Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación

No. 2-3

(doble)

SECCIÓN

páginas

de la 42 a la 44 de 76

... el rollo

Guadalajara, México - Enero-junio de 1993

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La educación secundaria: ejercicio de poderes

Susana Macías Comparán*

* Docente de la Escuela Superior de Jalisco (ensj).

Es necesario que las cosas cambien para que todo siga igual.

La escuela secundaria es el nivel superior de la educación básica, o bien, la parte inferior de la educación media; para cursar este nivel, es necesario cursar tres años de estudio, a este asiste educando de edades que oscilan entre los doce y los quince años. Se trabaja por áreas de estudio o por asignaturas, mismas que son atendidas por distintos maestros. El presente trabajo, intenta el análisis de la situación por la que atraviesa la educación secundaria en nuestro medio; parto del abordaje de algunos de sus componentes tales como: diseño curricular, supervisión escolar, dirección administrativa, docentes, gabinete psicopedagógico, prefectura y educandos. Enfatizo la cuestión de noción y práctica del poder en todas las formas que este adopta dependiendo de los niveles en que se ejerza. La noción de poder se entenderá en dos sentidos: como forma de dominación y de ejercicio hegemónico (Gramsci), que en el terreno de la educación ha sido trabajado en "educación y clases subalternas" por Elsie Rockwell y como una forma particular y una forma especifica en donde se establece el control y la dominación (M. Foucault). A partir de la elaboración del discurso oficial la escuela secundaria puede entenderse como: "una institución de educación media encargada de formar y de educar armónica integralmente a los individuos" (Artículo 3o. Constitucional). La educación secundaria a diferencia de lo que sucede en primaria y preescolar tiene como una especificidad con respecto a la práctica educativa y por lo tanto el ejercicio del poder. En ella contenidos, práctica educativa, como toda la articulación de su cotidianeidad; tienden a reproducir las relaciones sociales de producción, aunque esta búsqueda reproductora o reproductivista no se consiga fielmente por contradicciones estructurales (Bourdieu), o por intereses y expectativas de clase encontradas en su seno. Otra de las búsquedas en la educación secundaria -educativa o metaeducativa-, es el consenso y la legitimidad a través del uso de la coerción (Gramsci) o de la utilización de la llamada violencia simbólica (Bourdieu). La articulación de los contenidos y el establecimiento del diseño curricular en la secundaria -por áreas o por asignaturas-, es la culminación del entrecruzamiento de una práctica educativa, producto de concepciones políticas y pedagógicas. Curricularmente tanto el diseño de áreas como de asignaturas materializados en el plan de estudios, en programas de grado y materia , y en los objetivos terminales evidencian una desarticulación intencionada del conocimiento, en la perspectiva de fragmentar, distorsionar o ideologizar el estudio y el análisis de la realidad (Bachelard, Althusser).

Los contenidos educativos se cursan en las diversas materias de la escuela secundaria, que tienen un espacio de tiempo y un conductor diferente por cada una de ellas, hacen que el conocimiento se perciba por el docente y el estudiante de una manera ideologizada, a entender esta como las partes de un todo, que solo adquieren sentido en su totalidad, si no como elementos ajenos unos a otros. Esta concepción del conocimiento repercute en la concepción que de la realidad misma se tenga en el como esta realidad es asumida.

El maestro, por su parte "habla de su materia" y presiona al alumno a que entienda la importancia de ésta por sobre todas la demás como si dicha materia pudiese existir a pesar de la inexistencia de las otras; de esta forma el manejo de los contenidos se limita a la transmisión irreflexiva e incuestionable de datos aislados de otra áreas del conocimiento. Por su parte los alumnos tienen que adaptarse no para aprender o para saber más y mejor sino para cumplir con las normas, quedar bien con los maestros y responder satisfactoriamente a los requerimientos de la institución . en ésta una de las más burdas manifestaciones del poder , puesta en práctica desde el diseño curricular utilizado éste como el instrumento de conservación y dominio -desde el ámbito educativo- de las estructuras de poder. El joven adolescente que cursa la secundaria lo hace teniendo que aparear la cuestión del estudio y de la normatividad que surge de la institución, con una serie de conflictos, tales como la pérdida de identidad (Erikson) al pasar por una parte de las etapas más criticas del desarrollo humano: la adolescencia. El joven adolescente está en la transición y el despegue para terminar de construir su personalidad individual y en términos sociales, de convertirse en ciudadano. Desde la lógica del poder, existe un especial interés implícito (ocultado); de que los jóvenes adolescentes, internalicen a través de acciones comunicativas (Habermas), los contenidos, los códigos, que legitimen las instancias y los aparatos hegemónicos que comandan nuestra sociedad. En la escuela secundaria tanto la práctica educativa como los contenidos estudiados, tienen como estrategia la de normativizar, estandarizar y propagandizar, aquellos principios, normas, códigos y valores, que beneficien y legitimen los intereses de la clase social y del poder.

