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Cítese este artículo como: PIÑEYRO, Luz María: "El malestar docente en Argentina", artículo publicado en: La Tarea, revista de educación y cultura de la Sección 47 del SNTE/Jalisco (núm. 20, Guadalajara, Jalisco, México, julio de 2009. pp. 85-89).


El malestar docente en Argentina

María Luz Piñeyro*
* Profesora para la enseñanza primaria; técnica superior en Conducción y Administración Educativas; posgrado en Educación de Adolescentes y Adultos; posgrado en Informática Educativa; posgrado en Ciencias Sociales.

1. La escuela como espacio de trabajo
Las escuelas son espacios de trabajo en los que, por un lado, participan diferentes sujetos sociales (personal de conducción, maestros, alumnos, auxiliares, asociaciones comunitarias, padres, etc.), generando una trama compleja de relaciones con distintas funciones, intenciones, tiempos, tareas, responsabilidades, y por otro, al estar emplazadas en diversas regiones y comunidades, tienen diferentes historias, condiciones sociales, pautas culturales y características geográficas. Esta diversidad implica una confrontación de representaciones, visiones e intencionalidad, y como las escuelas actúan de mediadoras entre los diferentes contextos socioculturales, la adopción de una configuración particular en relación con las tareas que desempeñan, va definiendo el estilo institucional.

     La multiplicidad de elementos hace que la institución escolar articule, además de lo burocrático y pedagógico, procesos epistemológicos, organizativos, administrativos y laborales. Como las escuelas son totalidades multidimensionales, hay que tener siempre en cuenta las condiciones institucionales en las que los docentes desempeñan su tarea.

     La escuela es una de las formaciones sociales específicas que apuntan a la conservación y transformación de la sociedad, y no son neutras cultural, social ni políticamente.

     La escuela tiene la función específica que es la transmisión del conocimiento como bien cultural. Construye normas y reglas que definen lo permitido y lo prohibido, y como no es un producto acabado se vuelve un proceso constante de construcción y deconstrucción de formas sociales.

     Como espacio institucional, la escuela se expresa en la interacción de los aspectos normativo, organizativo y de significación o de relaciones sociales que construye la cultura institucional. Esta cultura es un conjunto de significaciones y valores compartidos que orienta las prácticas educativas.

     La división de trabajo que hay en las instituciones genera y supone distribución de poder y emergencia de conflictos.

     Reconocer la presencia de conflictos es muy importante, y los procesos de negociación y confrontación, la toma de decisiones, la diversidad de metas, son los que generan la “micropolítica” institucional.


2. La modificación de contenidos del trabajo docente
Las funciones que asumen las escuelas crecen día a día en complejidad y amplitud, pero esta creciente, no guarda correspondencia con la dinámica de la organización. Se han multiplicado las tareas pero la estructura y la normativa se mantienen sin cambios.

     A las funciones sustantivas de creación, recreación y distribución de saberes y conocimientos formalizados, se le suman las funciones relativas a lo administrativo, lo comunitario y lo asistencial.

     Estas funciones han crecido sin previsión por parte de las organizaciones escolares. El incremento de las mismas se generó a partir del requerimiento de otros sectores como Salud y Acción social, y su origen no tuvo un carácter planificado.

     Los nuevos contenidos de la tarea docente pasaron de ser funciones instrumentales o complementarias a funciones sustantivas.

     El incremento de funciones no sólo aumentó los contenidos de la tarea docente sino que ha desplazado sus funciones pedagógico-didácticas.

     La incorporación de componentes asistenciales ha afectado de diferentes modos la vida de las escuelas y el trabajo de los docentes.

     En contextos de pobreza crítica, las escuelas se asumen como instituciones que absorben las funciones que antes ejercían otros agentes sociales: alimentación, control y atención sanitaria, orientación familiar, provisión de recursos escolares, servicios psicopedagógicos.

     Todo esto impacta fuertemente en la calidad de la enseñanza-aprendizaje y produce una compleja modificación en los contenidos del trabajo docente. Frente a ello, las respuestas no son homogéneas.

     En algunos casos, la dinámica institucional queda atrapada por una lógica rutinaria y ritualista que apela al reglamentarismo como modelo de gestión, otorgando más importancia a los aspectos administrativos que a los pedagógicos. Se trata de instituciones que centran su preocupación en la propia reproducción y conservación y no en cumplir con su función social.

     En otras escuelas, la dinámica institucional adopta una lógica integradora y de articulación institucional que apela a la autonomía docente para fortalecer su capacidad de gestión, reconoce lo pedagógico como sustantivo en relación con los aspectos administrativo, comunitario y asistencial.


