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... el rollo

Cítese este artículo como: VALENCIA Aguirre, Ana Cecilia: "Análisis sobre los valores", artículo publicado en: La Tarea, revista de educación y cultura de la Sección 47 del SNTE/Jalisco (núm. 20, Guadalajara, Jalisco, México, julio de 2009. pp. 97-102).


Un regalo para mi “dire”
Los sentidos simbólicos del dar y el recibir desde la subjetividad de los directores de escuelas

Ana Cecilia Valencia Aguirre*
* Docente e investigadora de la Universidad Pedagógica Nacional (UPN), Unidad 141 Guadalajara, y del Departamento de Filosofía de la Universidad de Guadalajara (UDG).

Introducción
En los escenarios educativos dar u ofrecer un regalo tiene muchas implicaciones de sentido, por tanto, sus significados adquieren un valor social en el contexto de la reciprocidad mutua del espacio del intercambio. Para poder asignar e interpretar los sentidos que se desprenden de esa acción concreta, recupero las propias voces de seis directores de escuelas oficiales(1) a través de una entrevista, la percepción que ellos expresan la retoman de su propia trayectoria profesional, en la que han vivido la experiencia de recibir y dar regalos o reconocimientos, cuyos sentidos ellos mismos aclaran y que tomaré como base para la interpretación de este ritual.


El ritual del regalo
Partamos de un supuesto: el mundo social es un espacio de intercambio productivo y simbólico. Siendo así, el escenario escolar es un espacio intersubjetivo, donde los sujetos comparten sentidos y experiencias propias del mundo social. En ese contexto, la tradición de recibir y dar obsequios se muestra, en el escenario educativo, como práctica interesante y digna de ser analizada, porque al ser reiterada y asumida socialmente con un sentido implícito y compartido por sus miembros se vuelve una acción reificada, por tanto es un ritual. Ahora bien, uno de los escenarios donde generalmente se da esta práctica es en las festividades escolares, las cuales son espacios de socialización donde los sujetos hacen visible su reconocimiento a ciertos actores que merecen ser destacados por su acción ejemplar; otros escenarios no poseen ese carácter público, son más privados y velados, al mismo tiempo poseen un sentido sectario y selectivo.(2)


Fiestas, regalos y convites...
Como se señaló en el anterior apartado, algunas fiestas en el escenario escolar tienen un sentido público, son abiertas y a ella asisten los alumnos, maestros, padres de familia y, ocasionalmente, otros actores educativos.(3) Otras fiestas tienen un sentido más selectivo y van dirigidas a un solo sector exclusivo: pueden ser para maestros, alumnos, padres de familia o entre directivos o autoridades de determinados rangos o estatus.

     Los directivos escolares reconocen el valor de estos rituales, ya que lo ven como un espacio para consolidar a su comunidad educativa desde determinados valores que, de acuerdo a su óptica, merecen ser reafirmados en el ámbito de la socialización escolar. De ahí que las fiestas son espacios de intercambio simbólico que reafirman valores comunes entre sus miembros y quienes participan de ella. Sin embargo algunos directivos desprecian el sentido simbólico que se le atribuye a la fiesta, porque no procuran la existencia de lazos que lo liguen simbólicamente a una familia escolar, pues reconocen que el espacio de la dirección aún no es el lugar para conformar dicha unidad a través de sus alianzas y sus parentescos simbólicos. Esto es, el directivo se resiste a la conformación de una subjetividad anclada en un mundo institucional de la escuela. La inferencia que es posible plantear es que el directivo, al negar el ritual de fiesta, rechaza la posibilidad de conformar una comunidad bajo el imaginario de una familia simbólica.

     La anterior inferencia, que se podría asumir como arriesgada y determinante, se sostiene de evidencias tomadas de los relatos de directores que consideran que la fiesta escolar permite afirmar un imaginario institucional, el de la familia. Para constatarlo veamos el caso dos, que nos narra sus experiencias en este ámbito:

“Yo siempre era muy popular, iba y platicaba con usted: hola cómo te ha ido, cómo están los alumnos, bla, bla, bla... y, cómo están en tu casa, tu mamá, tu papá... yo me interesaba por la vida de los compañeros maestros y me tuvieron un aprecio muy grande, me hacían festivales que yo en realidad no merecía, no. Unos festivales grandiosos entre padres de familia alumnos y maestros y, este... siempre, por lo general, buscaban con mi ejemplo de que... digo una forma de educar”. (Entrevista a director, caso 2).

