Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación

No. 2-3

(doble)

SECCIÓN

páginas

de la 74 a la 74 de 76

documentos

Guadalajara, México - Enero-junio de 1993

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Mensaje del profesor Jorge Alberto Hernández Castillón, Secretario General de la Sección 47 del SNTE al inicio del año escolar 1993-1994

Compañeras y compañeros:

Al inicio de este año escolar y con él estas jornadas de trabajo, demuestran una vez más que se cuenta con su voluntad y dedicación; ya que siempre que se les convoca a cambios, a prepararse, a realizar los esfuerzos que la sociedad requiere para mejorar la educación, están presentes los maestros de Jalisco.

Debemos reconocer que, en algunas ocasiones, ese esfuerzo puesto en juego no logra la respuesta esperada. El entusiasmo se desvanece cuando al final del camino otra vez todo vuelve a la misma rutina; se presentan los mismos problemas o incluso surgen nuevos. Se produce con ello un desánimo, una desilusión al no cristalizar una auténtica mejora tanto en el ámbito educativo donde se desenvuelven, como en su condición particular de trabajadores.

En este sentido, lo que más nos preocupa es que se procese en cada uno de nosotros la noción de que este Programa de Modernización Educativa sea simplemente una jornada más de las tantas que son programadas por el Sector Educativo.

Es por estos motivos que quiero aprovechar esta oportunidad para expresar algunas consideraciones necesarias a partir de esta problemática que se nos presenta; lo hago plenamente convencido de que es ésta una coyuntura que no puede ser desaprovechada. Que a partir del Acuerdo Nacional para la Modernización de la Educación Básica, se han desplegado una serie de acciones importantes para la vida educativa nacional que no sólo no debemos soslayar, sino que es nuestra responsabilidad influir en su naturaleza y derrotero. La Carrera Magisterial, la Nueva Ley General de Educación, la Federalización de la Educación Pública y el Programa de Actualización Magisterial, constituyen la reforma más importante que jamás la educación y el magisterio nacional habían resentido, cuando ‘menos en este siglo; y esto lo digo con la más absoluta convicción, pues estoy plenamente cierto de ello. Y cuando me refiero a la convicción de mis aseveraciones, es porque lo hago invocando una necesaria e imprescindible visión propositiva, pero también rigurosamente crítica de lo que a mi juicio tiene en pro y en contra la Modernización Educativa.

En primer lugar quisiera expresar que la Reforma Educativa aludida, ni es un modelo acabado y perfectamente claro para el maestro, ni fue concebido exclusivamente conforme a los lineamientos institucionales. Es un proyecto perfectible, lleno de contradicciones y lagunas, pero que en su espíritu y en gran parte de sus contenidos programáticos es verdaderamente avanzado; mejorarlo y ampliarlo para beneficio de la niñez y los maestros de México, sólo será posible a través de la voluntad organizada de todos nosotros.

Cuando refiero que la reforma no es de tutoría exclusiva de la Secretaría de Educación Pública, estoy reivindicando la perseverante insistencia constructiva de los maestros, quienes permanentemente están proponiendo cambios educativos en la forma y en el fondo.

Por ello, en gran parte, la Reforma es de ustedes; ahí están plasmadas, en alta proporción, las necesidades y sugerencias en tomo a la práctica educativa y sus apoyos metodológicos y didácticos, sobre el modelo escolar en su conjunto y sus condiciones y expectativas profesionales.

No quiero con lo anterior sugerir que el Estado mexicano, ha estado al margen de la Reforma, sino por el contrario, es importante reconocer que el presidente Salinas de Gortari, tuvo la sensibilidad suficiente para concebir un proyecto que recoge en mucho los propósitos y criterios de los maestros de México.

Que esta Reforma Educativa no cumple con muchas de las expectativas profesionales de los maestros, o que existe una organización deficiente y en muchas ocasiones desarticuladas del proceso llevado hasta ahora, es cierto. Que se manifiestan justificados reclamos de maestros y padres de familia sobre la forma y los contenidos de los Programas de Actualización, de los multiplicadores y de la actitud, en ocasiones, inamovible de directivos y funcionarios sobre toda esta Reforma; que existieron injusticias respecto a los resultados escalafonarios y salariales de la Carrera Magisterial; que sigue subsistiendo una estructura escolar anacrónico y sujeta a costumbres burocráticas arraigadas y una cultura de la simulación y de la ley del mínimo esfuerzo; sí. Tal vez mucho de esto exista, pero hay que tomar en cuenta que la Reforma apenas empieza y que, además, al ser sus propósitos ambiciosos, son por lo tanto difíciles de alcanzar; por lo que es problemático lograr una consecución idónea y perfectamente coherente de manera instantánea.

Lo más importante de todo es que exista la voluntad inquebrantable de los profesores; porque han sido, son y serán los factores de cambio.

El saldo hasta este momento, a pesar de todas las vicisitudes, problemas y limitaciones es alentador, y es así, porque están siendo otra vez los maestros los principales protagonistas de toda esta trama reformadora. Ustedes deben edificar su porvenir, sin ustedes nada es posible transformar; con ustedes el futuro de la educación pública en México es promisorio.

Gracias.

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