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... el rollo

Cítese este artículo como: Fregoso Bailón, Raúl Olmo: "Filosofía política liberal, pobreza y educación", artículo publicado en: La Tarea, revista de educación y cultura de la Sección 47 del SNTE/Jalisco (núm. 20, Guadalajara, Jalisco, México, julio de 2009. pp. 129-134).


Filosofía política liberal, pobreza y educación

Raúl Olmo Fregoso Bailón*
* Licenciada en Pedagogía por la Escuela Normal Superior de Jalisco (ensj) y licenciado en Derecho por la Universidad de Guadalajara (udg). Colaborador en proyectos de investigación académica en el Departamento de Desarrollo Social del Centro Universitario de Ciencias Sociales y Humanidades de la Universidad de Guadalajara (cucsh-udg). Correo electrónico del autor: olmobailoon@yahoo.com.mx

Somos una gran nación, los líderes del mundo libre.

Milton y Rose Friedman.

(Friedman, 1983).

Introducción
El presente artículo tiene el fin de mostrar la vinculación de tres elementos que tal vez, en una primera impresión, parecieran no tenerla; por una parte, una confabulación contra un mundo más humano, y por la otra, una estrecha relación entre sí: la filosofía política liberal, la pobreza y la educación, sobre todo la superior. ¿Cómo conciben los liberales contemporáneos al ser humano y a la organización social?, ¿tiene todo esto algo que ver con la pobreza que sufrimos todos y con la educación? La tesis central de este trabajo es demostrar la visión clasista y racista del mundo que tienen los liberales, y cómo ello repercute en aceptar y justificar un mundo soslayado por la pobreza donde la educación, sobre todo la superior, no será para todos, sólo para aquellos que puedan pagarla o bien habrá otro tipo de educación para “la plebe”.


La filosofía política liberal
El hombre que piensan es un ser humano que ya está clasificado, que ya tiene marca al nacer para saber el lugar que va a ocupar en la sociedad. Se confía ciegamente en la naturaleza, quien crea seres más capaces que otros, y en esto no hay remedio ni a quien reprocharle nada: fue la madre naturaleza, ni modo. Estas ideas bien podrían basarse en argumentos pasados como los de Platón (384-322 a. de C.), quien en su obra La República, expone que existen dos tipos de personas: los gobernantes y los gobernados. Los primeros serían educados desde la infancia para dirigir el Estado, mientras que los segundos eran los artesanos que debían dedicarse a la producción y circulación de riqueza, ya que no tenían talentos mayores. De forma similar Aristóteles (384-322 a. de C.) habla de un grupo dirigente, que serían los magistrados, estadistas, sacerdotes y militares, y otro conformado por agricultores, artesanos y campesinos. Justificaba la esclavitud y las grandes desigualdades aludiendo a que las personas eran también desiguales en aptitudes por naturaleza (Roll, 1999).

     En el siglo xix, el conde francés Joseph Arthur de Gobineau (1816-1882) con su obra Ensayo sobre la desigualdad de las razas humanas, proclama la superioridad de la raza blanca, por lo que otros seres humanos, como los asiáticos, “tendrían que contentarse con obligar a sus individuos a realizar un trabajo útil, como máquinas animadas”. A grandes rasgos este autor explica que las desigualdades sociales son producto de desigualdades hechas por la naturaleza. (cit. en Torres, 2001: 166).

     Más tarde, en 1859, Carlos Alberto Darwin, fisiólogo inglés, con su obra: Del origen de las especies por medio de la selección natural vino a reforzar la idea de que existe un orden natural que produce animales, entre ellos el hombre, más fuertes o más débiles, y que éstos, los menos capaces, deben perecer como consecuencia inevitable de la evolución. Bien podría decirse que Darwin no tenía la intención de que esta teoría tuviera fines racistas, pero así ha sido utilizada en muchas ocasiones.

