Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación

No. 2-3

(doble)

SECCIÓN

páginas

de la 63 a la 64 de 76

... el recreo

Guadalajara, México - Enero-junio de 1993

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La artesanía tonalteca, valoración histórica y rescate cultural

Gloria Martínez Martínez*

* Maestra de la Secundaria Técnica No. 139 en Tonalá, Jalisco.

Desde tiempos prehispánicos, los fundadores del reino de Tonallan dominaban ya algunas técnicas de la cerámica, tanto para las formas que necesitaban para el uso cotidiano, como para materializar sus creencias y deidades.

Con la llegada de los españoles, la cerámica de Tonalá sufre las primeras modificaciones: la introducción de vidriado; el uso del torno, aunque éste, a la fecha, no está muy generalizado; y la forma de las vasijas se vuelve un tanto oriental, debido a la invasión árabe en España.

Pero los primeros despojos la cerámica tonalteca los soporta durante el coloniaje, pues se cambian los ídolos propios de la cultura indígena por los "nacimientos" del cristianismo, por ejemplo, como producto de la evangelización religiosa para obtener la dominación política e ideológica.

Esta tendencia de sustitución de formas prevalece hasta la independencia, y con el triunfo criollo, se estaba muy lejos de cambiar estos esquemas; asimismo, los diferentes problemas que afronta el país hasta antes del Porfiriato no permiten valorar las formas de expresión de la cultura indígena.

El siguiente momento histórico que provocó despojos a la cultura popular fue justamente el Porfiriato, pues el interés principal en este período no sólo era retomar los modelos franceses, sino sobrevalorarlos muy por encima del arte popular e indígena.

Fueron, hasta entonces, sólo los gobiernos posrevolucionarios los interesados en promover la cultura popular, con el principal objeto de buscar la unidad en la identidad nacional a través de las artes populares, y por supuesto, sin perder de vista los beneficios que ello generara:

  • La corporativización de los alfareros.

  • La explotación comercial de las artesanías.

  • La promoción de artesanías como fuente de empleos a familias campesinas.

Estas acciones gubernamentales revolucionan grandemente la organización e incluso el concepto mismo de artesanía en México, y especialmente en Tonalá, pues lo que originalmente la caracterizó como la transformación de materia prima mediante la actividad manual, por cuenta propia y en pequeñas cantidades, sin una marcada división del trabajo se vio modificada al introducir en cierta medida la tecnología y con ello la producción en ciertas cantidades y la división en la fabricación de las piezas aunando a ello, la invasión de formas artísticas modernas a las tradicionales.

Puntualizando: al permitir la corporativización de los alfareros, estos pasan a ser objeto de fácil explotación por los comerciantes e intermediarios. Lo que facilita además la llegada de empresarios mexicanos o extranjeros que, al buscar combinar las técnicas de fabricación de cerámica europea y china con la tonalteca, crean lo que actualmente se conoce como "alta temperatura" en la que parcialmente se ve introducida la tecnología, con la utilización de los grandes hornos refractarios; el uso de moldes; la compra de materiales como pinturas, pinceles y demás instrumentos de trabajo y aún de la misma masa; los alfareros pasan a ser empleados de un patrón, pues es él quien provee los instrumentos de trabajo mientras los alfareros pasan a ser trabajadores que aportan sus conocimientos y técnicas a las formas y combinaciones que el empleador desea; todas ellas, costumbres no practicadas anteriormente en Tonalá.

Lo anterior, aunado a la especialización de familias campesinas en la actividad artesanal como fuente de empleo, ha provocado la división en el proceso de elaboración del producto; pues si bien las familias tonaltecas laboraban en talleres en los que cada uno de sus miembros podía dedicarse a realizar una etapa del proceso (como el amasado, alisado, decorado, horneado, etc.) eran capaces de hacer todo; todos y cada uno de los miembros dominan el proceso en su conjunto. En la actualidad, aunque esta forma de organización subsiste, en los talleres de alta temperatura la fabricación se divide en etapas y, por supuesto, las unidades familiares que originalmente eran ajenas a esta actividad se han especializado en alguno de los pasos del proceso, provocando que la pieza cambie de dueño aún antes de terminada; es decir, hay quien vende la arcilla, otro más la modela o moldea, quien la vende a alguien que se dedique a decorarla, quien nuevamente la revenderá.