     Esta posición refleja la visión de un padre ante sus hijos: preocupado por sus inquietudes, su salud y sus problemas. A su vez refleja el ritual cotidiano de la dación: él da y escucha, pero ellos, a su vez, le dan reconocimiento a través de la fiesta o el festival. El dar es un símbolo y un ritual cotidiano, con muchas implicaciones políticas que genera compromisos y complicidades, pero que, a la vez, oculta la imagen del poder patriarcal, o bien lo eufemiza en la perspectiva de la generosidad, propia de la virtud que hace regalos.(4) La fiesta para el director es el ritual más interesante que demuestra esa reciprocidad de dación simbólica a través del reconocimiento público: yo les doy, a la vez ellos corresponden mi generosidad con una celebración festiva y pública, que refuerza mi visibilidad como cabeza o máxima autoridad de la escuela. Por tanto, la fiesta para el director refleja un ritual de reconocimiento que refuerza el prestigio social, es un símbolo de sacralización no hacia la persona sino hacia la institución que representa: la dirección.

     Los símbolos de la fiesta son variados, por un lado, hay regalos, que otorgan sentido y dan una señal. Por otra parte, se ofrece el convite, que durante el instante festivo borra las jerarquías del gremio y permite una socialización entre iguales: todos son hermanos y participan del mismo don (los alimentos festivos). Otro símbolo es la festividad embriagante, expresada en la risa, el chiste, la gracia; porque la fiesta también tiene un elemento religioso: la festividad nos vuelve cómplices, donde todos somos miembros de una comunidad primigenia y pertenecemos a una misma matriz colectiva, todos participan de un espíritu dionisiaco, estimulantemente embriagador y de espíritu alegre.(5)

     Por eso en la fiesta ofrecida a la autoridad, se resuelven diferencias y quedan olvidadas las desavenencias propias del estresante mundo institucional, por eso el mejor espacio para tratar un asunto es el espacio informal y hasta cierto punto privado: la invitación a un convite para tratar un problema, la charla informal, el café o el bar, la fiesta y la visita familiar, el cumpleaños y su celebración, etc. También en el convite festivo se da la escucha de los otros, la cual de acuerdo a Montiel (2005), puede advertirse como un ardid o un detalle que permite el encauzamiento y que vincula al hombre disciplinado con el verdadero creyente ya que “a los ojos de Dios, no hay inmensidad alguna mayor que un detalle”. (Foucault, 1976). Desde la economía de los bienes simbólicos el detalle puede ser entendido en términos de obsequio, con lo que se niega su carácter económico, pero responde a una lógica específica:

“El obsequio se expresa mediante el lenguaje de la obligación: obligado, obliga, hace quedar obligado, crea, como se dice obligaciones; instituye una dominación legítima […] sumisión aceptada o amada”. (Bourdieu, 1999).

     Por su parte, Montiel (2005), afirma:

“Es a partir del obsequio que se generan dependencias de carácter personal, emocional, afectivo o intelectual, las que pueden considerarse variantes eufemizadas de la esclavitud dentro de las sociedades arcaicas”. (Montiel, 2005).

     La fiesta es uno de los rituales más interesantes en el escenario escolar, porque permite comprender una subjetividad que se liga al imaginario pastoral o de la familia nuclear cristiana, para de ahí erigirse en las lógicas patriarcales propias de un modelo de escuela vertical y autoritaria. Aunque se inauguren nuevos discursos disruptivos o desestructurantes, los directivos, desde su espacio cotidiano, logran acentuar valores institucionales, desde imaginarios, que ligan fraternalmente a su comunidad escolar.

     En este contexto los obsequios o regalos son una forma de confirmar compromisos, aludir favores, solicitar peticiones, ganar aprecio, ofrecer reconocimiento, etcétera. El objeto que se regala posee de manera tácita un valor, de acuerdo a rangos: no es lo mismo un regalo entre iguales que entre desiguales. Ahora bien, entre los desiguales también hay rangos, los superiores y los subalternos, de acuerdo a la escala de la estructura educativa.

