Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación

No. 2-3

(doble)

SECCIÓN

páginas

de la 37 a la 41 de 76

... el rollo

Guadalajara, México - Enero-junio de 1993

Principal | Índice


Las dimensiones de la formación vocacional

Alejandro Rodríguez García*

* Coordinador de Gabinete en la Dirección de Psicopedagogía de la Secretaría de Educación Jalisco.

El trabajo es una de las actividades de mayor significación en la vida adulta. Las personas dedican gran parte del tiempo al trabajo y con el obtienen o intentan obtener una serie de satisfacciones personales y materiales. Sin embargo, sus afectos no son siempre positivos, en ocasiones el trabajo se convierte en causa de tensión, conflicto personal y fuertes antagonismos sociales. Ante estos hechos de gran trascendencia, se justifica plenamente estudiar los elementos y factores determinantes de la formación vocacional de los hombres y mujeres de hoy.

Este interés no puede reducirse exclusivamente a mejorar el nivel de competencia laboral, ni a ajustar las características de los individuos al trabajo, o viceversa, sino a comprender la evolución de la compleja formación vocacional de los seres humanos, que se manifiesta en el desempeño ocupacional y en la secuencia de decisiones que van configurando su carrera vocacional.

Las carreras vocacionales no sólo tienen una relevancia personal, tienden además un impacto social determinado. El recurso más preciado de una sociedad es el recurso humano. La optimización en el empleo de este recurso podrá mejorar la calidad de vida en una comunidad. Pero, no por ello nos debemos limitar a diseñar estrategias de alta selección de individuos para que aquellos más capaces logren su pleno desarrollo. Más bien pensemos en distribuir de tal modo las tareas para que las minorías y los grupos marginados tengan acceso al mundo del trabajo.

El término formación vocacional es un constructo hipotético que se refiere a las cualidades del desempeño de un individuo en una ocupación. Es un término cuyos parámetros de evaluación se determinan convencionalmente. Las normas sociales vigentes en cada contexto, ya sea escolar o laboral, establecen los ideales de desempeño con los que se juzga una actuación determinada.

Las cualidades del desempeño se infieren de las características observables del comportamiento, son susceptibles de modificación y se adquieren gradualmente en las diferentes etapas del desarrollo de un individuo, conforme éste es expuesto a condiciones ante las cuales debe realizar tareas determinadas.

El trabajo es un fenómeno social que tiene claras repercusiones sociales y puede ser estudiado a la luz de diferentes disciplinas, es un objeto de estudio multidisciplinario. Las contribuciones de la psicología en torno a este tema pueden ubicarse dentro de tres grandes líneas de investigación: a). La elaboración de modelos teóricos y marcos de referencia conceptuales que permitan una mayor comprensión de la formación vocacional; b). La elaboración de instrumentos de evaluación que permitan identificar y medir las variables relevantes en la formación vocacional de los individuos, que hagan posible su contrastación empírica; c). La elaboración de programas de acción que permitan una evaluación de sus efectos sobre la formación vocacional.

En el desempeño de toda ocupación, tanto en contextos escolares como laborales, está presente la formación vocacional. Las personas desempeñamos actividades programadas y específicas y la forma en que realizamos esas actividades indicará precisamente si contamos o no con una sólida formación vocacional.

Super(1) afirma que las personas que tienen una sólida formación vocacional se enfrentan con tareas apropiadas a la etapa de su vida de modo que logran obtener los resultados deseados con mayor probabilidad. En este sentido, la formación vocacional no se limita a la elección de una carrera universitaria o técnica. Aún en un contexto familiar puede aplicarse el concepto, aunque con un sentido más amplio, puesto que las actividades requeridas en el hogar difieren notablemente en sus criterios de ejecución e implicaciones socioafectivas.

En contextos escolares la formación vocacional es presumiblemente la variable más importante en el logro de un desempeño académico positivo, entendido éste no sólo como la obtención de buenas calificaciones sino como el logro de un desempeño íntegro, que incluye interacciones sociales diversas, actitudes, disposiciones, valores morales y conocimiento científico.

Autores como Castaño López(2) se refieren a la relación que existe entre la formación vocacional y el desempeño académico con otros términos, afirma que el estudio último de su proyecto de vida determina rendimiento académico de los individuos e influye en su grado de adaptación y satisfacción escolar.

