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... el recreo

Cítese este artículo como: ÁRIAS Castro, Tania: "Momento de viejas costumbres", artículo publicado en: La Tarea, revista de educación y cultura de la Sección 47 del SNTE/Jalisco (núm. 20, Guadalajara, Jalisco, México, julio de 2009. pp. 145-146).


Momentos de viejas costumbres

Tania Arias Castro*
* Estudiante de la carrera de Filosofía en la Universidad de Guadalajara (UDG). Prepara su tesis sobre el “Eterno Femenino”.

Dos niñas jugando a ser mayores se preguntan:

—y tú ¿qué vas a hacer de grande?

—Yo voy a ser mamá.

—No, no puedes ser sólo eso. Tienes que ser algo más.

Graciela Hierro.

Ella se arregla, se adorna impecablemente mientras llega la hora de verlo a él. Los sentimientos entre ambos han rebasado el límite de la separación y piensan unir sus vidas en eso que llaman matrimonio. Ella está emocionada, desde pequeña creció con cuentos de hadas, aquellos en los que una bella princesa vive una terrible realidad de la cual el apuesto príncipe la rescata, ¿de qué?... de cualquier situación injusta en que la haya puesto la vida. Él es el héroe, el indicado, y ella tiene todo lo que él necesita, un encanto mágico que lo hechiza al momento en que la ve.

     Ella, como decía, no sólo creció con estos cuentos, los creyó, son parte de su vida, de su sueño, y por qué no, su objetivo en la vida: encontrar el verdadero amor. Pero no es sólo eso, hay algo más que este cuento en el que ella cree, que es la simple y sola alimentación de la fantasía, ¿qué fantasía?, la del matrimonio. Y no hablo aquí, ciertamente, de sus proyectos personales, de su superación cultural o de sus estudios académicos, tampoco de si ha culminado una licenciatura, o se si ha cursado estudios de maestría o doctorado; tampoco hablo de aquello que la hace mejor persona. No, claro que no, hablo de una preparación mucho más importante y más antigua que lo académico, hablo de lo que cuenta y participa en el quehacer conyugal. No, tampoco hablo de si está preparada emocionalmente para éste gran paso, ni de si se cultivo psicológicamente en el manejo de las relaciones de pareja, tampoco de un taller que ayude a comprender la convivencia con el otro, ni de una exploración de cómo vivir con otra persona. No, no, no, nada de estas banalidades, yo hablo de la esencia, de su postura en este tan importante paso, de cómo ella domina las labores que implican empresa tan importante. Ella se ha cultivado e instruido en las artes culinarias: cuantos más platillos en sus notas tenga, mayor su efectividad en el ámbito gastronómico; lo que conllevará a palomear asertivamente y con afecto su menester de agradar el paladar de ése que le roba sus suspiros. Pero tomémoslo con tranquilidad que esto apenas comienza; como decía, ella se ha preparado muy bien, sabe las condiciones necesarias para el lavado de la ropa y como mantenerla en buenas condiciones, no se diga de la temperatura adecuada del planchado; recuerda bien el sitio en que deben ir las pinzas de los pantalones, y de las líneas que deben llevar las camisas. Cabe mencionar que ha adquirido gran experiencia en el orden y aseo del hogar; no obstante, llegó a inscribirse en cursos de decoración de interiores, feng-shui, aromaterapia, organización de jardinería, también un poco de estudios homeopáticos (uno nunca sabe si se enferma el marido o alguno de los hijos y no está de más por cualquier urgencia). Otro aspecto importante en el cual se ha construido, y en el que ya ha adquirido algo de práctica, es en el aspecto psicológico, sabe cuando hablar, cuando y cómo inducirlo a que ceda a sus caprichos, sabe que procurará no molestarlo cuando él llegue del trabajo, sabe que no debe importunarlo cuando esté indispuesto y, sobre todo, que deberá quedarse callada y aguantar cuando esté en peligro su relación.

     Y, por supuesto, qué sería de esta mujer tan llena de cualidades subjetivas si no las proyecta, si no refleja su belleza en algo tangible, en el estuche, en la facha; ella, por supuesto lo sabe, sabe todo sobre su arreglo personal, cómo no hacerlo, a final de cuentas es mujer. Ha tomado asesorías de imagen, maquillaje, peinado, etc. Su esteticista le indica los mejores cortes de moda que le favorecen, ¿cómo puede verse a una mujer completa sin que cultive su apariencia?, nada de eso. Para cualquier sorpresa, momento y acción está preparada, tiene sus conocimientos estéticos alerta: una boda, un aniversario, un compromiso de su esposo... no tengo más que decir, sólo que estos conocimientos son básicos e indispensables para toda mujer. Por si esto fuera poco y para cerrar con broche de oro, es necesario decir que ha cultivado una figura escultural, adquirida por sus esfuerzos en el gimnasio y por la rígida alimentación que lleva.

     ¡Ah¡, es maravillosa, perfecta, piensa él, no pudo encontrar mejor pareja, mejor mujer, no puede pedirle nada, ella es lo que él siempre soñó.

     Pero él también soñó... soñó con el cuento de hadas, desde su postura por supuesto; nunca pensó en ser la princesa, no, pero sí llegó a imaginar, una de esas veces en que los hombres se ponen a reflexionar sobre el amor, que se hallaría en una situación donde sería el héroe, donde la salvaría, ¿a quién?, a ella, a la indicada. No se imaginó ir en un corcel, ni matando dragones o peleando con guerreros, pero sí siendo héroe. ¡Ah!, ser héroe, rescatarla a ella, ¡a ella!, nada más podía imaginar... en ese momento todo era perfecto, ¡perfecto!

     Y un día sucedería, tendría que ser el héroe: cambiando la llanta del coche de una mujer angustiada, atrapando a un ladrón que se lleva el bolso de una bella dama, yo que sé, pero ese momento sucedería, y sucedió, con esta u otra historia similar; así la conoció a ella, a su prometida, y después de ser el héroe tuvo que... sólo tuvo que ser él; él sabe perfectamente su responsabilidad: mantenerla a ella, darle los lujos en la medida de lo posible y claro, hacerse responsable de sus hijos, porque habrán de tener hijos.

     No, él no entró a cursos como ella, tampoco hizo esfuerzos extras para agradarle, simplemente hizo uso de su personalidad y, bueno sí, que afortunado es por haber encontrado a esa mujer; así, en esas circunstancias, y que ella haya querido quedarse con él ahí, con él, juntos... por siempre.

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