     Richard Pipes, liberal, profesor de Historia en Harvard, invoca en su libro Propiedad y libertad (1999) a William James para tomarlo como respaldo, ya que este último autor, después de Darwin, llegó a proponer una teoría psicológica en donde trataba de demostrar que los hombres rigen sus actos por el instinto, en el cual el deseo de adquirir era básico (cit. en Pipes, 1999: 87). De igual manera retoma a otro profesor de Harvard, William McDougall, quien en Introducción a la Psicología Social (1908), llegó a referenciar como instintos básicos de los seres humanos el de curiosidad, y claro, el de adquirir. (Ibídem, 1999: 87).

     Otra forma de apoyar con argumentos biologicistas las injusticias sociales fueron el injerto de ideas de la etología y de la sociobiología a la economía, antropología y sociología. Ya desde fines del siglo xix, y después de las dos guerras mundiales, este primer grupo de disciplinas naturalistas vino a exponer sus resultados en cuanto al comportamiento de los animales, y de ahí se empezaron a realizar analogías con el origen de la conducta de los hombres y mujeres; el mismo Pipes, especialista en historia Rusa, ha retomado estos argumentos para afirmar que, pese a que muchas de las aportaciones de la Psicología y Sociología han demostrado que nuestros actos y pensamientos son producto de nuestra cultura, los deseos de adquirir, de poseer no es una tipicidad de los humanos sino de todos los animales. Llega a decir que para el mismo acto de procreación es necesaria la propiedad (Pipes, 1999). De igual forma menciona Pipes que el creer que el hombre mediante la educación, las leyes –es decir, el entorno social–, puede llegar a mejorarse, para eliminar la agresividad y hacer que los seres humanos convivan felices entre ellos, todo esto, es idea de los socialistas y comunistas. (Ibídem: 103).

     En el siglo xx estas ideas de Joseph Arthur de Gobineau, las propuestas de “eugenesia científica” del antropólogo inglés Francis Galton (1822-1911) y el darwinista social Ernest Haickerl (1834-1919), junto con las ideas nazi de racismo, tuvieron repercusiones por todos conocidas (Torres, 2001). Todos ellos bajo el argumento de que genéticamente puede haber hombres y mujeres superiores a otros, contribuyeron a reafirmar las bases racistas del liberalismo o neoliberalismo: que por la gracia del nacimiento o por un orden divino, algunos tienen más capacidad; como si el contexto no fuera determinante.

     Bajo este telón de racismo y de fatalismo, donde los seres humanos deben tener propiedad y donde unos son superiores que otros, aparece lo siguiente: Richard Herrnstein, perteneciente a la tradición racista americana (Antaki, 1997: 73), profesor de psicología y jefe del Departamento de Psicología de la Universidad de Harvard es citado por el psicólogo Hans J. Eysenck en su obra: La desigualdad del hombre, de 1973, tomando un silogismo de Herrnstein:

1. Si las diferencias de aptitud mental se heredan, y

2. Si el éxito social requiere esas aptitudes, y

3. Si los ingresos y el prestigio dependen del éxito,

4. Entonces el status social (que reflejan los ingresos y el prestigio) estará basado en cierta medida en las diferencias heredadas que se dan entre la gente (cit. en Torres, 2001: 167).

     Eysenck (cit. en Torres, 2001) explica que “la herencia explica una parte dos veces mayor del desarrollo intelectual que el medio”  (p. 168). Lo que Herrnstein reafirma:

...sólo si los individuos capaces y enérgicos pueden subir y desplazar a los torpes e indolentes será posible que haya una selección de acuerdo con diferencias heredadas. La movilidad social de hecho se encuentra bloqueada por diferencias humanas innatas una vez suprimidos los impedimentos sociales y legales. [...] Independientemente de otras consecuencias, servirá para incrementar la diferencia de ci (cociente intelectual) entre las clases superiores y las inferiores y hará que la escala social sea aún más empinada para los que se quedan abajo [...] implica que en el futuro, a medida que avance la tecnología, la tendencia al desempleo quizá llegue a incorporarse a los genes de la familia, lo mismo que ha ocurrido con las dentaduras defectuosas (cit. en Torres, 2001: 168).