La formación vocacional se inicia en el contexto familiar en la medida en que dicho ambiente fortalece cierto sistema de valores y costumbres. En algunos ambientes familiares los jóvenes no consideran dentro de sus prioridades la toma de decisión vocacional y esperan que, a su tiempo, actúen las contingencias y disposiciones del sistema familiar. Valorando la importancia que tiene su intervención, los padres de familia deberían adoptar una postura definida en lo concerniente a la distribución de recursos económicos para la formación educativa de sus hijos y también respecto al mantenimiento del desempeño escolar de sus hijos en un nivel aceptable, que les permita ser promovidos.

Por su parte, el profesor tiene el deber de formar en sus alumnos hábitos positivos que desarrollen en ellos normas de valor, honestidad y solidaridad que fortalezcan su identidad. Esto es importante si consideramos que los medios masivos de comunicación crean de la noche a la mañana mensajes que inducen a expectativas crecientes, de manera que los jóvenes ya no se contentan con la posición social que les ha correspondido afrontar sino que pretenden adquirir un nivel de vida propio de patrones idealizados, de países económicamente más desarrollados. Esta situación es producto de la gran industria publicitaria que se desarrolla aceleradamente gracias al complejo sistema competitivo que regula.

Los valores que fomentan los medios publicitarios contribuyen a legitimar las aspiraciones y las transforma en una motivación significativa del comportamiento. Los jóvenes que se encuentran situados en los niveles más bajos de la pirámide de estratificación son quienes están más propensos a los efectos torbellino de expectativas, sobre todo por su capacidad para participar simbólicamente en contextos socioculturales que le son ajenos, pero que les permiten liberarse temporalmente de las responsabilidades de su situación vivencial concreta.

Los alumnos dan valor a su estancia en la escuela en función del logro de motivaciones inmediatas: las presiones familiares, la búsqueda de afecto y de reconocimiento. Además, como los alumnos tienen diferentes experiencias familiares varían en sus hábitos de cumplimiento de tareas, en sus relaciones afectivas y consecuentemente reaccionan de distinto modo a las exigencias de la vida escolar. Y es en la búsqueda de sus satisfacciones como van configurando su proyecto de vida, el cual se va moldeando en función de sus experiencias, expectativas, recursos disponibles y la imagen que tengan de ellos mismos.

Más adelante, al dejar la escuela, los alumnos han de adaptarse a la complejidad del mundo laboral. Para ello es necesario que, en su momento, tomen decisiones que podrán colocarlos en una situación inestable o estable, dependiendo de si al hacer la elección consideraron los factores personales y sociales más relevantes. Crites(3) considera como factores personales: las capacidades, los intereses, y el conocimiento que se tiene sobre las actividades propias de la ocupación que nos interesa.

La elección ocupacional que hace un joven no está dada de una vez por todas, es producto de un proceso en el que va seleccionando algunas alternativas al tiempo que descarta otras. Y es en el período crítico de la adolescencia cuando los escolares requieren de la ayuda de sus padres y de profesionistas especializados que los induzcan a la reflexión y les faciliten el acopio de información que sea pertinente a las circunstancias en que se encuentran.

El proceso de orientación vocacional debe comenzar en casa porque, de otra manera, cuando los alumnos reciben una orientación tardía la encuentran ajena, además de que muchas veces la información se desliga de sus condiciones y necesidades concretas, induciéndoles a tomar una decisión sin fundamentos o precipitada.

Otras variables relacionadas estrechamente con la formación vocacional son la motivación hacia el estudio y el desempeño académico, relaciones que poco se han estudiado con profundidad. En principio creo que la motivación hacia las actividades escolares es algo que los profesores promovemos o limitamos con la dinámica misma de trabajo a que acostumbramos a nuestros alumnos. El grado de dificultad, la novedad y la utilidad que tienen las actividades escolares harán que éstas sean motivantes o aversivas. Y esto debemos comprenderlo mejor para que nuestra práctica docente, en cualquier nivel, sea efectiva. Por una parte, el profesor debe solicitar a sus alumnos tareas que en cierta medida no puedan realizar y que precisamente quiere que aprendan; pero la dificultad no debe ser tan grande que convierta a la actividad en un evento aversivo que se desee evitar, ya que ello puede producir una disminución en el potencial de aprendizaje de los alumnos. Si así sucede, estaremos favoreciendo la hegemonía de sistemas motivacionales extraescolares incompatibles con un desempeño académico de calidad.

