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... nosotros los profes

Cítese este artículo como: RUIZ Tapia, Nancy Estela: "La salud del docente: una necesidad por atender", artículo publicado en: La Tarea, revista de educación y cultura de la Sección 47 del SNTE/Jalisco (núm. 20, Guadalajara, Jalisco, México, julio de 2009. pp. 21-25).


La salud del docente: una necesidad por atender

Nancy Estela Ruiz Tapia*
* Licenciada en Psicología por el ITESO. Profesora de educación Secundaria desde 1994. Estudiante del quinto cuatrimestre de la maestría en Ciencias de la Educación que imparte el ISIDM. Psicoterapeuta clínico con especialidad en Psicoterapia Sistémica.

Pocos estudios existen en el país con respecto al docente y su salud. Tanto para el gobierno, como para la Secretaría de Educación parece ser un problema que está atendido, pero cuando se le pregunta al maestro, nos podemos dar cuenta de que la necesidad no está cubierta a satisfacción.

     Por poner un ejemplo, un maestro de secundaria que maneja un promedio de entre quinientos y seiscientos alumnos, debe estar atento al proceso de aprendizaje de cada uno de ellos, hacer registros por clase, además de realizar y revisar evaluaciones, actividad que comúnmente le toma entre doce y dieciséis horas fuera del horario de trabajo. Su labor implica, además, entregar calificaciones y ser asesor de por lo menos un grupo de alumnos, coordinar sus actividades cívicas y tener contacto con los padres de familia. Quizá también tenga varias materias a su cargo, en diferentes grados y hasta en diferentes escuelas.

     Para estudiar un posgrado, como alternativa de superación profesional, tendrá que buscar horarios que no interfieran con su actividad docente, destinando para tal fin, por lo general, los fines de semana.

     Todo esto origina el descuido de sus hábitos alimenticios y de sus periodos de descanso y sueño, lo que predispone a un estado de tensión, estrés y cansancio, limitando su actividad social y familiar así como el buen desempeño en todas sus actividades.

     Este trabajo pretende provocar la reflexión del lector y fundamentar la necesidad de que el gobierno de la entidad, a través de la Secretaría de Educación, establezca programas adecuados de trabajo, carga horaria, capacitación y remuneración económica con el fin de dignificar la labor del maestro y optimizar recursos para atender y prevenir problemas de salud vinculados a los trabajadores de este ramo.

     En este texto se analizarán los conceptos de salud física y mental, estrés, así como la relación que existe entre estos factores y el proceso de trabajo del docente.


I. Acerca de los conceptos: salud, salud mental  y estrés
El concepto salud, es definido por la Organización Mundial de la Salud (OMS), como el completo estado de bienestar físico, mental y social; no como la simple ausencia de enfermedad. Según Héctor Cabildo (1991), la salud mental es el proceso que conduce a un bienestar emocional, producto de la relación equilibrada y armónica entre la realidad interna y externa de cada individuo o grupo, que se manifiesta por una adaptación flexible y constructiva a la vida con una mejor posibilidad de establecer relaciones interpersonales empáticas, de productividad, libertad, ponderación del juicio y estabilidad positiva del comportamiento en congruencia con los propios valores y los de la sociedad.

     Aquellos sujetos que se benefician de un ambiente cierto y sin temores, que viven en equilibrio con su entorno social y que ejercen una actividad que hace posible el despliegue de sus potencialidades y su creatividad son, entonces, los que disfrutan de salud mental. Pero un equilibrio emocional con el entorno social implica un ambiente libre de tensión y de presión, dos conceptos que combinados forman el término estrés. Beehr y Franz (1986).(1)

     De acuerdo con Fisher (1986), el estrés es la reacción que tiene la persona frente a algún estímulo amenazador y desagradable. Y es un factor de riesgo y un síntoma presente en el 90% de las enfermedades mentales, también es factor de riesgo importantísimo asociado a los infartos al miocárdio –primera causa de muerte en México–.