Pero visto desde una perspectiva microfísica , el ejercicio del poder en secundaria, se establece a través de la práctica y la cotidianeidad que se va elaborando. La cotidianeidad de la labor educativa en secundaria es convertir y entender como normal, toda la serie de eventos y actitudes que ahí se realizan (A. Heller) sin reflexionarlo s a profundidad y menos cuestionarlos. Cada una de las prácticas, de las actitudes, de los roles y de las tareas que les toca asumir o cumplir a todo el personal que integra la escuela secundaria: el inspector, el director, el subdirector, los maestros, los profesores, y hasta los intendentes, hasta llegar a los alumnos como el eslabón mas débil de esta compleja trama socioeducativa, tienen una especificidad en cuanto al ejercicio del poder, la definición y delimitación de funciones, es también y en última instancia una demarcación y un reparto para ejercer el poder. Por encima de los estilos personales de poder o de las supuestas creencias o autodefiniciones democráticas marcadas más por el deseo que por la realidad; la práctica cotidiana de la escuela secundaria, está determinada por la antidemocracia, resultado de un esquema piramidal, reflejo de la estructura social dentro de la cual vivimos. La práctica educativa de la escuela secundaria, la que se realiza tanto dentro como fuera del aula, también es una práctica en donde el saber, el aprender y el formarse, son nociones que pasan a un segundo plano, o que pierden su significado al quedar contenidas en las nociones del control, normatividad y adaptación, como forma de permanecer, de vigilar, y de seleccionar socioeducativamente, a los que por su forma de comportarse son considerados los mejores. El poder en secundaria, tienen prácticas muy propias, muy originales que son mostradas como únicas, en relación con otras formas de poder y dominación; según la jerarquía que se tenga, es la función y la cuota de poder con que se cuenta, dentro del funcionamiento global cotidiano de la institución. El supervisor, por ejemplo, cumple la función de correa, de comunicación entre la normatividad de la SEP y el centro escolar. Siendo este un trabajador más con pertenencia a la instancia sindical, que aglutina a todos los trabajadores de la educación (SNTE), desempeña el doble y contradictorio papel de velar los intereses del patrón, aún cuando estos intereses se confronten con los de aquellos que son compañeros del gremio y, en consecuencia, ejerciendo arbitrariamente el poder hasta en contra de si mismo. El director de la escuela; es el personaje donde se manifiesta con mayor claridad, la arbitrariedad del ejercicio del poder. Este concibe la institución como un espacio que le pertenece, dentro del cuál su criterio es el valedero para determinar el manejo y dirección del centro escolar. Es frecuente escuchar en el director, expresiones como esta: "este es mi barco y al que no le guste que se baje"; la frase anterior da muestra de la errada idea que los directivos tienen acerca del espacio escolar, espacio que al ser considerado como propiedad privada, se torna en el ámbito de decisiones regidas con un criterio individualista que no siempre es el mas acertado, que impregna toda decisión de la subjetividad de aquel que se cree el propietario del centro escolar. De esta manera se utiliza todos los medios a su alcance: horario, comisiones, trabajos, etc., para gratificar aquellos que aunque no necesariamente por convencimiento -yo diría mas bien por servilismo-, se mantienen de acuerdo con todo lo que la dirección emane; o bien para remitir o presionar a aquellos que adopten una posición reflexiva y crítica ante el trabajo escolar, difieren de los planteamientos de la dirección. Esto es solo una mínima muestra de la injusta práctica del poder. Podríamos hablar de las relaciones entre dirección-alumnos, dirección-padres de familia, dirección-personal de apoyo etc., y en todas ellas encontraríamos manifestaciones arbitrarias del poder. El maestro de grupo es el personaje blanco directo de agresiones resultantes del nefasto ejercicio del poder. Así se ve agredido por la sociedad, que ha devaluado su papel colocándole en el sitio de un trabajador mas llámese éste carpintero, albañil, contador, etc., y negando así todo el esfuerzo que implica el trabajo con material humano y el desgaste que dicho trabajo representa al maestro, pues en él se involucra la parte afectiva que para todo ser humano representa un factor de peso. El espacio de su trabajo, el centro escolar el maestro recibe agresiones, que parte de la intransigencia de las autoridades, viéndose obligado a someterse a planes, programas, horarios, comisiones, etc., en donde no importa su parecer o decisión mas bien su disposición para acatar de manera incondicional tales disposiciones; esta misma actitud tiene que ser asumida ante otras figuras de poder: SEP, SNTE, etc. Las consecuencias de estas circunstancias generan en el maestro la impotencia, la rabia contenida, el enojo, la frustración y, lo que es peor la reproducción de las formas del poder que sobre el se ejercen en el único espacio en él siente de su propiedad: el salón de escuelas; siendo el alumno el que finalmente sufre en una máxima expresión la nefasta consecuencia de un poder mal entendido. El prefecto viene siendo el brazo ejecutor de las disposiciones normativas, cuida el orden, vigila el cumplimiento de llegadas puntuales, presentación impecable, corte de cabello etc. En fin, este es el cuidador de la forma, de la apariencia, sus formas policíacas son motivo de temor y de burla por parte de los jóvenes. El gabinete psicopedagógico o la supuesta instancia de orientación educativa, es la parte moral y superyoica de la escuela, en donde al estudiante se le llamará la atención pasando por fuertes "reprimendas" y por constantes invitaciones al cumplimiento, al respeto, al deber. Esta instancia en la escuela secundaria viene siendo una especie de "policía sofisticada" o Santa Inquisición de la escuela, aquí se decide a quién se castiga y a quién se premia y, sobre todo, aquí se les recuerda a todos -sobre todo a los alumnos- que el poder no se cuestiona. Lo dije antes, el estudiante es el eslabón mas débil en toda esta cadena del poder; sin embargo, podría ser mas fuerte, si en lugar de aprender a ser dominado aprende a encontrar a descubrir, los hilos de la dominación que hoy atan y enreden su conciencia; así y solo así, podríamos dar un giro radical al epígrafe que da inicio a este trabajo, para que en su lugar se pudiese escribir, "es necesario que las cosas cambien, para que todo cambie, para que nada siga igual".

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