Considerando que las variables mencionadas hasta ahora son solo algunas de las que depende la formación vocacional de los individuos, es claro que los programas de orientación vocacional que se implementan en los centros educativos tendrán un menor impacto. Sin embargo, a pesar de las limitantes y de las contradicciones presentes en el medio familiar y escolar de los jóvenes, es posible llevar a cabo acciones de orientación que tengan como finalidad mejorar en aspectos específicos la formación vocacional de los alumnos.

La orientación vocacional puede entenderse como un conjunto sistemático de actividades de aprendizaje que tienen como objetivo desarrollar la formación vocacional de los individuos. En el mismo contexto escolar pueden presentarse situaciones que limitan la formación vocacional de los alumnos. Por ejemplo, cuando se imparte una asignatura sin recurrir a un libro de texto, estamos limitando a los alumnos en dos aspectos: a). Su práctica de lectura, y b). Su entusiasmo para recurrir a fuentes de información documental. Una vez terminado el curso ¿consideró el alumno que la lectura fue un medio de aprendizaje? ¿consideró valioso y útil auxiliarse de un texto? Si no fue así, creo que en cursos posteriores los alumnos tendrán menos motivación hacia el trabajo, siendo mayor la posibilidad de un bajo rendimiento académico y eventualmente de una deserción temprana.

La experiencia de los alumnos con cada uno de sus profesores es una experiencia de orientación vocacional, porque cuando los profesores establecen criterios de desempeño y de evaluación inducen a sus alumnos a un comportamiento ocupacional con ciertas características, positivas o negativas.

Describiré ahora algunas dimensiones cualitativas con las que podemos aproximarnos a una evaluación de la formación vocacional. Se trata de las dimensiones de eficiencia, de responsabilidad, de moralidad, motivacional y efectiva.

En la dimensión de eficiencia calificamos al desempeño ocupacional, en sus extremos, como eficiente o ineficiente, técnicamente se refiere a la capacidad del individuo para realizar sin error una tarea. Si una persona muestra un desempeño ineficiente, podrá mejorar su formación vocacional, en parte, si recibe un entrenamiento para realizar mejor su trabajo, más aún si se trata de un programa de capacitación, o de formación. Esta dimensión incluye: a). Las aptitudes verbales referidas al manejo de símbolos y conceptos; b). Las competencias manuales que se refieren a la coordinación visomotriz y al trabajo de precisión.

La segunda dimensión con la que podemos evaluar la formación vocacional de un individuo es la que se refiere al seguimiento de normas administrativas, que denomino dimensión de responsabilidad. En ésta se contempla el uso de procedimientos establecidos en tiempos determinados. No se limita a la adopción ingenua de normas externas e impuestas, admite la participación del individuo en el establecimiento y transformación de las normas, en función del interés colectivo. En esta dimensión se califica al desempeño ocupacional, en sus extremos, como responsable o irresponsable.

La tercera dimensión se refiere a la justificación de los medios y los fines del desempeño ocupacional. Convencionalmente se basa en los criterios morales y las prácticas de interacción dominantes. En la dimensión de moralidad, que permite tipificar a un desempeño ocupacional, en sus extremos, como honesto o corrupto. Los alumnos muestra su formación vocacional al resolver una prueba, si la responden verazmente o copiando. El profesor la muestra en su desempeño cotidiano cuando dedica el tiempo de su clase a enseñar o cuando lo dedica a platicar sobre cosas superficiales sin relación con la materia que imparte.

La cuarta dimensión es la motivacional, que permite calificar al desempeño ocupacional, en sus extremos, como reforzante o aversivo; en este sentido realizar tareas propias de una ocupación tiene funciones de estímulo para cada individuo. Así, las experiencias ocupacionales, a largo plazo, incrementan o desvanecen el interés por desempeñarse mejor en una ocupación. La deserción escolar encuentra en esta dimensión una explicación concreta y es sumamente importante.

La quinta dimensión es la afectiva, es en la que los individuos muestran su capacidad para afrontar los conflictos que puedan generarse: a). En la interacción con los compañeros de ocupación, y b). Por la incompatibilidad entre los intereses personales y las características de la ocupación. Esta dimensión es eminentemente social y se manifiesta en la aptitud para interactuar afectiva y positivamente en el trabajo en equipo.