     Charles Murray, profesor de ciencias políticas, quien en su juventud fue Cruz de Fuego del Ku Klux Klan, así como inspirador de Ronald Reagan (Antaki, 1997: 73), junto con Richard J. Herrnstein, publicaron en 1994 un libro titulado: The Bell Curve. Intelligence and Class Structure in American Life. De acuerdo con Jurjo Torres (2001), en este texto se pretende defender la idea de que entre las razas hay distinciones de niveles de inteligencia, lo que lleva a decir, sobre todo a los estadounidenses, que la gran discriminación mundial que realizan ellos se basa simplemente en acomodar las cosas en su sitio: quieren los mejores puestos de trabajo para los blancos (p. 170), que para ellos son los más inteligentes y los que por cuestión genética fueron dotados de más capacidad intelectual; estamos ante situaciones divinas, por lo que cualquier lucha social contra esta gran discriminación es ignorancia de aquellos a los que no les han dicho que los anglosajones, curiosamente, son los que la gran divinidad escogió para hacerlos más capaces, ¿se puede creer tal fanatismo opresor?


Pobreza

Si el mundo que hoy permea todas las esferas de la existencia, y por ende el aspecto de la pobreza, es el mundo liberal, entonces se entiende que unos nacen más dotados por la naturaleza (los blancos anglosajones) y otros no (el resto) por lo que si muchos seres humanos viven en la pobreza y los anglosajones blancos no, es porque sencillamente la selección natural así lo quiso.

     Como ya se ha dicho, existe un aspecto racista que justifica las desigualdades, ya que, como se mencionó, autores como Richard Herrnstein, de Harvard, y Charles Murray, quien fuera miembro del Ku Klux Klan e inspirador de Ronald Reagan, este último uno de los liberales que trajo el Neoliberalismo a finales del siglo xx, y otros más, han dicho que los blancos son genéticamente más inteligentes que los negros y, por lo tanto, todo lo que sea ayuda social, que cuesta dinero a los gobiernos y otras formas de apoyo a los grupos con pobreza será visto como negativo, puesto que favorecerán la conservación de la delincuencia, del crecimiento demográfico –y otros problemas–, puesto que los menos “listos” son los que tienen más hijos, y así, en general, se estará ayudando a que se reproduzcan los grupos que restarán el potencial intelectual de las sociedades, y más de la estadounidense en este caso (Antaki, 1997).

     Poco antes de la publicación de The Bell Curve apareció otro libro llamado Race and Culture en la misma corriente conservadora. Este texto explica que el éxito social depende de la inteligencia, la cual es heredada, y que la distribución de los genes de la inteligencia va de acuerdo a los grupos étnicos o raciales; además, según este texto, existe una relación directa entre el iq (Coeficiente intelectual) y el rendimiento en la escuela y la familia, así como existe la correlación iq débil y desempleo, familias desintegradas, y claro, pobreza. Por lo tanto la moraleja es clara: la gente es pobre porque no es inteligente y los blancos son los más listos. Esta fue la tesis de la Alemania nazi (Ibídem: 74-76).

