Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación

No. 2-3

(doble)

SECCIÓN

páginas

de la 59 a la 59 de 76

el recreo

Guadalajara, México - Enero-junio de 1993

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Memorias del polvo

Por qué darle teatro a los niños

Antonio Camacho*

* Director de la Compañía de Títeres “La Coperacha”. Saxofonista.

Teatro Guignol

Pararse frente a un grupo de niños puede ser como el escritor frente a la hoja en blanco o un lienzo para el pintor.

Uno transita con sus baúles llenos de títeres y personajes, cuentos, canciones, acercándose al fin del siglo, descubriendo nuevas situaciones, alguna dramática especialmente para los niños: el etnocidio en Bosnia, la miseria en América Latina, los niños de la calle, la muerte de Cantinflas, etcétera; y uno sabe que no puede dejar de trabajar con ellos, de buscarlos, de tener cada vez más espectadores de los adultos, dispuestos a intercambiar aplausos, risas gritos, historia, música...

Este trabajo del teatro de títeres tiene una contradicción fascinante; se llega con facilidad a la idea de que "los niños son iguales aquí, en España, Cuba, Nueva York, Tepatitlán". Por un lado, porque por otro es notable e interesante la diferencia mostrada por espectadores-niños, o de una escuela o zona escolar del Sector Libertad o un colegio, de la ciudad al medio rural, un país a otro e incluso de un niño a otro.

Si partimos de la idea de Pichón Riviere sobre la formación de la "matriz vincular" o grupo interno, o sea ese grupo de recuerdos, imágenes, fantasmas, gustos formados en la más tierna y trascendente etapa de la niñez a través de las relaciones de afecto, amor protección, sumisión, etcétera; que recibimos en la familia y que es afirmado, enriquecido o perturbado en ese otro grupo externo o "matriz aprendizaje", resulta, al mismo tiempo atractivo y temerario asumirse como profesional del teatro y además infantil, por todo lo que para la mente infantil implica toda esta trama.

Porque la verdad es que un adulto, al menos aparentemente, es un ser ya formado cuando asiste a un espectáculo y el niño o el joven queremos o no, consciente o no, no podrán con facilidad marginar o eliminar de su formación la presencia o la manifestación estética de esta realidad y nadie podría decir con certeza la importancia o penetración que resulte; por eso es claro el papel que debe tener el teatro y la importancia de los problemas de los niños, igual o más que los adultos. Así, es posible e importante eludir la distorsión de hacer "didactismo" o "adoctrinamiento" con este teatro, y en cambio asumir una responsabilidad en el sentido de responder a esta incógnita invitación y reto que es un grupo de espectadores-infantes, que si les hemos llamado hoja o lienzo en blanco fue por hacer uso de la metáfora, pero que en realidad es un "monstruo" de cabezas y ojos envueltos en un mar de imaginación, ansias, esperanzas y a veces hambre, maltratos, padres desintegrados, etcétera; y sólo nos queda la honestidad, la sencillez, el esfuerzo en nuestro trabajo, buscar la identidad cultural y la comunicación más clara y profunda posible, para aspirar a aportar cualquier elemento (cosa o idea) útil a su formación o placer y por lo tanto también a las de nosotros.

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