostrado con creces y que ya se presiente en los punteros maestros nuevos de la plástica.

Formamos una Nación en cierne que ha mostrado al mundo su talento pictórico y que se dispone a erguirse en democracia y libertad por la revancha sublimada de nuevos horizontes. Si somos capaces de entender y valorar nuestra identidad, podremos destacar en otras áreas, pese y por nuestra juventud como país.

Observando el retrato de una niña indígena que vende alcatraces, renace mi esperanza.

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