     Estos son los argumentos de los que propugnan hoy por una globalización, donde el rico sí puede moverse junto con su dinero para hacerse más rico, mientras que al padre de familia no se le deja entrar a otros países, a trabajar, por su bienestar. Como ejemplo, vale la pena retomar los testimonios de Chossudovsky (2002), quien comparte que sus experiencias como economista coincidieron con el golpe militar en Argentina de 1976, donde además de muertes y deshumanización existía, como telón de fondo, toda la estructura de libre mercado con que estaban aniquilando a los pueblos de América con recetas económicas de la cia, del Fondo Monetario Internacional (fmi) y los “Chicago boys”; en 1990 Perú sufrió el castigo por no adaptarse al fmi y el precio del combustible subió 31 veces y el del pan 12 en un solo día; de 1992 a 1995 en India, Bangladesh y Vietnam más de “la libre empresa”: en India, como resultado de la mano del fmi, se acrecentó la indigencia, en tanto que, después de las medidas de desregulación del mercado de granos en Vietnam, las hambrunas no se hicieron esperar; después de la crisis financiera de 1997 en Asia y con la intervención liberal del fmi en Corea del Sur, cuatro mil trabajadores al día quedaron sin empleo. Y así, más medidas del “dejar hacer, dejar pasar”, de las acciones económicas anglosajonas liberales aplicadas de forma simultánea en más de 150 países, lo que crea un nuevo orden que se nutre del racismo, la pobreza y del aniquilamiento del medio ambiente.

     Desde Reagan y Thatcher la directriz fue recortar el gasto público, debilitar el poder de los gobiernos por medio de la eliminación de los programas de bienestar social para ceder el poder a los concentradores de dinero que aprovecharan este modelo liberal donde se desregulariza el mercado de mano de obra, desindexación de ganancias, ya no más prestaciones, contratos precarios, empleos de medio tiempo, no jubilación e imposición de recortes salariales “voluntarios” (Chossudovsky, 2002).

     De esta manera, si el país en cuestión no accede a estas imposiciones, las transnacionales no traerán sus inversiones y sus trabajos de miseria, dejando a esos pueblos en la pobreza absoluta, haciendo que en la proporción en que las sociedades tengan más hambre, en esa medida aceptarán más fácilmente sus imposiciones de bajar más los salarios con nulas prestaciones, y así, hasta llevar a las personas al esclavismo moderno.

     Con demasiada frecuencia la verdadera razón no explicitada es que las empresas no están dispuestas a pagarles salarios más justos, de ahí que recurran a estrategias insolidarias como la de desplazarse a otros países donde se pueden obtener mayores beneficios económicos sobre la base de recortar salarios; a países en los que es factible contratar mano de obra en condiciones laborales casi esclavistas (Torres, 2001: 31).

     Para que una empresa pueda sobrevivir en el entorno competitivo del capitalismo tiene que reducir sus gastos y aumentar sus ganancias, por ello se invierte tanto en el desarrollo de la tecnología: para abaratar los procesos productivos y no perecer frente a la empresa rival, pero ¿cómo se disminuye el costo del insumo de “la mano de obra”? Pues se organizan estos dueños del dinero y por medio del fmi, Banco Mundial, Estados Unidos y otros, crean unas medidas económicas donde tengan a pueblos enteros como eternos deudores, quebrándolos y prestándoles más dinero, pero bajo condiciones de libre mercado, que traen como resultado la pobreza total de estas naciones, y así, con hambre, les ofrecen inversiones con salarios que sólo les permitan sobrevivir para seguirlos explotando, y como los pueblos están en la miseria, aceptan, siendo entonces la pobreza un insumo más del capitalismo, ¿podrá un día, entonces, el capitalismo, eliminar la pobreza si es su principal materia prima, si se nutre de ella?

     Se crean centros encerrados de reservas de pueblos enteros empobrecidos, de mano de obra barata, los cuales compiten entre sí internacionalmente para ver quien acepta menos salario, y cuando surgen descontentos sociales por estas condiciones de hambre, las inversiones de capital se trasladan a otros centros de reserva de mano de obra todavía más barata, siendo una competencia de ver quién es más pobre, y ese será el mejor mercado para llevar las inversiones.