3. La complejidad del trabajo docente
La valorización social de la tarea docente y la imagen que los docentes, como grupo social, tienen sobre sí mismos, está condicionada por las características del modelo económico, la configuración de la estratificación social y el rol del Estado en relación con las políticas sociales y específicamente con las políticas educativas.

     Los docentes construyen el perfil laboral que le da sentido a su labor a partir de su identidad colectiva y de la interacción con la imagen social vigente en el momento histórico.

     En el cumplimiento de las funciones sociales y asistenciales de la tarea docente, se va definiendo un perfil laboral en el que lo vocacional, la entrega y el sacrificio, cobran mucha importancia.

     El trabajo docente tiene, desde otra perspectiva, las características del trabajo asalariado ya que recibe una retribución mensual por brindar un servicio y tiene un contrato laboral que le confiere derechos y obligaciones. Tiene un aspecto homogéneo dado que el Estado determina el salario y el trabajo, y está reglamentado por la misma normativa en cada jurisdicción; pero, a la vez, es heterogéneo, en cuanto a los diferentes contextos sociales que determinan las diversas formas de trabajo.

     En relación con la profesionalización del trabajo docente, hay un conjunto de aspectos históricos, sociales, políticos y económicos que inciden para que esta profesión tenga características muy diferentes a otras.

     El trabajo docente es una labor profesional ya que requiere un saber adquirido en forma sistemática, brinda un servicio relevante a la sociedad y su prestigio está determinado por la significación social de lo educativo.

     Con respecto a la jornada laboral, el trabajo docente es de tiempo completo. Sus tareas son de tiempo ante los alumnos, capacitación, corrección, planificación, actualización.

     De acuerdo con la sociología de las profesiones, lo que las define es el grado de autonomía. En este sentido, el trabajo docente va desde un alto grado de autonomía hasta un alto grado de heteronomía, según el modo en que la institución educativa y el estilo del personal docente resignifiquen la normativa que regula la tarea.

     En un modelo de trabajo con menor grado de autonomía y alto grado de dependencia de los organismos de administración y planeamiento, el trabajo se reduce a la ejecución, a poner en marcha lo planificado por otros, reduciendo los niveles de decisión a alternativas de acción. Hablamos entonces de un “práctico idóneo”, cuando el docente se limita a transmitir textualmente contenidos curriculares sin atender a las particularidades comunitarias, institucionales y áulicas.

     En un modelo de trabajo con alto grado de autonomía, el trabajo docente incluye la instancia de concepción y planificación como actividad de creación, previsión y su sentido y fin en la institución. Hablamos de un trabajo profesional más autónomo cuando el docente puede seleccionar los contenidos curriculares y adecuarlos a las necesidades e intereses de una determinada institución, perteneciente a una comunidad particular y con un grupo específico de alumnos.

     Si bien la normativa del trabajo docente es general y homogénea, la resignificación que hace cada institución educativa, determina los distintos grados de autonomía en el desempeño de la tarea.

     Esta relación entre lo autónomo y lo heterónomo de la tarea, es clave para la calidad de la misma y el desarrollo educativo en general.

     La concepción del docente-apóstol que realiza su tarea con abnegación y sacrificio, sin referencia a su condición laboral ni situación salarial, ha predominado en el discurso de la política educativa durante muchos años, así también como las demandas de las supervisiones y conducciones institucionales en relación con los aspectos técnicos y profesionales.

     Las familias demandan a la escuela pública que los docentes enseñen con algunas diferencias según el sector social del que provenga la demanda; los sectores de alto riesgo social, demandan el trabajo asistencial y de custodia; los sectores medios, la contención afectiva.

     Las organizaciones gremiales basan su acción en la concepción del docente como trabajador asalariado y critican la concepción del docente apóstol.

     Frente a estas complejas demandas el docente encuentra gran dificultad para superar las concepciones del pasado y reemplazarlas por otras que resignifiquen su trabajo revalorizando lo pedagógico, conformando sujetos políticos, protagonistas y organizados; favoreciendo la formación del pensamiento autónomo y convirtiendo a la escuela en un escenario de práctica democrática.


4. La salud mental docente
Las múltiples presiones: históricas, coyunturales, sociales y políticas en que se desarrolla la tarea docente, y las respuestas personales que da cada uno de los actores, van conformando la salud mental del docente.

     El maestro ve sus problemas de salud como fatalidades que no se relacionan con el trabajo que realiza; le resulta más fácil visualizar problemas en sus colegas que en él mismo, pero no los relaciona con la tarea.

     Desde el Estado no hay políticas de prevención o capacitación para la detección de las enfermedades laborales docentes. Tampoco existe un reconocimiento desde la normativa de la existencia de dichas enfermedades.