     Los directores escolares entrevistados reconocen que son las relaciones interpersonales las que intervienen, más que el escalafón o cualquier otro recurso formal, en el ascenso, la permuta de plaza, el incremento de horas, la recategorización, la palanca para meter a laborar a un pariente al sistema educativo, la comisión o licencia con goce de sueldo, la beca comisión; o bien, el asegurar el acceso a las escuelas del sistema educativo a algún familiar o amigo. Bajo este conocimiento por parte de los sujetos, se refuerza la práctica interna de la reciprocidad como símbolo de lo solidario, en tal sentido, el regalo representa una prenda de intercambio que garantiza la promesa renovada de lealtad.

     Para Mauss (1990), el regalo contiene tres principios o momentos: dar, recibir y reciprocar, por ello, el regalo implica una dinámica en la que se involucran los sujetos a condición de una interacción mutua:

“Quien da, espera algo y quién recibe esta obligado a la reciprocidad. Así el regalo es un acto generoso, pero con intencionalidad graduada, según los compromisos que se tengan”. (Mauss, 1990).

     El objeto que se regala puede ser de valor afectivo y simbólico. Otros pueden ser de un gran valor material, sobre todo si va dirigido a una alta jerarquía de parte de quien recibió, obviamente, un gran favor. A continuación veremos algunos relatos de las implicaciones y significados que poseen los regalos:

“Me han dado reconocimientos, tengo algunas placas. Ahora, verbalmente hacen algunos señalamientos cuando son las clausuras, algunas entrevistas de las autoridades lo han expresado públicamente, han visto que la dirección de la escuela es muy precisa en su plan de acción, una visión de futuro para la escuela, que más o menos ahí vamos; yo no puedo echarme porras sola, a mí me gusta que si hay algún reconocimiento lo vean los demás, no yo sola hablar de mí misma, pero sí, yo creo que como cualquier ser humano todos esos estímulos fortalecen el espíritu de los demás como fortaleza. Entonces yo siento que más o menos estoy haciendo las cosas bien, y que esos detalles, a través del reconocimiento de vez en cuando, de expresiones que me hacen, de algún documento que me entregan si es mi cumpleaños y en una tarjeta de felicitación me escriben mis compañeros; los alumnos son dados a escribirme cartas, tengo bastantes cartas de alumnos. Y yo se los digo en público, si por ejemplo me mandan cartita los niños, les doy las gracias, no puedo contestarle de uno por uno. Cuando me operaron, en un tiempo me hicieron una cirugía, los niños me mandaron cartas. Si es el día de mi santo me hacen mi evento y también me dicen cosas muy lindas. Yo no sé si alguien les dice que me las digan, son muy espontáneos los niños al escribir y para mí son los reconocimientos más importantes los que me hagan los niños... son los mejores reconocimientos que yo he tenido. Tengo bastantes... de los maestros, algunos me han hecho algún acróstico, tengo un acróstico desde cuando era maestra de una nocturna, de tal manera que, olvídese, es lo que más valor tiene”. (Entrevista a directora, caso 1)

     Aquí vemos que los regalos que le dan a la directora entrevistada tienen implícito el sello del reconocimiento a su trabajo, así como de la aceptación de la comunidad a su labor y a su proyecto escolar, este tipo de regalos le dan a la directora la certeza de que lo que hace está bien y el ambiente de seguridad de que la comunidad tiene una percepción positiva de ella. Ella reconoce que los regalos que ella considera más valiosos son aquellos donde le demuestran su aprecio y afecto, son regalos de tipo simbólico que le permiten sentirse valorada y aceptada.

     El director, caso 2, por su parte, recuerda con nostalgia las grandes fiestas y regalos que el recibía cuando se desempeñaba como directivo escolar:

“La fiesta que me hacían duraba todo el día, y ese día mi camioneta no podía cerrase de tantos regalos que me hacía la comunidad; para mí eran regalos muy significativos, representaban algo que yo creo no merecer, la gente me apreciaba mucho. Porque yo tenía mucho acercamiento con la comunidad, iba los sábados y domingos, visitaba sus casas... (Entrevista a director, caso 2).

