Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación

No. 2-3

(doble)

SECCIÓN

páginas

de la 31 a la 33 de 76

... el rollo

Guadalajara, México - Enero-junio de 1993

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El maestro rural viaja en automóvil último modelo... de aventón

Felipe Espinosa Chávez*

* Profesor de educación media y estudiante de la maestría en Ciencias de la Educación del Instituto Superior de Investigación y Docencia para el Magisterio (ISIDM).

“Arrieros somos

y en el camino andamos”.

(Dicho popular).

¡"Rait", "Rait"...! (introducción)

La intención de realizar este trabajo data de los primeros días de 1989, después de haber sido maestro rural viajero durante un año a una comunidad del municipio de Zapotlanejo, y como parte de un trabajo académico para cumplir con la currícula a cursar en la carrera de sociología de la Universidad de Guadalajara.

Con el propósito de conocer –y dar a conocer– las condiciones socioeconómicas en que realizan este diario peregrinar, de cientos de kilómetros en algunos casos, se aplicó una muestra a profesores(as) que viajan diariamente, en diversos medios de transporte, de la ciudad de Guadalajara a algún lugar de los Altos de Jalisco a cumplir con su actividad docente.

Por ciertas razones, los resultados de la muestra quedaron ahí, sin ordenar ni interpretar, arrumbados entre el polvo de un librero y el de los caminos de terracería que los maestros rurales siguen recorriendo.

La publicación de este artículo representa un compromiso con aquellos maestros que colaboraron con información durante el desarrollo del trabajo, muchos de los cuales siguen viajando, quizás al mismo lugar, y que merecen que alguien más conozca su realidad, para ser copartícipes en la transformación de esto que nos involucra a todos: la educación... en tiempos de la modernidad.

Diariamente se ven, desde las 5:00 hasta las 9:00 hrs. Aproximadamente, en las principales salidas de la ciudad, maestros y maestras de diversas edades (generalmente jóvenes), con un prototipo que los identifica fácilmente, esperando camión, "aventón", o lo que pase primero, que los lleve a su trabajo (o que los deje en alguna brecha donde tendrán que caminar kilómetros para llegar a la escuela). Al mediodía están en las brechas, cruceros y carreteras del estado esperando el Spirit, o el Tsuru, el Volkswagen o el DINA de segunda que los traiga de regreso a sus hogares. Al día siguiente, igual.

Por eso, cuando no hay clases –porque hubo junta oficial o sindical, porque hubo puente, o hasta porque hay que ir al ISSSTE a consulta médica–, es motivo de satisfacción. Eso significa, además del ahorro de transporte y de las comidas (o el ayuno) fuera de casa, el ahorro del desgaste físico que implica el traslado y que frecuentemente es más pesado que el trabajo en el aula, frente al grupo.

Seguramente, las limitaciones metodológicas de este modesto ensayo impiden hacer generalizaciones del problema, en ese caso, sólo se pretende dar una pequeña muestra (o el botón que baste para la misma) de lo que acontece en un sector importante del magisterio y, a partir de ahí, pensar en generar estudios más elaborados al respecto.

 

Primera velocidad.../La muestra

Durante la segunda semana del mes de enero de 1989, se distribuyeron 50 cuestionarios (de una muestra que pretendía ser piloto y que finalmente quedó en 50) entre maestros que esperaban su medio de transporte (camión o aventón) en la caseta de cobro localizada, en ese entonces, en el nacimiento de la carretera a los Altos (junto a la Nueva Central Camionera), de las 5:00 a las 9:00 horas aproximadamente –según la distancia por recorrer y las condiciones de los medios de transporte y las vías de comunicación–.

De esos 50 cuestionarios sólo fueron recuperados 28 tantos; la muestra se redujo en 22 casos que no contestaron el cuestionario, lo extraviaron o sencillamente olvidaron regresarlo. Así la "muestra" se convirtió en simple "botón".

Cada cuestionario incluía 52 preguntas de tipo cerrado, abierto y de opinión, que abordaban diversos tópicos: datos generales de los encuestados, destinos y medios de transporte, condiciones socioeconómicas, conocimiento de su realidad, su opinión del aparato sindical y administrativo, etc.