Las cinco dimensiones descritas nos permiten calificar al desempeño ocupacional en cualquier contexto y en cualquier etapa del desarrollo del ser humano. Existe, en principio, una relación directa entre la formación vocacional y el tipo de desempeño observado en una persona al realizar las tareas de una ocupación en un contexto específico. Una aproximación en la evaluación de la formación vocacional debe permitirnos predecir, en cierta medida, el desempeño futuro de los individuos.

La formación vocacional no se limita a la cuestión de si los adolescentes tienen capacidad para determinar que estudiar o en qué trabajan. Alicia Salvador(4) considera que es parte de la formación integral de los individuos y que está presente a lo largo de todos los niveles educativos y de trabajo.

Es claro que a lo largo de la vida de cada individuo existen ciertos agentes sociales que, sin tener una preparación expresa para ofrecer orientación vocacional. Desde una edad temprana los niños observan el desempeño ocupacional de los adultos, aprenden cómo las personas se "ganan la vida" y el sentido que para ellos tiene el trabajo.

En sus diferentes edades se solicita a todos los miembros de una comunidad el desempeño de una ocupación. Las prácticas educativas, ya sean formales o informales, esperan cierta cualidad en el desempeño del aprendiz. A nivel laboral, en cualquier tipo de empleo se espera cierta calidad en el desempeño. En ambos casos, aún con la diversidad de tareas que comprenden, se califica al desempeño en función de ciertas dimensiones constantes que indican cómo es la formación vocacional de cada persona.

La formación vocacional puede evaluarse empleando una estrategia continua mediante la observación diaria del desempeño ocupacional. A diferencia de lo anterior, la estrategia de evaluación discreta ocurre cuando se analizan las decisiones vocacionales que toman los individuos en un momento determinado de su carrera. Esta distinción es fundamental, no para enfrentar entre sí ambas estrategias de evaluación, sino para reconocer sus limitaciones y emplearlas de forma complementaria.

La sólida o endeble formación vocacional de un individuo se hace manifiesta en dos momentos: a). Su continuo desempeño ocupacional, y b). Sus elecciones vocacionales.

La teoría de Hilton(5) centra su atención en los momentos de decisión y particularmente en la información que se proporciona a los individuos para que se proporciona a los individuos para que sus elecciones sean justificadas y certeras, pero olvida tomar en cuenta las características que hasta ese momento han mostrado en su desempeño ocupacional.

Tal vez el enfoque de teorías como esa juzgue que el desempeño cotidiano presenta una variabilidad tal, que resulta difícil establecer alguna tendencia clara en el comportamiento. Pero, no podemos aceptar que en una toma de decisión vocacional se haga a un lado la experiencia y las capacidades desarrolladas como consecuencia de la misma. Se trata, a mi juicio, de un proceso global y continuo.

El desempeño ocupacional cotidiano de los escolares ofrece elementos valiosos para comprender la estabilidad de una decisión vocacional. Probablemente esta distinción entre desempeño cotidiano y elección vocacional sea lo que produce la creencia de que orientación vocacional es algo ajeno o impuesto a los alumnos. Si tanto el desempeño como las elecciones se consideran hechos independientes uno de otro, hacemos una ruptura en la comprensión integral de la formación vocacional.

Además, es de suponer que un desempeño ocupacional relativamente positivo favorecerá una toma de decisiones apropiada. Sin embargo, el desempeño ocupacional relativamente positivo favorecerá una toma de decisiones apropiada. Sin embargo, el desempeño ocupacional es dinámico, debe ajustarse al contexto, a las condiciones externas, y en algunos casos sobreponerse a ellas precisamente mediante una elección oportuna y justificada.

Desde la perspectiva de algunas teorías de la elección vocacional, como la Jordaan,(6) se reconoce una secuencia de etapas en la carrera vocacional.

Las etapas suponen que la elección es un proceso gradual e irreversible y dichas teorías formulan una serie de rasgos y factores con los cuales caracterizan la carrera vocacional. De esta manera, la continuidad más que referirla al desempeño se dirige hacia la formulación de constructos hipotéticos que pretenden explicar el desarrollo vocacional en términos de la estructura de necesidades del individuo.

Estas teorías postulan que las elecciones prevocacionales y vocacionales dan forma a un proceso hipotético predecible al que denominan "patrones de carrera". Por ejemplo, la teoría de Holland(7) asume que, en el momento de la elección, interactúa la personalidad del individuo con un conjunto de fuerzas sociales, culturales y del ambiente.