     Nuevamente vemos que el regalo representa, en el caso 2, el reconocimiento de parte de una comunidad. En otro apartado de su relato, él narra como incluso llegó a formar un equipo de directores, a los cuales impulsó desde la docencia para ayudarlos a promoverse al cargo de directores:

“Principalmente los ayudaba viendo su trabajo, yo veía quién era trabajador, quién tenía vocación de maestro y qué hacía por la escuela, yo le ayudaba, ¿cómo?, buscando por ahí una vacante de subdirector o de director y lo proponíamos a México para que no hubiera problemas... en aquel tiempo José tenía la supervisión y a nosotros, como vulgarmente dicen, pues... nos barbeaban, como dicen vulgarmente. Yo recibía cantidad de regalos de diferentes precios, los tratábamos de ayudar, pero siempre y cuando trabajaran, siempre y cuando fueran a hacer un buen papel como directores”. (Entrevista a director, caso 2).

     La situación descrita le permitió ganarse el aprecio y el agradecimiento de muchos maestros que ya veían como un triunfo o un avance en la estructura laboral el ser directores. El director, caso 2, a cambio de sus favores recibía regalos por parte de los beneficiados con la dirección; dichos regalos tenían, como él señala, muchos precios, esto es, diverso valor material, además del innegable valor simbólico que representaba: el agradecimiento y el fortalecer una alianza.

     Entre los relatos, es interesante el del directivo, caso 3, que en medio de una narración envuelta en denuncia señala que:

“En una ocasión, siendo yo secretario de Delegación, me mandaron llamar al Sindicato para ofrecerle una gran fiesta al secretario general, el colmo fue que nos estaban pidiendo una cantidad determinada, para regalarle un automóvil último modelo y sacado de agencia... pues me opuse abiertamente y cuestione a la organización”. (Entrevista a director, caso 3).

     Vemos entonces que las prácticas de ofrecer regalos tienen muchos fines y distintos propósitos y significados, en ese sentido se infiere que:

• Hay regalos impuestos por la estructura formal de las organizaciones, como se puede ver en el caso del sindicato magisterial, que llega a solicitar una cantidad determinada a las autoridades educativas: directores, supervisores, secretarios delegacionales y representantes de escuelas para celebrar los cumpleaños, posadas y otros eventos a los altos mandos de la organización sindical. A pesar de que no hay mecanismos formales de coerción, quien no participa o coopera con este tipo de regalos y fiestas, simplemente es invisible para las redes del poder sindical. En este escenario, el término cooperación es un estilo eufemístico de ejercer una obligación coercitiva de pagar el dinero que se establece e impone desde las cúpulas. Aquí el regalo tiene un sentido, hacerme visible y ganar favores de parte de esas figuras de poder.

• Otro tipo de regalos se dan sobre una base de reciprocidad para corresponder a un servicio, aquí destacan más los regalos de carácter simbólico, los llamados detalles: tarjetas, pensamientos, cartitas, flores, acrósticos, etc. Estos regalos son útiles porque, de acuerdo a los sentidos que les asignan los directivos, les permiten afirmar su legitimidad a partir del reconocimiento y la aprobación. El acto de dación también es un acto de correspondencia de las partes, una forma renovada de lealtad y unidad en el compromiso.

• Existen regalos que son materiales y corresponden a la necesidad de ganar un favor, si se hacen previos a una petición; o de agradecer el favor obtenido, posterior al mismo, cuando éste ya ha sido recibido. Generalmente los individuos afectados por el favor concedido, tenderán a reiterar el regalo en momentos determinados. Es una forma de agradecimiento, que bien puede durar años.(6)

• Los regalos simbólicos para reconocer a los directivos con trayectorias, caminos recorridos, años de servicio. Estos reconocimientos se hacen públicos y consisten en otorgar a los susodichos: preseas, placas, diplomas, etc. Generalmente la escuela los ofrece como una forma de incentivar el trabajo al interior de los centros. También las instituciones, como la Secretaría de Educación y el SNTE, lo hacen anualmente con los profesores que logran ciertos años de servicio. El reconocimiento es una forma de incentivo y de justificación del Estado hacia la labor magisterial.

