Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación

No. 4-5

(doble)

SECCIÓN

páginas

de la 07 a la 07 de 80

... nosotros los profes

Guadalajara, México - Diciembre de 1993

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El reencuentro con Freire

Oscar Bitzer*

* Buenos Aires, Argentina (1926). Realizó estudios de educación normalista y pedagogía en su ciudad natal; es especialista egresado del Centro Regional de Educación Fundamental para América Latina (CREFAL) de la UNESCO.

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Paulo Freire

En un artículo publicado en esta sección de la tarea (número 1), escribí una breve reminiscencia de mi primer encuentro personal con el pedagogo y filósofo brasileño Paulo Freire. Muchos colegas -generalmente exalumnos o compañeros de tareas- me hicieron llegar porras por este artículo que parece haberles agradado. No faltó sin embargo, quien me hiciera notar, muy sutilmente, que no se me quita lo argentino, ya que reflejaba una tendencia al autoelogio. No obstante, ante una reiterada invitación de los promotores de la tarea -concretamente de la maestra Sonia Ibarra- me es grato entrar de nuevo en las páginas de una revista que ha demostrado que se puede pasar del "año I, núm. 1", cuando se tiene la tenacidad, rayana en la heroicidad, de soportar la lentitud con que llegan los recursos financieros, para una iniciativa quijotesca como ésta.

Por los comentarios de los profesores en favor del citado artículo acerca de Paulo Freire, me di cuenta que pocos habían leído otro ensayo que me publicó la revista Educar para ese mismo tiempo. Aunque entiendo que un lector prefiera algo breve y ligero, no deja de preocuparme en hecho real e indiscutible, del relativo o escaso éxito de un trabajo más serio, con intenciones de artículo científico. Alguna compañera me dijo, para justificar su preferencia, que en la tarea "usted escribe tal como habla". Sigo pensando que el lenguaje coloquial, la forma casi fraternal con que uno puede comunicarse en la primera persona desde "Nosotros los profes", no siempre es el adecuado para un escrito con cierto rigor técnico-pedagógico. Y las dos lecturas son necesarias en éste, nuestro mundo de la titiriteada: leer cositas sencillas, ágiles, entretenidas, pero también recetarse sesudos y densos rollos científicos.

 

¿Y que pasó con Paulo Freire?

Regresamos al tema que le da título a esta página. Cuando conocí a Paulo Freire de carne y hueso, casi simultáneamente con sus primeros libros, eran los controvertidos años finales de los sesenta -concretamente en 1968 en Pátzcuaro, Michoacán-. El maestro acompañaba al siglo en su edad pero se adelantaba a sus compañeros en sus ideas. Ahora, en 1994, lo evoco nuevamente a partir de otra experiencia vivencial.

En septiembre pasado, tuve el privilegio de asistir a Buenos Aires a un evento en el que Paulo Freire fue el protagonista principal. Se trataba de un diálogo acerca del diálogo con un maestro argentino; y allí pude intercambiar fugazmente unas palabras, que aproveche para solicitarle su domicilio postal y su teléfono actual. De muy buena gana y de puño y letra, Freire me anotó su dirección en San Paulo, Brasil, donde reside en este momento.

Hoy quisiera compartir la impresión personal que me causó este reencuentro, veinticinco años después. En la sala de un teatro porteño reinaba la impaciencia y la expectación ante la inminente llegada de Paulo Freire, unas quinientas personas, la mayoría de ellas maestras, esperaban la entrada de alguien venerado como un ídolo.

 

¿Que veinte años no es nada?

Por fin -rodeado de fornidos intelectuales barbones que le formaban un cerco móvil infranqueable- apareció la figura del anciano maestro, caminando lentamente en medio de aplausos y vivas del público pleno de admiradores. Y aquí es donde el impacto fue mas fuerte para mi; su voz, muy apagada, apenas podía escucharse, y sus palabras en un "portuñol" casi incomprensible, lograron el silencio total de sus fans. Hablaba más en portugués que en castellano, pero esto no impedía la comunicación con los maestros argentinos, que con frecuencia lo aplaudían. Medio millar de maestros y maestras -que habían pagado 30 dólares por verlo- no perdían palabras y festejaban las bromas o las ocurrencias del buen humor freireano. Por momentos Freire apelaba ala ayuda de una maestra cuarentona, sentada cerca de mi en primera fila, quien lo auxiliaba en la traducción de varios términos al español. Luego me enteré que era su esposa, porque enviudo de aquella mujer madura y apacible que conocí en Pátzcuaro.

 

El final la moraleja y la pizza

Cerca de la media noche y después de dos horas de diálogo, cuando el tema había sido precisamente el diálogo los asistentes llegaron al paroxismo, al anunciarles que un comité pediría para Paulo Freire el Premio Nobel de la Paz.

Pero lo que más interesa es el contenido ideológico de la palabra de la palabra de Freire no ha variado. Sigue en su postura de luchador social, preocupado por los grandes temas de la educación de los oprimidos: "continuaré trabajando contra el sistema, -dijo- aunque este se ponga nuevos disfraces".

De allí salí emocionado y a la vez triste por que los años se le han venido encima a Freire y a mi también. En compañía de una buena amiga, quien había conseguido los boletos con mil mañas -cuando las localidades estaban agotadas-, caminamos por Corrientes en pleno invierno porteño, en busca de una pizzería abierta. Tomamos vino tinto y charlamos sobre México. La cátedra pasó, después el maestro que nos habló sobre el costo social de la estabilidad económica lograda por un excéntrico presidente, añorando la vida nocturna de otros tiempos en "La reina del Plata".

Si aceptáramos que "todo tiempo pasado fue mejor", estaríamos afirmando que "todo tiempo futuro será peor". Y eso es pensar negativamente ¿verdad?

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