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Cítese este artículo como: VICIEDO Domínguez, Consuelo: "Cultura de paz y educación ambiental", artículo publicado en: La Tarea, revista de educación y cultura de la Sección 47 del SNTE/Jalisco (núm. 20, Guadalajara, Jalisco, México, julio de 2009. pp. 38-42).


Cultura de paz y educación ambiental

Consuelo Viciedo Domínguez*
* Presidenta de EDUPAZ (Comisión de Educación del Movimiento Cubano por la Paz y la Soberanía de los Pueblos). Miembro de la Junta Directiva de la Sociedad Económica de Amigos del País de Cuba y de su Sección de Educación y Cultura.

El título con el cual se presenta este artículo, sugiere una interrelación conceptual entre paz-cultura-medio ambiente, que invita a la reflexión. Trataré de explicar mi punto de vista al respecto. Llamo la atención acerca de lo siguiente: el concepto de paz no es unívoco, ha sido entendido a través de la historia de diversas maneras por civilizaciones también diversas, a partir de sus tradiciones culturales, sociales, de creencias religiosas y de posiciones filosóficas y políticas. Es pues un concepto con una dimensión histórica.

     La sabiduría del Oriente asiático, de la Grecia antigua y de los indígenas de América, nos ha legado la interpretación ética de la paz interna, o sea, el autorreconocimiento, el autoanálisis y la autorrealización del individuo, mediante la introspección en su conciencia y en el mundo mental y espiritual. La vía utilizada es la meditación, que hace descender las ondas cerebrales y nos trae armonía interior que contribuye al mejoramiento personal y que, por extensión, podría irradiar bienestar social, aunque no siempre es este un objetivo de la paz interna, que se entiende más bien como un estado del espíritu humano, de la subjetividad del individuo. Otra acepción, más vinculada a lo sociopolítico, es la llamada paz externa, que supone armonía social, a partir de la satisfacción de las necesidades básicas de los sujetos sociales: responsabilidad de Estados y gobiernos, en tanto se inscribe en el plano del respeto a los derechos humanos. Ciertas corrientes han desvinculado paz interna y paz externa, pero hoy es frecuente entender el indispensable vínculo entre ambas.

     Por otra parte, es todavía muy común en nuestros días, que la paz se entienda en vínculo con la guerra o con cualquier violencia organizada en gran escala, en el sentido de su prevención o eliminación: es la paz negativa. El objetivo puede ser la eliminación del contrario: “si quieres paz, prepárate para la guerra” o también la gestión para reducir conflictos armados, o para encontrarles una solución no violenta, o promoviendo el control de los armamentos o el desarme. Por el contrario, la paz positiva, a la vez que se proyecta contra los conflictos armados, no pierde de vista la violencia estructural, es decir, aquella que provoca hambre, miseria, insalubridad, incultura: agresiones que afectan la paz interna y externa, concebidas estas en su interrelación. La paz positiva está ligada a la negociación, al entendimiento sin violencia y sin renuncias inaceptables para ninguna de las partes. Supone el aprendizaje de la solución desarrolladora de conflictos, de la negociación y de la concertación: “si quieres paz, prepárate para la paz”. Es la posición del holipacifismo, que en la esfera de la investigación para la paz, reconoce la contribución de cada ciencia para contribuir a la neutralización de las diversas manifestaciones de violencia en el mundo. La paz se ha convertido en objeto de estudio de ciencias tan diversas como la Psicología, la Sociología, la Antropología. La Psiquiatría, la Pedagogía, la Biología, la Neurofisiología y otras.

     Pero, en el mundo de hoy, globalizado a lo neoliberal, proliferan las violencias de todo tipo, entre las más fuertes, las agresiones a la naturaleza en función de intereses económicos, la exclusión, la pobreza, la insalubridad, el analfabetismo, la marginalidad, las diversas formas de discriminación, en fin la injusticia social, que divide al planeta en ricos y pobres. Y la violencia ha penetrado también en esferas de la vida cotidiana de los seres humanos: en la familia, en la escuela, en variados escenarios sociales; se ha llegado a convertir en mercancía que se vende a través de libros, películas, videos. La globalización neoliberal es una amenaza a la paz en tanto genera desequilibrios y desajustes que producen conflictos entre grupos humanos, entre naciones, entre el hombre y la naturaleza y en el interior de los individuos. Por ello hoy se abre paso una concepción de paz que la entiende como algo más que el antónimo de guerra, que no es sólo una cuestión de políticos y diplomáticos: es un problema universal y personal, como alguna vez ha dicho Francisco Barahona, rector de la Universidad para la Paz.