     Con la mano de obra esclavista que ellos mismos forman, los subsidios de los países empobrecidos, la desregulación de prestaciones y de normas para el medio ambiente, más los salarios de muerte que dan, entonces, los costos de producción son bajos, se paga prácticamente nada a los productores primarios, pero los intermediarios de los países ricos elevan el precio creándose un valor agregado, una jugosa ganancia que se apropia el capital corporativo aumentando el pib de la nación del primer mundo. Por ejemplo, en Estados Unidos el 60% del calzado que circula es hecho en China, pero claro que es mucho más caro su precio en el continente Americano y todo ese grueso de recursos no se va en mejorar los sueldos de hambre de los chinos, sino en ampliar la ganancia del inversionista de los países ricos (Chossudovsky, 2002).

     ¿Qué consecuencias ha tenido todo esto? Esta reestructuración de la producción en países pobres donde la mano de obra es más barata ha tenido sus efectos claros: más desempleo y más bajo salario, el desempleo se internacionaliza como consecuencia de que los capitales emigran hacia donde puedan pagar menos. Con la desregulación liberal los trabajadores pierden sus derechos conquistados. El desempleo funciona como una palanca que regula los costos de la mano de obra en el mundo, la abundante oferta de personas sin empleo permite el descenso de los salarios. Los salarios en el tercer mundo y Europa oriental son hasta setenta veces más bajos que en los Estados Unidos; trayendo el enorme empobrecimiento de los trabajadores a escala planetaria las posibilidades de producción se incrementan (Chossudovsky 2002). Según la Organización Internacional del Trabajo (oit) el desempleo afecta a mil millones de personas en el mundo, es decir, casi una tercera parte de la fuerza de trabajo del orbe. (oit, Second world employment report, 1996, cit. en Chossudovsky, 2002).

     Al comienzo de este siglo la población mundial es de más de seis mil millones, de los cuales, cinco mil millones viven en países pobres; mientras que los países ricos (con casi el 15% de la población mundial) controlan cerca del 80% del ingreso mundial total. Aproximadamente el 60% de la población mundial (con una población de más de 3.5 mil millones de personas), recibe el 6.3% del ingreso mundial total (menos que el pib de Francia y sus territorios ultramarinos). Con una población de más de 600 millones de personas, el pib de toda la región subsahariana del Africa es de aproximadamente la mitad que el del estado de Texas (Ibídem: 30).


En América Latina

En Bolivia, por ejemplo, el trabajador que percibe el equivalente de dos salarios mínimos no puede alcanzar a cubrir los requerimientos nutricionales indispensables para él y su familia; el déficit salarial/nutricional constante es de 40%. En Venezuela los salarios tampoco cubren las necesidades mínimas del maestro de primaria, peón, panadero, cortador textil, conductor de autobús, minero, cajero bancario o comercial, recepcionista de hotel o mecánico. Para el año 2001, en América Latina se calcularon 317 millones de pobres e indigentes (cepal), esto es el 62% de la población total que “siempre son mayoritariamente indígenas y afroamericanos” (Pineda, Francisco: “Nuestra América: entre el racismo y la liberación”, en: Rebeldía [6, 53], abril de 2003).


La educación superior
Si la filosofía política liberal entiende un orden social donde unos nacieron más “aptos” que otros, entonces la pobreza es algo inevitable y por lo tanto la educación, y sobre todo la superior, no será para todos.

     Si el desempleo es una palanca para la regulación del insumo de obra barata para los empresarios liberales, y se forman núcleos de personas sin empleo que sirven para regular y disminuir cada vez más los salarios, entonces, se crea un contexto que requiere un tipo de educación muy específica: una que tenga a las personas lo suficientemente educados para ser explotados y lo suficientemente ignorantes para dejarse explotar:

El Banco Mundial es quizá la institución financiera más preocupada por lo que considera excesos en el gasto público en educación, de ahí su obsesión por reducirlo. En el Documento Sectorial que realizó sobre Educación en 1995, ya manifestaba explícitamente que entre las prioridades de los Gobiernos debería estar la de reducir el gasto público en educación, especialmente a partir de las etapas de Educación Primaria; así, abogan por “concentrar eficientemente la inversión pública en la educación básica y recurrir en mayor medida al financiamiento familiar de la enseñanza superior” (Banco Mundial, cit. en Torres, 2001: 90).