Como es propio de una prueba piloto, después de su aplicación se evidenciaron algunas fallas que deben ser corregidas en un estudio más amplio: en la forma de plantear algunas preguntas o sus opciones de respuesta; eliminar algunas; incluir otras; encuestar a maestros que viajan en el turno vespertino; tomar en cuenta carreteras que conducen a otras regiones del estado, etc. Lo anterior, con la intención de aumentar el grado de confiabilidad y representatividad de la muestra.

 

"Clochazo, segundón y volantazo"

a). ¿Quiénes viajan?

El primer tópico de preguntas del cuestionario corresponde a la composición social de los maestros que viajan. Más de la mitad de los encuestados (57%) se encuentra entre los 20 y los 25 años de edad; el 35% está entre los 26 y los 30 años, es decir, la edad de la gran mayoría de maestros que viajan fluctúa entre los 20 y los 30 años (92%); el resto (8%) es mayor de 30 años.

De estos viajeros, sólo el 29% son hombres. El 71% son mujeres (la mayoría solteras). Lo cual explica, en parte, la facilidad del "aventón" como forma de viajar, pues los choferes son más acomedidos con las damas que con los varones.

Básicamente todos son trabajadores del nivel elemental –preescolar y primaria–, en su mayoría pertenecientes al sistema federal (75%).

Sólo el 35% son casados; el 60% se encuentra en estado civil de soltería y el 3% son divorciados, según la muestra.

El 67% de los encuestados tienen como máximo grado de estudios la Normal Elemental, el resto está estudiando la Normal Superior o ya lo terminó.

 

b). ¿A dónde van y en que viajan?
El segundo tópico se refiere a los destinos y medios de transporte utilizados, así como la inversión de tiempo y dinero en ese propósito.

Hay quienes viajan diario a municipios relativamente cercanos, como Zapotlanejo o Tepatitlán (la mayoría de los casos encuestados), pero también hay quienes lo hacen a municipios como Atotonilco, Jalostotitlán, Arandas, Jesús María (!), Tototlán, e incluso a Ocotlán vía Tototlán. Recorren distancias que van desde los 60 a los 320 km. Diariamente, con un promedio de 164 km.

El 17% de los encuestados utiliza el camión de pasajeros como único medio de transporte; otro 17% viaja exclusivamente de "aventón"; el 66% restante utiliza ambos medios, según lo que pase primero, las condiciones de su bolsillo, o el tiempo disponible. Algunos, además del camión o del "rait" tienen que caminar varios kilómetros por alguna brecha de terracería.

Considerando que el medio de transporte puede ser el "aventón", el camión y el recorrido de brechas a pie, el tiempo promedio invertido en el desplazamiento de la casa al centro de trabajo es de 2 horas 15 minutos (hay quienes invierten más de tres horas). Si tomamos en cuenta el regreso, serán en promedio 4 horas 30 minutos –¡casi un turno de primaria!–, que además, en no pocos casos, parte de él es reducido de la jornada de trabajo frente a grupo (al fin que en el rancho ¿quién se da cuenta si se cumple estrictamente o no con el horario de clases?). Cuando sí se cumple con la jornada completa –también hay casos–, el maestro tiene que asumir la inversión del tiempo de traslado levantándose de madrugada y regresando a su casa por la tarde (muy tarde).

 

c). Por estar con la familia

Ahora bien, ¿por qué viajan los maestros? El 57% contestó que lo hace por estar en la familia; el 17% porque estudia; el 14% porque no hay vivienda disponible en la comunidad en que trabaja; y el resto, por motivos no especificados. Viajan, aunque eso signifique, en la mayoría de los casos, una erogación en transporte y alimentación fuera de casa equivalente a más de la mitad de su sueldo diario, por eso es tan frecuente el uso del "aventón".

 

d). Mal pagados, pero bien gastados

En esas condiciones, por la investigación de tiempo en traslado y el desgaste físico y mental, para el maestro rural que viaja es prácticamente imposible tener dos empleos –como sí ocurre frecuentemente con quienes laboran en la ciudad–. Sólo el 7% lo tiene en forma permanente y el 21 % de manera eventual. El 72% restante sólo cobra una plaza (equivalente, en 1989, a poco más de un salario mínimo).

Es evidente que un maestro en tal situación no podría mantener económicamente a una familia nuclear, por esa razón, tienen que adoptar al ingreso familiar otros miembros de la misma: esposo(a), hermanos, padres, etc.