     Investigadores de la paz con esta proyección holística, afirman que existe un vínculo estrecho entre la violencia en la vida cotidiana de determinada sociedad y la utilización de la violencia por los Estados para resolver sus conflictos. Es en este sentido que la Federación Colombiana de Educadores afirma que: “La paz es el producto de la satisfacción de las necesidades básicas de la población, pero a la vez, es un estado armónico del ser humano con la naturaleza, consigo mismo y con los demás”.(1) Hace muchos años, dos grandes de América reflexionaron acerca de la relación individuos- Estado y del vínculo paz-derechos. Recordar que Benito Juárez sentenció: “entre los individuos como entre las naciones, el respeto al derecho ajeno es la paz”(2) y según José Martí: “la única condición de paz es aquella en que no haya un solo derecho mermado”.(3)

     La paz es en sí misma uno de los derechos humanos más significativos, entendidos estos como facultades o posibilidades de los ciudadanos de una nación que les permitan mantener una vida digna; los derechos humanos expresan valores comprometidos con la existencia individual y social. Las agresiones al medio ambiente son manifestaciones de violencia, constituyen una amenaza a la paz y ponen en riesgo la satisfacción de las necesidades básicas de los seres humanos: constituyen, por tanto una violación del derecho a un medio ambiente sano. Debo aclarar que concibo el medio ambiente como unidad compleja basada en la relación hombre-cultura-medio físico-biológico, o sea, incluye el medio natural, el social y el cultural.

     La cultura, entendida en su acepción más amplia, o sea, como proceso y resultado de la actividad humana, creadora de valores materiales y espirituales, es un elemento clave en la trilogía que da nombre a este panel. Cuando la UNESCO aboga por una Cultura de Paz, no sólo se proyecta por la eliminación del uso de las armas para la solución de conflictos entre naciones o grupos sociales, sino por la eliminación de todo tipo de violencia, incluyendo aquella que lesiona al medio ambiente, a la naturaleza, a la sociedad y a la cultura.

     La actual visión de Cultura de Paz –ha dicho Francisco J. Lacayo, quien fuera director de la Oficina Regional de Educación para América Latina y el Caribe (OREALC) en La Habana– supone una forma de convivencia sociocultural que se caracterice por la vivencia de los derechos humanos, el desarrollo sustentable y el desarrollo humano, la justicia, el respeto a las diferencias, la democracia, las nuevas relaciones con la naturaleza, la superación de la pobreza y la solidaridad en las relaciones humanas, que vincule estrechamente componentes universales y nacionales. No es sinónimo de homogeneización social, ni de desaparición de diferencias y conflictos, sino de difundir una cultura de las diferencias, de la tolerancia, de la negociación, de la concertación, del diálogo; entendiendo que no deben ser toleradas las diferencias que supongan injusticia u opresión y que el desarrollo debe estar en torno a las personas y no las personas en torno al desarrollo. La Cultura de Paz –concluye– se crea a través de la educación, la ciencia y la cultura, sobre la base de la solidaridad humana.(4)

     Ninguna nación del mundo puede estar ajena al deber de trabajar por la construcción de una cultura de paz y de derecho. Cuba lo asume en el entorno de su proyecto socialista. Un análisis de la política exterior de la Revolución cubana muestra claramente su postura definida a favor de la paz. Fidel la definió así en la inauguración de la XI Feria del Libro en La Habana: “dejar para la prehistoria el uso de los cañones y sustituirlos por el uso de las ideas”.