La artesanía tonalteca ha sobrevivido a toda esta serie de modificaciones, despojos e intervenciones, gracias a que los grandes artesanos la han seguido considerando como una necesidad de expresión, que implica ingenio, talento y espiritualidad, en la que en cada vasija se queda un poco del corazón y vida del artesano y sólo de la manera más simple ha permitido su reproducción en el saber de sus descendientes: el ejemplo (que se ha opuesto a la especialización); sin más instrucción que la observación los alfareros heredaron a sus hijos la sensibilidad para manifestar en sus creaciones la composición e innovación en los trazos del paisaje, vida y cultura de Tonalá.

Aunque la reivindicación de las artesanías populares por parte de los gobiernos posrevolucionarios fue interrumpida por la "guerra cristera", fue retomada oficialmente hasta el sexenio de Lázaro Cárdenas; así, en 1954, se funda el Museo Regional de la Cerámica (Tlaquepaque, Jal.), la Casa de las Artesanías Jaliscienses en 1965, el Museo Nacional de la Cerámica y la Escuela de la Cerámica en 1985 (ambos en Tonalá, Jal.).

Sin embargo, aún cuando tanto el Museo Regional como Nacional de la Cerámica y la Casa de las Artesanías Jaliscienses fueron creadas para fomentar e impulsar la labor artesanal, puede decirse que ésta se encuentra subvaluada, es decir, no está reconocida plenamente por los jaliscienses en general, ni aún por los mismos habitantes de la llamada "Villa Alfarera". Subvaluación que se siente inclusive en los propios artesanos, en virtud de que los compradores prefieren un precio económico que una pieza de calidad suficiente. De igual modo, la participación estatal ha decaído comparativamente hablando, con las acciones que el capital privado realiza en este aspecto; la comercialización, por ejemplo, se presenta desde la venta directa al público en los mismos lugares de trabajo, tianguis, expendios y exposiciones, hasta la que se realiza a grandes intermediarios, quienes son, generalmente, los que promueven fuertes exportaciones hacia Estados Unidos, Canadá, Japón y a los países europeos.

Así, a pesar de que en medio de este contexto ha sobresalido el interés de la preparatoria de Tonalá como principal institución educativa promotora de la enseñanza y aprendizaje para la elaboración de artesanías en los jóvenes tonaltecas, existe una total despreocupación por parte de las diversas instituciones educativas de los niveles de educación básica asentadas en la región, por tan siquiera promover el conocimiento de esta actividad en los escolares. Resultando, por tanto, un divorcio bastante notorio entre los conocimientos transmitidos en el espacio áulico y el entorno en que están inmersos los estudiantes de preescolar, primaria y secundaria del municipio.

Ahora que el Acuerdo Nacional para la Modernización de la Educación Básica, propone en uno de sus puntos la adecuación de los contenidos educativos a las características de las regiones, es ocasión propicia para que los docentes nos involucremos en el rescate de los valores y tradiciones de las comunidades en las que realizamos nuestra labor. Pero dichas acciones deben estar acompañadas de un programa específico, por parte del sistema educativo estatal, para estos fines; de tal manera que los recursos necesarios para tal empresa no se escatimen y así poder lograr el objetivo propuesto.

Es necesario que el Estado reconsidere su papel y su ingerencia en la sociedad para revalorar este elemento cargado de un alto grado de valores y tradiciones que precisamente la vida moderna se ha encargado de opacar. Es necesario concientizar a la población de la fuerza de su arraigo, ya que junto con la evolución que toda expresión social presenta, en medio de presiones económicas e ideológicas, ésta ha logrado subsistir con la misma creatividad e inquietud artística con la que nació. Es imprescindible que las artesanías dejen de ser objetos fetichizados para aquellos a quienes de una u otra manera no se les ha permitido descubrir su razón de ser, permaneciendo dormida toda la carga cultural en ellos contenida, aún cuando forma parte de nuestra propia riqueza.

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