     Si los conceptos anteriores se ponen en relación con las actividades de la profesión del docente, podemos darnos cuenta de que no está libre de este estado de angustia esporádico o permanente en el individuo, provocado por el afán de alcanzar objetivos en plazos muy cortos, independientemente de condiciones, disposición de recursos y capacidad.


II. Las enfermedades como un proceso social

Hasta la década de los setenta, se creía que el origen de las enfermedades era netamente biológico, las enfermedades se visualizaban como un desgaste físico de la persona sin que tuviera ninguna relación con su entorno de trabajo. Se pensaba en salud ocupacional, como un problema ambiental, ya que ponía al trabajador en contacto con agentes químicos físicos, biológicos y psicológicos que le causaban accidentes o enfermedades.

     Asa Cristina Laurell (1978) recupera una serie de reflexiones que permiten proponer que las enfermedades profesionales no pueden manejarse como una simple culminación del metabolismo del individuo. Estas son producto del desgaste que se ocasiona en su estado físico y mental a partir de su relación con las rigurosidades del proceso de trabajo. A través de cuidadosos estudios estadísticos ella muestra cómo se ha encontrado una relación muy fuerte entre el proceso de trabajo y determinado tipo de enfermedades que van presentándose frecuentemente en los trabajadores.

     El proceso de trabajo es una referencia fundamental para entender el tipo de enfermedades que aparecen con mayor frecuencia en determinados grupos profesionales. Actualmente las políticas de salud relacionan el proceso de salud-enfermedad con las condiciones de vida y de trabajo de los empleados: “La reacción de estrés está relacionada causalmente con una serie de enfermedades como la hipertensión, las enfermedades cardíacas, la úlcera y la diabetes, porque incrementó la susceptibilidad a enfermedades infecciosas” (Laurel, A. C., 1980). Además, ahora se sabe que algunos efectos del estrés se presentan después de un tiempo de latencia y el centro del problema es el control del proceso de trabajo.


III. La profesión docente y la salud mental
José M. Esteve (1984: 197) ha dedicado gran parte de su vida al estudio de la influencia del ejercicio profesional en la personalidad del profesor. En sus trabajos ha encontrado que la labor del maestro es una actividad de relación interpersonal, en la que el profesor trabaja con personas y no con cosas, y si la relación es satisfactoria, la enseñanza será una fuente de autorrealización personal; en el caso contrario, el ejercicio profesional de la educación puede transformar al principiante ilusionado en una persona amargada, insegura respecto al papel que debe desempeñar y agotada por la imprecisión de sus esfuerzos. Es decir, no tiene importancia que el profesor carezca de una técnica concreta cuando ésta se substituye por otros recursos, pero si la personalidad del profesor está deteriorada, tanto el dominio de las técnicas como el uso de sus recursos no tienen significado y no hay calidad educativa.

     El docente vive en una lucha permanente por mejorar la estructura organizacional laboral, pretende gozar de tiempo libre y tiene necesidad de trascender y permanecer. Ante tales situaciones, se ve sometido a grandes tensiones y se vuelve víctima del estrés profesional, provocado por un cargo en el que convergen diversos deberes y responsabilidades de carácter social.

     En el ejercicio, los profesores asumen el compromiso de ser recurso esencial del sistema educacional. En este sentido la escuela, eje central del aparato educativo, necesita formar individuos creativos, responsables, con capacidad de tomar decisiones, participativos, solidarios, activos ciudadanos en la democracia, respetuosos de los otros y de sí mismos; ante tales expectativas, el profesor es culpable sí éstas metas no se alcanzan; en cambio, sólo en contadas ocasiones se reconoce el mérito del esfuerzo cotidiano en el complejo ámbito de la educación. Esteve (1987).