     Sin embargo, en ocasiones se confunde o se tergiversa la firmeza de nuestras posiciones ideológicas y nuestra inevitable decisión de defender la soberanía nacional, y se nos identifica con la agresión, el militarismo y hasta con el terrorismo, lo cual nada tiene que ver con la realidad. Por otra parte, hoy hablan de paz, dirigentes de países que agraden a otros. Cuba lo sabe bien, porque ha sido y es víctima de múltiples formas de violencia desde hace décadas, por ese motivo hemos tenido que prepararnos para la defensa de nuestra soberanía nacional, posición consecuente con la idea martiana que afirma: “Es lícito y honroso aborrecer la violencia, y predicar contra ella, mientras haya modo visible y racional de obtener sin violencia la justicia indispensable para el bienestar del hombre; pero cuando se está convencido de que por la diferencia inevitable de los caracteres, por los intereses irreconciliables y distintos, por la diversidad, honda como la mar, de mente política y aspiraciones, no hay modo pacífico suficiente para obtener siquiera derechos mínimos en un pueblo donde estalla ya, en nueva plenitud, la capacidad sofocada, o es ciego el que sostiene, contra la verdad hirviente, el modo pacífico; o es desleal a su pueblo el que no lo ve, y se empeña en proclamarlo”.(5) Nuestra Cultura de Paz es, al mismo tiempo, Cultura de la Resistencia.

     Una de las grandes contribuciones de Cuba a la paz mundial es su decisión de ayudar a liquidar la injusticia social en el planeta, a partir de las misiones internacionalistas de médicos y maestros cubanos. Y si de política interna se trata, la educación y la cultura constituyen direcciones priorizadas del Estado. Decenas de programas sociales se proyectan hacia la inclusión social: la igualdad a partir de la diferencia, la atención a las minorías históricamente desfavorecidas y la protección de la naturaleza. El artículo 27 de la Constitución de la República de Cuba reivindica el derecho humano a un medio ambiente sano.

     Tratamos de construir una Cultura de Paz a través de la educación. Armando Hart, presidente de la Sociedad Cultural José Martí, de Cuba, ha dicho que los problemas de la cultura se ventilan en el campo de la educación porque la cultura es el objetivo de la educación.(6) Por eso la vía para alcanzar la Cultura de Paz es la Educación para la Paz que incluye en sí misma la Educación en Derechos Humanos. Se trata de educar para aprender a vivir juntos y de aprender a reconciliarnos con la naturaleza; se trata de salvar la biodiversidad y de salvar la diversidad cultural. Se trata, colegas, de una educación formal y no formal que logre la interiorización de este objetivo a partir de la conjunción de lo cognitivo y lo afectivo, base para una forma de actuar consecuente en la práctica social. Esta sería una verdadera Educación Ambiental, la que no pueda sustraerse de los complejos problemas globales del mundo contemporáneo, de la enorme ola de injusticia social que nos afecta, de los modos de actuación que persiguen el éxito económico a toda costa, aún a costa de las guerras y de las agresiones al medio natural. Una Educación Ambiental que nos prepare para accionar en dirección hacia ese mundo mejor que es posible. Una Educación Ambiental que nos conduzca hacia esa anhelada Cultura de Paz en la que, entre otras, bien podría inscribirse esta sabia advertencia ética de José Martí: “La Tierra no es un regalo de nuestros padres, es un préstamo de nuestros hijos”.(7)


Notas

1. Citado por Álvaro Rendón. El aprendizaje de la paz. Métodos y técnicas para su construcción desde procesos pedagógicos. Cooperativa Ed. Magisterio 2000. Santa Fe de Bogotá, 2000.

2. “Manifiesto al volver a la capital de la República”, en: Benito Juárez. Pensamiento y Acción (selección y notas de Manuel Galich). Casa de las Américas. La Habana, 1974. [Colección Nuestra América].

3. José Martí: “Los pobres de la tierra”, publicado en Patria, 24 de octubre de 1894.

4. Francisco Lacayo, en: Seminario Internacional “El Nuevo Milenio, la ONU, la Paz y la Seguridad Internacionales”. Asociación Cubana de Naciones Unidas (ACNU). La Habana, septiembre 26 al 29 de 2000.

5. José Martí: Obras Completas, Ed. de Ciencias Sociales. La Habana, 1970.

6. A. Hart: El objetivo básico de la educación es la cultura. Dirección de Información del Ministerio de Cultura, La Habana, 1990.

7. José Martí. Ídem.


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