Holland propone tipificar los ambientes ocupacionales y los estilos de vida de los individuos con objeto de determinar la tendencia dominante en ellos y evaluar la correspondencia que pudiera tener. El modelo hace uso del concepto de consistencia para referirse a las variaciones de intereses en cada individuo. Y el concepto de homogeneidad lo refiere al grado de definición de cada tipo, ocupacional o individual. Una hipótesis central en esta teoría es que los individuos eligen el campo ocupacional consiste con su orientación personal.

Otra hipótesis es que a mayor congruencia del patrón más estabilidad en la elección.

Si ahondamos más en los conceptos que subyacen a los modelos que suponen etapas de desarrollo vocacional, encontraremos que dejan un amplio margen de consideración a las contingencias ambientales, ya sean culturales o socioeconómicas.

La mayor parte de los inventarios vocacionales, aún los diseñados en el marco de las teorías de las etapas, emplean una estrategia de evaluación discreta. La misma que se utiliza en la evaluación de los aspirantes de primer ingreso en secundaria y preparatoria. Este tipo de evaluación es de uso común debido a su bajo costo de aplicación y a la simplificación que hace de los procesos de selección. Pero es necesario señalar que: a). No existe realmente un acuerdo justificado respecto a qué evaluar en los aspirantes; b). No existen programas diseñados para nivelar aquellos alumnos que hayan obtenido un puntaje bajo, y c). Los resultados que describen la condición de ingreso de los alumnos no se analizan con objeto de aproximarnos a una explicación sobre los determinantes de los mismos.

Lo anterior nos coloca necesariamente en una posición comprometida, especialmente si laboramos en un contexto escolar. ¿Cómo es posible que en cierto nivel educativo se continúe con una práctica de enseñanza que no les asegure a los alumnos continuar al siguiente nivel?

No es un problema administrativo que se supere con la disposición del pase automático. Se trata de un problema en la formación de los alumnos que, de ser reconocido, obliga a mejorar las prácticas de enseñanza en todos los niveles.

Esta aproximación, centrada más en la evolución de la formación vocacional de los alumnos que en las elecciones vocacionales, tiene como objetivo analizar los factores que producen dificultades y crisis en el desempeño ocupacional en individuos de cualquier edad. No se limita a planear los insumos de información que requieren los individuos para tomar decisiones vocacionales.

Para concluir señalaré algunos puntos que considero son importantes: a). La formación vocacional puede ser un eje alrededor del cual la práctica psicopedagógica puede definir propósitos, establecer estrategias, y vincularse con las exigencias de la vida cotidiana de los individuos; b). La psicología debe seguir construyendo teórica y prácticamente en el estudio de la formación vocacional; c). La formación vocacional es un proceso continuo que no debemos reducir a momentos de decisión vocacional. Y se manifiesta en el desempeño ocupacional diario; d). Todas las interacciones sociales, formales e informales, tienen un efecto de diversa índole y magnitud en la formación vocacional de los individuos.

Las reflexiones que hagamos en torno a la formación vocacional nos llevarán a acciones cuya utilidad será mayor si tenemos una concepción clara sobre lo que es, sobre la importancia que tiene para un individuo y la comunidad, y sobre todo si tenemos una actitud académica de constante renovación, que evite dejar nuestras experiencias tras el cajón de un escritorio o en la memoria almacenada producto de muchos años de servicio.

 

Notas

1. Super, D. E. "Las dimensiones de la madurez vocacional", en: Revolución de Psicología General y Aplicada. 1977. p. 23, 149, 1067-1076.

2. Castaño López Mesas, C. Psicología y Orientación Vocacional. (Un enfoque interactivo). Marova. Madrid, 1983.

3. Crites, J. O. Psicología Vocacional. Paidós. Buenos Aires, 1974.

4. Salvador, A. "Dimensiones psicológicas y sociales relacionadas con la madurez vocacional", en: Revista de Psicología y Pedagogía Aplicadas. (No. 15, 1984). pp. 11-39.

5. Hilton, T. L. "Career decisión-marking", en: Journal of counsil Psychology. (No. 9, 1962). pp. 291-298.

6. Jordaan, J. P. "Life stages as organizing modes of career development". Teacher´s College Press. New York, 1974.

7. Holland, J. L. La elección vocacional. Teoría de las carreteras. Edit. Trillas, México, 1978.

Principal | Índice