Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación

No. 2-3

(doble)

SECCIÓN

páginas

de la 65 a la 66 de 76

... el recreo

Guadalajara, México - Enero-junio de 1993

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Flores como tumbas

Erika Ramírez Díez

1

Bastante tengo ya

con mirarme

arrancada de la tierra,

vivir en la angustia del destierro,

para aceptar la muerte fresca

por racimos

 

No quiero flores

 

Ninguna sed alcanzaría

–construirles su lluvia,

conseguirles sol y sombras,

inventar la tierra–

para domar el ruido de su muerte

 

A presenciar exterminio

no respondo

 

Nunca su muerta haría

enamorarme

 

No rajaría memorias de raíces

No olvidaría los huecos de su polvo

 

¿Quién soy yo

para enterrar su vida?

 

¿Acaso soy la tierra revivida?

 

Por cada flor un ojo

de la muerte

asomaría a mi vida

Desflorada

 

"Gran Vía":

alguien me robó una rosa

recién regalada

 

2

Él seguro supo

que ser testigo

de la muerte más hermosa de la vida

deshojaría de hojas mis palabras

 

Quiso ahuyentarme otra vez la muerte

y descansarla en paz en otra tierra

 

Llegó y sustrajo

el clavo de ataúd que cada día

la vida funeraria me construye

 

Soy joven

 

La rosa que vino y se llevaron

alcanzó a quitarme

algunos años de éstos

tan antiguos

 

3

No fue el diamante más grande

No fueron restos del tesoro de Moctezuma

Tampoco el Picasso más Picasso

No fue el rincón más mío de mí misma

 

Fue una rosa

fresca, enceguecedora, iridiscente

la que se atrevió a merecer

quien liberó de las cortinas la luz entera

y se robó la muerte de su vida

 

4

Cómo fue que empezamos

a aceptar flores como tumbas

mentiras como flores

vidas como intentos

 

Desde dónde nos creció el cabello

las pestañas, las uñas,

los tacones

los hijos

el silencio

 

Cuándo se nos fue instalando el sueño

se nos llenó la hoja de palabras huérfanas

 

Cuántos ojos entrecerrados cabrán en la memoria

 

Qué muerte desenhebró nuestras palabras

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