     Esteve (1984) explica, además, que ante la fuente de tensión los profesores ponen a trabajar diversos mecanismos de defensa, como la inhibición, la rutina de su trabajo o el ausentismo laboral. De esta manera se resiente la calidad de su trabajo pero cuida su personalidad de sufrir males mayores. Las consecuencias de las fuentes de tensión profesionales se gradúan por orden de importancia de la siguiente manera:

     A los sentimientos de insatisfacción laboral, en contradicción con los ideales que querrían realizar, le siguen la desvinculación personal en la enseñanza, usada como un mecanismo de defensa; después las peticiones de traslado para huir de situaciones conflictivas, el deseo realizado o no de abandonar la docencia, ausentismo laboral para cortar la tensión acumulada, cansancio físico permanente, ansiedad, estrés, depreciación y sentimiento de culpa ante la incapacidad de mejorar la enseñanza, y la más grave, la ansiedad como estado permanente, relacionada como causa-efecto de diagnósticos de enfermedad mental, seguida por neurosis reactivas, y depresiones.(2)

     Al observar la cantidad de consecuencias generadas por las fuentes de tensión a las que se enfrenta el profesor, puedo encontrar una explicación diferente a tantas ausencias por incapacidad médica que se entregan día a día en las instituciones educativas. En España, de a cuerdo con un estudio de Esteve, Franco y Vera (1987) las estadísticas hablan de una relación entre el aumento de la tensión en el trabajo y el incremento de las incapacidades médicas en las escuelas.

     Ya en 1983 la Organización Internacional del Trabajo (OIT), en Ferreres (1999: 9), informaba que el porcentaje de incapacidades laborales por causas psíquicas o psicosomáticas aumentaba rápidamente entre los colectivos docentes. Según cifras estadísticas, el 27% de los enseñantes de Estados Unidos tiene problemas crónicos de salud debido a su empleo; otro 40% toma medicamentos que le permiten enfrentarse al aula. En Alemania uno de cada dos educadores está en riesgo de sufrir un ataque cardíaco. En el estado de Ohio, USA, Globe (1980: 123), comprobó que más del 30% de los profesores que abandonaron la profesión lo hicieron por trastornos mentales.

     “Uno de cada cinco profesores padece de estrés o ansiedad”, éste es el título de una información publicada el 5 de octubre de 1999 por el diario español El mundo, en realidad esto no es algo que sea desconocido para los que trabajamos en el área educativa, ya que probablemente lo hayamos vivido o lo estemos viviendo. Según este artículo, las causas principales de dicha tensión son los horarios de trabajo, la falta de medios para acometer las continuas reformas, el desprestigio social y la tendencia de las familias a descargar su responsabilidad en la escuela, sobrecargando al docente. Las propuestas para resolver la problemática, según éste diario, son muchas, pero la principal sería hacer cumplir la Ley de Prevención de Riesgos Laborales, ya que sus efectos no se han trasladado al mundo de la enseñanza.

     En Francia, casi veinte años antes Amiel (1980) hacía notar los aspectos de tensión, ansia o fatiga entre los docentes, destacando en lugar central la frustración y la depresión, con manifestaciones de apatía, desinterés, dificultad de concentración, desvalorización personal, desesperación... junto a insomnio, ansiedad y manifestaciones psicosomáticas de tipo muscular, digestivo y cardiorrespiratorio.

     Antonio Seva Díaz (1986), catedrático de la universidad de Zaragoza, publicó los resultados de una investigación titulada “La salud mental de los profesores”, según la cuál el 45% del profesorado de la muestra presentaba un malestar psicológico importante, que se manifestaba en desfallecimiento y depresión como consecuencia de las condiciones laborales: excesivo trabajo y horarios recargados, bajos salarios, burocratización de las labores docentes, falta de reconocimiento social y masificación extrema del alumnado entre otras.

