Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación

No. 4-5

(doble)

SECCIÓN

páginas

de la 13 a la 14 de 80

... nosotros los profes

Guadalajara, México - Diciembre de 1993

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Si volviera a nacer, volvería a ser maestra

Irma Amézquita Castañeda*

*Alumna de la carrera de Ciencias de la Comunicación del ITESO.

El salón se encuentra al fondo de la pequeña escuela, roja y polvorienta. Aún así está bien iluminada. Con sus paredes de ladrillo y su techo de aluminio, parece más bien una pequeña casa rural y no un aula de clases. Junto a los ventanales se ve una mesita de madera, cubierta de papeles, cuadernos de alumnos y rosas marchitas. Ella, la maestra de sexto año, con su metro cincuenta de estatura, tiene siempre la sonrisa lista en el rostro.

Profesora de educación primaria desde hace trece años, la maestra Luz es una de los numerosos maestros que conforman la educación estatal en nuestro país. Nacida el 3 de febrero de 1956 en la ciudad de Aguascalientes, se trasladó a Guadalajara con el fin de estudiar la secundaria.

"No tenía dinero suficiente para continuar con la preparatoria para hacer una carrera de Sociología o alguna otra donde las matemáticas no tuvieran mucho que ver, pero al terminar la secundaria, vi la Normal como un medio de seguir estudiando".

El hábito no hace al monje, por esta vez el monje se hizo al hábito, porque la vocación nació después. "Recuerdo la primera vez que nos mandaron a practicas. Era el mes de diciembre, nunca me había parado frente a ningún alumno, pero me resultó fácil. Ver a los niños pendientes de tus gestos, que iban a creer todo lo que enseñaras, sentí una gran responsabilidad. Era una escuela muy pobre, y fue ahí donde me encontré con la realidad de la mayoría de las escuelas de este país. Es la mayor de las trabas que impide que los niños aprendan, pobreza absoluta. Ni más ni menos."

Las siguientes prácticas reafirmaron su vocación. "Cuando me mandaron a esta escuela para cumplir mi servicio social, me enfrenté con la realidad de esos niños. Estos niños son golpeados, humillados, a su edad ya muchos trabajan. Vienen sin comer, muchas veces sin los útiles necesarios porque no tienen dinero. Me dije que aquí hacía falta, que se necesitaba gente con deseos de ayudar a estas criaturas. Si volviera a nacer, volvería a ser maestra. Aquí puedo ayudar a los niños, a que conozcan sus derechos como ciudadanos, crearles conciencia de la responsabilidad nacida de sus derechos." La entrevista es interrumpida constantemente por sus alumnos, que la solicitan sin piedad.

"Maestra, ¿por qué Plutón está tan lejos? Ochenta centímetros ¡No va a caber en mi planilla¡".

Y ella les responde: "Corazones, es que se encuentra a 6 070 millones de kilómetros, y tenemos que registrar esa distancia tan grande".

Y otro niño, confundido: "¿Pero... que tienen que ver los centímetros con los millones de kilómetros?"

Le responde pacientemente: "Es que lo hacemos a escala para que vean como está configurado el sistema solar".

"Aaahh".

Sonríe, e intenta proseguir, pero es impedida por cuatro niños que han aprovechado la interrupción, para acercarse a ella y clamar su ayuda urgentemente. Mientras tanto, echo una ojeada al saloncito. Los mosaicos rojos del piso están empañados por una ligera capa de polvo que se mete del patio sin pavimento. Las paredes de ladrillos desnudos están cubiertas por mapas de la República, conjugaciones del verbo y operaciones matemáticas. Los niños se sientan en destartalados mesabancos de dos personas. La silla de la maestra está algo desvencijada. El único asiento decente es en el que me encuentro ahora. Sospecho que esa silla se encuentra aquí únicamente por bondad suya, pues desentona totalmente con el conjunto.

La maestra Luz no se está quieta. Anda de aquí para allá contestando preguntas y corrigiendo errores. Su largo vestido hace que se vea más pequeña y rechoncha de lo que es en realidad. Sonríe todo el tiempo y en sus redondas mejillas se dibujan dos hoyuelos.

Cuando se expresa mueve exageradamente las manos, como para darle a sus palabras un sentido más amplio.

Finalmente, vuelve a la mesita, y proseguimos:

- ¿Qué me dices de la educación estatal en el país?

- Se encuentra en un nivel bajo, porque así conviene a los intereses del gobierno. Ya sabes que un pueblo ignorante es un pueblo fácil de ser manejado. La educación tiene diversas carencias (los edificios, medios de actualización, nuestro material), Ve a tu alrededor, sólo tienes que hacerlo.

Obedezco y continúa: "Pero si quisiera, daría más dinero, más gente eficaz. Por ejemplo, los cursos de capacitación no sirven para nada. Es siempre lo mismo: repetitivo, sin iniciativa ni creatividad".

El papel del maestro en esta difícil situación es claro para ella: "Debemos buscar superación académica, buscar nuestra solvencia económica, por medio de peticiones, demandas, sindicatos, que se yo. Aunque en nuestro sindicato hay gente corrupta (entorna los ojos), reconozco que si bien es malo Miguel, es más malo sin él".

En cuanto a la superación académica, ella estudia actualmente en la UPN (Universidad Pedagógica Nacional). Se emociona al hablar sobre el tema "Debería estudiarla todos los maestros. Hasta ahora sé lo que es de veras una universidad. La mayoría de nosotros no sabe lo que es una universidad. Aunque lo que enseñamos a nivel primaria sea relativamente fácil, ¿Qué haces si un niño te pregunta algún dato difícil? ¿Contestarle con decirle ‘búscalo en la enciclopedia’? ¡Claro que no! En la Normal los conocimientos son muy pobres, ni siquiera te enseñan a redactar un texto".

Después de dar por sentada la pobreza educativa y económica en que se encuentra inmersa, cambiamos el tema.

- ¿Tiene usted alguna ideología política?

- Aunque ya sea algo obsoleto el pasado de la moda, yo sigo siendo socialista de corazón. Aunque no sigo los preceptos del señor Marx al pie de la letra, porque soy muy católica. (Ríe). Indiscutiblemente, los medios de producción y toda la educación debe estar al servicio del pueblo, sin distinción alguna. La idea de que todo ser humano viva dignamente, que la riqueza esté repartida equivalentemente, donde cada cual esté en el puesto que ayude al engrandecimiento del país... es para mí, lo máximo. Espero que me entiendas.

- Claro que sí, y ahora dígame ¿tiene familia?

- Oh, sí. Mi familia es muy numerosa. Parecemos conejos. Pero familia personal, sólo tengo a mi esposo. Tu sabes, siempre quise tener niños, pero no se pudo. Tal vez esa sea la razón de mi amor por los niños. (Mira a sus alumnos largamente, después me mira a mí y sonríe). Los veo como si fueran mis propios hijos.

Como un verdadero maestro: un segundo padre para sus hijos.

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