     Es decir, la educación juega un papel de preparación de la materia prima, en este caso los obreros, para su más óptima explotación, y claro, un trabajador capacitado para cierta labor en el proceso productivo tendrá como consecuencia un producto más rápidamente terminado, esto es, permitiría incrementar el plusproducto (Marx, 2001; t. I, vol. I: 262), para hacer más mercancías en menos tiempo, pagando la misma mínima cantidad de salario, pero aumentando por una parte la utilidad del empresario, y por otra, como requisito indispensable, la explotación del trabajador.

     En las sociedades capitalistas la educación asume la forma de aporte a la productividad del trabajo, contribuyendo así a un precio más alto de este “factor de producción”, según lo expresan los salarios diferenciales de la gente más educada. Pero esto es sólo la apariencia; lo que la educación realmente hace es aumentar la productividad de la fuerza de trabajo; productividad de la que el obrero no disfruta, acrecentando en cambio el domino del capital (Labarca, et al., 1984).

     Bajo este orden de ideas la educación superior servirá sólo como instrumento para acrecentar el lucro del inversionista. Para ello será necesario extinguir la educación pública superior, dejando únicamente la privada para que los altos cargos sean ocupados por los mismos ricos, quienes podrán pagar estas universidades privatizadas. Así, se deja al grueso de la población únicamente con la educación básica o con una educación superior tecnológica, que serviría únicamente para hacer obreros calificados, braceros en la misma patria; toda vez que: “Los bombardeos discursivos lanzados desde las esferas próximas al poder establecido insisten, una y otra vez, en establecer conexiones directas entre sistemas educativos y productividad de los mercados (Torres, 2001: 29).


Conclusiones
Es así como se ha podido mostrar cómo la visión del mundo que tienen los liberales es una concepción racista de los humanos, en la que se culpa a la naturaleza o a Dios de las desgracias de la humanidad, de haber creado a unos más capaces que a otros. ¿Y las consecuencias?, habrá tanta pobreza a la que no se podrá combatir porque será ir contra natura, y, bajo este mismo orden de ideas, la educación superior, congruente con esta realidad, será aquella que de los obreros calificados, para que el rico siga siéndolo y las grandes masas de pobres sigan ahí, en el lugar que les corresponde; de tal suerte que el capitalismo liberal crea una educación para la pobreza, pero no para eliminarla sino para acrecentarla, puesto que se alimenta de ella.


Bibliografía

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Cardoso, Ciro F. S. Introducción al trabajo de la investigación histórica. Ed. Grijalbo. España, 1985.

Chossudovsky, M. Globalización de la pobreza. Ed. Siglo xxi. México, 2002.

Dobb, Maurice. Marx como economista. Ed. Nuestro Tiempo. México, 1977.

Engels, Federico. El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado. Ed. Época. México, 1979.

Friedman, M. y R. Libertad de elegir. Ed. Orbis. España, 1983.

Gutiérrez Pantoja, Gabriel. Metodología de las Ciencias Sociales I. Ed. Oxford. México, 1999.

Ianni, Octavio. La era del globalismo. Ed. Siglo xxi. México, 1999.

Labarca, G.; Vasconi, T.; Finkel, S. y Recca, I. La educación burguesa. México, 1984.

Marx, Karl. El capital. Ed. Siglo xxi. México, 2001.

Mitropolski, D. Manual de Historia y Economía. Ed. Quinto Sol. México, 1993.

Pipes, R. Propiedad y libertad. Fondo de Cultura Económica. México, 1999.

Roll, Eric. Historia de las doctrinas económicas. Fondo de Cultura Económica. México, 2000.

Torres, J. Educación en tiempos de neoliberalismo. Ed. Morata. España, 2001.

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