El 46% de los maestros encuestados cuentan con casa propia, muchos de ellos por ser todavía hijos(as) de familia y residir en la casa paterna. El resto (54%), sobre todo si están casados, rentan casa con un pago promedio mensual de $ 128,000, ¿casi el salario de una quincena! (considerando que en enero de 1989 un profesor ganaba aproximadamente $ 160,000 quincenales), le queda el sueldo de la otra quincena para solventar los gastos mensuales –de él y su familia– de alimentación, transporte, vestido, educación, recreación, etc.

Por esa razón, el 80% de los maestros opinó que su trabajo es mal pagado, el resto prefirió no opinar. Pero todos coinciden en afirmar que con el sueldo que reciben como maestros su situación va de regular a mala, cargándose hacia este último extremo. Declaran que requieren, en promedio, un salario quincenal de $ 360,000, es decir, 2.25 veces más de lo que recibían en ese momento.

 

e). Expectativas

El 71% considera que el esquema de Educación Básica (3/4 de tiempo completo) no resuelve las necesidades económicas de los maestros, el resto no opinó. Sin embargo, al 57% de los encuestados le gustaría tener doble plaza.

Los maestros encuestados tienen entre uno y cuatro años viajando, los mismos que tienen pidiendo cambio a la zona metropolitana o sus alrededores. Por esa razón, nadie –excepto un solo caso– cree que el escalafón se respeta. Además, considera que dicho escalafón está mal elaborado.

Sólo el 10% considera que la SEP es quien debe pugnar por mejorar las condiciones laborales y económicas del maestro; el 39% considera que quien debe hacerlo es el SNTE; y, el 50% opina que entre todos debemos mejorarlas.

Sin embargo, respecto a su posible participación en actividades políticas para mejorar sus condiciones laborales y económicas, el 32% se manifestó de acuerdo en hacerlo sólo dentro del sindicato; el 35% en participar dentro y fuera de los marcos institucionales del sindicato; el 25% no está dispuesto a participar en ningún caso; el resto no opinó (8%).

 

Aquí me quedo... Gracias (conclusiones)

Aún con las limitaciones propias de una investigación realizada en las condiciones de la presente, los resultados proyectan una realidad que no nos es desconocida. Al contrario, es tan cotidiana que por lo mismo pasa inadvertida. En todo caso, estas notas pudieran ser sólo apuntes para una investigación más a fondo.

Cuatro años después, los maestros siguen viajando de la zona metropolitana al medio rural y desgraciadamente lo hacen en condiciones similares a las descritas: con un excesivo desgaste físico, económico, emocional y hasta de tipo familiar. En todas las salidas de la ciudad se sigue observando diariamente la misma escena: maestros y maestras con ese prototipo que nos identifica pidiendo "rait", en la glorieta del Álamo, en el antiguo puente de cuota de la nueva central camionera, en la salida a Tequila, en el Batán, en el periférico y López Mateos, etc.

Por si fuera poco, este fenómeno se reproduce en las principales ciudades de nuestro estado con maestros que viajan de la cabecera municipal a alguna comunidad rural o a otra ciudad menor.

Es cierto que en cuatro años la situación de los maestros y el Sistema Educativo Nacional en general ha cambiado –y sigue cambiando–. Sin embargo, las condiciones de pobreza y subempleo en que viven los maestros que viajan diario de la zona metropolitana a algún lugar del interior del estado (y quizá también los que se quedan en la ciudad, lo cual sería motivo de otra investigación), sigue siendo uno de los aspectos prioritarios a que debe abocarse la pretendida modernización educativa, pues es evidente que estos factores, que tienen que ver con la vida cotidiana de los maestros, inciden de manera determinante en la calidad de la educación.

 

Epílogo

Es el 21 de enero de 1993, 7:30 hrs., crucero de Santa Rosa (entronque de las carreteras que van a La Barca y Chapala). Dos grupos de tres y dos maestras respectivamente, piden "rait", se dirigen a una comunidad del municipio de Jamay. Vienen de Guadalajara y otro carro las dejó ahí. Con un poco de suerte, llegarán a su escuela entre las 8:30 y las 9:00 hrs., y estarán en su casa, de regreso, cansadas y empolvadas, por la tarde... muy tarde. Al día siguiente igual.

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