     Podemos decir que el docente es un modelo a seguir por sus alumnos y que necesita prestar atención a su bienestar emocional, ya que un individuo que posee buena salud mental efectuará una labor más eficaz, pues el testimonio de la conducta personal siempre es un mensaje convincente para los que lo observan. Por el contrario, aunque el educador tenga muchos conocimientos, si no goza de salud mental, difícilmente podría ser un promotor de ella.


IV. La realidad en nuestro contexto
Es muy alarmante que a pesar de estar viviendo en épocas donde se tiene un nivel de conocimiento mayor sobre el origen de las enfermedades psicosomáticas, los organismos de salud ISSSTE (1999: 26) e IMSS (2000: 98), no reconozcan la existencia de enfermedades profesionales en relación con la docencia, siendo solamente la Ley Federal del Trabajo (2001: 103) la que hace mención de una: “laringitis crónica con nudocidades en las cuerdas vocales” en relación con los trabajadores de la educación, cuando, obviamente, esta enfermedad profesional no cubre el abanico del conjunto de enfermedades que realmente afectan a los trabajadores del magisterio.

     Queda claro que la dinámica de trabajo del docente modifica actividades que son vitales para una buena salud física y mental, y que las condiciones en las que trabaja el maestro pueden incidir en estados de enfermedad o de malestar emocional. Estas enfermedades o malestares emocionales, al presentarse, se van incrementando a lo largo del tiempo por no ser detectadas y atendidas en su momento.

     Podríamos suponer empíricamente que las enfermedades relacionadas con las vías respiratorias pueden ser muy recurrentes en la historia clínica del profesor. Se sabe que debido al menor tiempo disponible para el ejercicio físico, las enfermedades relacionadas con el exceso de grasa en la sangre podrían aparecen con mayor frecuencia; asimismo, la doble o triple jornada de trabajo afecta también su estado anímico.

     Se puede afirmar ahora que no sólo el desgaste físico asociado al metabolismo del cuerpo humano propicia situaciones de enfermedad en las personas; sino que también la forma como se relacionan con el proceso de trabajo, da pie a la emergencia de cierto tipo de enfermedades que muchas veces no son reconocidas como enfermedades profesionales.

     Partiendo del planteamiento de Asa Cristina Laurell (1980: 89), “las condiciones colectivas de salud deben analizarse como el resultado de las características concretas del proceso de trabajo, y de las consecuencias de éste para la reproducción social”, es importante que la comunidad magisterial conozca el origen de las enfermedades que con mayor frecuencia suele contraer el trabajador de la educación a lo largo de su vida laboral, para que sean atendidas y prevenidas a la brevedad posible.

     Es importante también que el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE) y a la Secretaría de Educación Pública conozcan ésta información para seguridad y productividad de sus agremiados.

     Primordial es entonces que se empiecen a realizar estudios serios a nivel estatal o nacional sobre este tema, que se legisle en materia laboral y que se establezcan mecanismos preventivos que impidan la recurrencia de éste tipo de patologías.

     Urge también que el gobierno de la entidad, a través de la Secretaría de Educación, establezca programas que promuevan entre los docentes una cultura social que atienda la problemática de la salud física y mental de los miembros del magisterio, y que el profesor cuente con un apoyo diferente al que el sector salud le proporciona, me refiero a un lugar específico a donde el profesor pueda acudir voluntariamente a recibir atención psicológica, que sea un lugar del maestro para el maestro, esto lo mantendría en condiciones anímicas adecuadas para realizar la ardua labor de transmitir conocimientos, educar y formar individuos sanos.


Notas

1. Presión: algo presente en el ambiente que actúa como un estímulo y que puede tener una naturaleza física, psicológica o de comportamiento. Tensión: se usa como indicador de mala salud y angustia del individuo.

2. El autor los presenta en orden de importancia del uno al doce, el uno tiene más incidencia, aunque tiene menor gravedad, el número doce es el más grave pero tiene menos incidencia, es decir aumenta en su gravedad pero disminuyen respecto al número de profesores afectados.

Bibliografía

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