Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación

No. 2-3

(doble)

SECCIÓN

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de la 11 a la 12 de 76

... nosotros los profes

Guadalajara, México - Enero-junio de 1993

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Modernización educativa: ¿optimismo o escepticismo?

José Luis Gómez Chávez*

* Secretario de Trabajo y Conflictos de Nivel Primaria de la Sección 47 del SNTE.

A propósito de la modernización de la sociedad mexicana y partiendo desde luego del hecho irrefutable de que sólo se puede lograr adecuando la educación a los tiempos actuales que vivimos; esto es, en pocas palabras la modernización educativa.

Para nadie es desconocido que la educación es eje fundamental de las transformaciones sociales, por ello resulta muy saludable, desde cualquier perspectiva, observar y analizar a contraluz de los últimos acontecimientos, vertiginosos por cierto, cuales han sido sus efectos entre el magisterio y ante la sociedad en su conjunto.

Según algunas teorías sociológicas, el hombre, tanto individual como colectivamente, tiene una tendencia natural, espontánea a resistirse a los cambios, a las innovaciones y no lo hace porque se oponga a la obtención de mejores formas de vida, sino más bien por temor, por incertidumbre y muchas veces por inseguridad ante lo supuestamente desconocido.

Quizá sea la principal razón para que exista una legión de escépticos, de críticos y detractores del proceso de modernización educativa en el que nos encontramos inmersos.

Afortunadamente es mayor el número de aquellos que con optimismo mesurado creemos que las posibilidades de éxito en la tarea modernizadora, con el concurso de todos saldrá avante para beneficio de México y de los mexicanos.

En este marco contextual, es necesario un análisis profundo acerca de la educación, con la frialdad que esto requiere, pero sin despojarlo de la calidez humana de quienes en ella estamos involucrados.

Partimos de que la modernización educativa no es, o mejor dicho, no debe ser una moda sexenal, un invento o capricho de alguien, o simplemente un lujo que nos queremos otorgar; de que es, en realidad una necesidad, urgente además, que debemos satisfacer, pues de otra forma estaríamos destinados al atraso, el anquilosamiento y a sus naturales consecuencias de sojuzgamiento y mayor dependencia.

De este análisis surgen espontáneamente algunas cuestiones:

  • ¿Terminará o continuará este afán modernizador al margen de procesos político-electorales, de situaciones financieras o presupuestales tanto internas como externas?

  • ¿No se estará forzando la evolución normal que debe seguir todo proceso social, saturando y hasta congestionando de información, de obligaciones y tareas diversas a los protagonistas de la educación, principalmente a los maestros?

  • ¿No se estará confundiendo el concepto de urgencia y apresuramiento con el de precipitación?

  • ¿Con lo anterior, no se estará generando entre los maestros una mayor actitud de escepticismo ante los cambios propuestos y con ello alentar la falta de credibilidad?

  • ¿En realidad se buscará la sistematización constante y permanente de los objetivos de la modernización educativa?

  • ¿Realmente se alcanzará el reconocimiento social y el salario profesional para el maestro, actor principal en el proceso educativo?

  • ¿Verdaderamente estaremos dispuestos todos a romper inercias y abandonar el inmovilismo para abrirle paso a la innovación y la creatividad, para así poder impulsar cambios y transformaciones que por su profundidad marquen nuevos derroteros en la educación?

Obviamente cada uno de nosotros tiene sus propias opiniones, pero en un sencillo ejercicio de reflexión analicemos en secuencia cronológica los hechos y acciones que hemos vivido en los últimos meses:

  • Firma del Acuerdo Nacional para la Modernización de la Educación Básica (ANMEB), el 18 de mayo de 1992.

  • Curso del PEAM (Programa Emergente de Actualización del Magisterio) en el mes de agosto de 1992. (Existe una opinión generalizada de que hubo deficiencias en su desarrollo).

  • Firma del Acuerdo Estatal, el día 29 de noviembre de 1993.

  • Acuerdo final sobre normatividad y lineamientos generales de Carrera Magisterial, el día 14 de enero de 1993. (Hubo rumores y distorsiones en la información).

  • Proceso de tramitación y exámenes para el ingreso a Carrera Magisterial (febrero a julio de 1993. Analicemos techo financiero, operatividad, etc.).

Cada uno de los puntos mencionados requiere obligadamente un análisis exhaustivo que en este espacio resulta sumamente difícil establecer, por eso destacamos con insistencia que este alud de hechos como se han presentado, implican el riesgo que conlleva todo proceso, más aún cuando hablamos de la educación, si se realiza como tal, parece a contracorriente y a marchas forzadas contra el tiempo.

La educación no se modernizará por el decreto, tampoco en un espacio de tiempo tan reducido, desde luego entendemos que lo realizado hasta ahora es sólo el inicio de una gran tarea que implica constancia, corresponsabilidad, actitudes nuevas, perseverancia, concientización y sobre todo, reiteramos, esfuerzo conjunto, permanente, organizado y sistemático.

Si estamos despertando a la conciencia del pueblo mexicano en la búsqueda de calidad y la excelencia educativa, desleal sería truncar sus aspiraciones y expectativas.

Ojalá que la modernización educativa no concluya con el período gubernamental.

Los padres de familia, los maestros, la sociedad entera reclaman una mejor educación. Obligado y legítimo es cualquier esfuerzo que hagamos en la consecución de tan alto y noble propósito.

Finalmente consideramos que en este sentido los maestros en su generalidad están cumpliendo y con optimismo han aceptado el gran reto de la modernización educativa, para comprobarlo basta con ver el esfuerzo por superarse profesionalmente que los maestros realizan, asistiendo a las instituciones formadoras de docentes como la Escuela Normal Superior de Jalisco (ENSJ), la de Especialidades (ENSEJ), las Unidades de la Universidad Pedagógica Nacional (UPN) en Jalisco y las demás instituciones donde se cursan posgrados.

Más aún, veamos la extraordinaria respuesta del magisterio ante la Carrera Magisterial, tema que por su complejidad analizaremos en otra oportunidad. Los maestros por su origen, por su formación humanística y profesional y por su vocación, tienen claridad en la concepción de este gran compromiso social.

Quede pues constancia de nuestro modesto reconocimiento al esfuerzo realizado por los maestros de Jalisco.

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