     En estos rituales donde se hace presente el regalo como una forma de pagar favores y/o esperar una respuesta a cambio del regalo otorgado; o bien dar reconocimiento y visibilidad a los participantes, tanto al que da como al que recibe, es posible considerar un elemento simbólico que otorga significados sociales en dos sentidos opuestos:

1. En primer lugar, cuando el regalo posee un fuerte elemento afectivo permite un elemento de subjetivación cuando el propio director se reconoce en la comunidad, desde relaciones que se corresponden con afecto y compromiso a través del acto de regalar y recibir regalos.

2. En segundo término, cuando se refiere el directivo a escenarios donde se carece del elemento compensatorio de dar y recibir, pero se tiene que corresponder por compromiso, se habla entonces de intereses mutuos y compromisos sociales difusos (de mayor o menor intensidad) que obligan al cumplimiento, aunque sin mayor apego inmediato.


A manera de conclusión
Este ensayo es producto de una investigación que muestra la subjetividad del director escolar, cómo ésta se encuentra ligada a entramados simbólicos que se dan en la vida cotidiana de las instituciones. El hallazgo de comprender que las prácticas cotidianas se reifican en rituales, y que uno de ellos es la experiencia simbólica de los regalos, así como la manera en que se vive un ritual y el sentido que manifiesta el directivo que forma parte de él, da lugar a tramas diferenciadas. Desde tal perspectiva, se pueden configurar dos tipos de subjetividad: la que se afirma a partir del ritual de dar o recibir regalos, al aceptarlo en su sentido simbólico; la que deniega el proceso subjetivo al rechazar la función simbólica del ritual.

     El papel constitutivo de la subjetividad, implica una dimensión activa, donde el directivo participa constituyéndose desde rituales y discursos que permiten su autonomía, su identidad o bien su separación y distanciamiento de imágenes vivas y estructurantes que ratifican su ethos, o que permiten moldear nuevos escenarios subjetivos. Por el contrario, en el fenómeno de la denegación subjetiva el papel del sujeto es pasivo y/o reactivo; en la forma pasiva asume una inmovilidad ante una situación enfrentada en su contexto. Por otra parte, al no adherirse a los rituales cotidianos, los sujetos actúan resistiéndose ante contextos que no permiten su identidad, ni una comunidad de valores que los incluya o a la cual pretendan adherirse. La no adhesión de los rituales cotidianos se da cuando el directivo participa por un compromiso o coerción externa sin poseer una convicción del sentido implícito contenido en el ritual.

     La presencia de rituales y de reconocimientos cotidianos, expresa la valoración de la comunidad hacia la tarea del directivo. Por otra parte, la carencia de un discurso expresado en prácticas reificadas que condensan la acción, como lo sería el ritual, ha contribuido, junto con otros factores, a una denegación de la subjetividad directiva, o bien a una fragilidad de la misma.


Notas

1. Aunque, cabe aclarar que en este trabajo sólo recupero la experiencia de tres de los entrevistados. Los cuales son mencionados como caso 1, 2 y 3, respectivamente.

2. En este trabajo, por cuestiones de delimitación, no analizaré los espacios simbólicos de las fiestas, ya que ese tópico por su complejidad merece un lugar aparte.

3. Como sería el caso de las autoridades educativas o civiles: inspectores, presidentes de comunidad o municipio, etc.

4. La virtud que hace regalos es propia del hombre piadoso, del cristiano. Sin embargo para Nietzsche es una forma de voluntad de poder disfrazada por el ser piadoso, donde la virtud del débil se asume como fuerza de seducción y poder frente al otro. El que da impone su voluntad y el que recibe, se compromete a devolver el favor dado de maneras simbólica y no necesariamente material. Por eso Nietzsche reiteraba que hay que dudar de los piadosos: contra la voluntad de poder, propia de la doctrina cristiana.

5. Cuando refiero estos símbolos del espíritu dionisiaco, aludo al sentido simbólico y primigenio de la fiesta: la necesidad humana de ratificar cíclicamente la unidad a través de la festividad. El sentido de religiosidad lo tomo de Mircea, Eliade (1988), quien considera que en el espacio religioso no se da una temporalidad ligada al mundo físico, sino a la intensidad del instante de la vivencia de la experiencia interna.

6. Lo cual queda constatado cuando el directivo, caso 2, narra los siguiente: Tuve un alumno que hasta la fecha se acuerda de mí y en mis cumpleaños no falta el detalle, todo por qué, porque siendo director de la escuela de Oblatos le ayude a continuar con sus estudios...


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