     La sociología del trabajo define a la salud de los trabajadores como el resultado de un proceso de adaptación a la realidad y de resistencia a los factores agresivos.

     Los accidentes de trabajo y las enfermedades profesionales no pueden verse como dependientes de la fatalidad, son el resultado de la violación de normas sanitarias, técnicas, jurídicas y de principios humanos y éticos.

     Para analizar las condiciones de trabajo hay que tener en cuenta la carga física, mental o psíquica. Estos dos últimos elementos son significativos en el trabajo del maestro.

     La carga mental esta determinada por la complejidad y velocidad con que debe ser ejecutada la tarea, por el grado de atención que se requiere para poder concentrarse en ella y solucionar los problemas que van apareciendo, y por la precisión exigida para lograr un servicio de aceptable calidad.

     La carga psíquica depende de la modalidad de la organización de la tarea y el clima social, del grado de iniciativa y creatividad para organizar el propio proceso de trabajo, del prestigio social inherente a la tarea, de la posibilidad de comunicarse con sus compañeros y del grado de identificación con el producto que genera.

     El trabajo docente contiene una alta carga mental y psíquica no contemplada en la normativa para la detección, prevención o superación de las situaciones de malestar o estrés que ellas provocan.

     La tarea frente al aula es continua e ininterrumpida y requiere de un esfuerzo efectivo, tanto físico como intelectual, durante toda la jornada laboral.

     Las enfermedades más comunes son las depresiones, los estados de estrés y de malestar, la pérdida de memoria y de la capacidad de concentración, los trastornos fonoaudiológicos, visuales y posturales, las alergias y las cardiopatías.

     En los institutos de formación docente de Argentina no existe información sobre la problemática y los cuidados necesarios para la salud docente.

     El docente descuida la atención de su propia salud presionado por la exigencia social sobre su tarea y su propia convicción sobre el carácter de apostolado de su trabajo.

     Es indispensable que el Estado organice la prevención y asistencia de los problemas de salud docente, como es necesario incorporar la temática a la formación docente, y luego al aula, mediante instancias de capacitación.


4.1. El estrés laboral
El estrés laboral es uno de los fenómenos más extendidos en nuestra sociedad porque en ella el trabajo ha cobrado gran importancia social, y porque el interés por la productividad y la eficiencia no siempre fueron acompañados por condiciones de trabajo dignas y adecuadas, ni por recursos suficientes y ni un diseño de tareas y puestos de trabajo que consideren las características de las personas, sus necesidades, habilidades e intereses.

     Es una idea generalizada socialmente que el trabajo genera estrés, pudiendo llegar a producir graves problemas de salud. Se valora negativamente al estrés como una experiencia nociva a eliminar. Sin embargo no siempre esto es así.

     El estrés es un fenómeno adaptativo de los seres humanos que contribuye a su supervivencia, a un adecuado rendimiento en sus actividades y a un desempeño eficaz en muchos campos de la vida. Lo que llega ser negativo y nocivo es que esa experiencia sea excesiva, incontrolada o incontrolable.

     En un sentido positivo, el estrés produce la estimulación adecuada que permite a las personas lograr en su actividad resultados satisfactorios con un costo razonable.

     Es el sentido negativo del término el que ha despertado más interés en la investigación científica, y habitualmente se ha entendido en este sentido el término genérico de estrés.

     Así, se habla de estrés para referirse a las experiencias de presión y demandas excesivas que la persona debe afrontar sin tener los recursos adecuados ni saber cómo hacerlo.

     Existe imprecisión y ambigüedad sobre el término y las diferentes y contradictorias formas de definir el estrés.

     Se le ha definido como el esfuerzo agotador para mantener las funciones esenciales al nivel requerido, como información que el sujeto interpreta como amenaza de peligro, como frustración y amenaza que no puede reducirse, o como imposibilidad de predecir el futuro.

     Otros autores definen al estrés como fuerzas externas que producen efectos transitorios o permanentes sobre las personas. Lo caracterizan como situaciones nuevas, intensas, cambiantes e inesperadas. Otras definiciones entienden el estrés como una respuesta fisiológica o psicológica que la persona da ante un determinado estímulo ambiental o estresor.


4.1.1. El estrés laboral docente
Un informe de la OIT sobre Condiciones de Trabajo del Personal Docente define al estrés docente como: “síndrome de respuestas de efectos negativos (como enojo y depresión), generalmente acompañados de cambios fisiológicos (como ritmo cardíaco acelerado), consecuencia de algunos aspectos de la tarea del educador”.

     Se considera al estrés docente una enfermedad profesional por ser uno de los problemas que afectan cada vez más a los educadores en su medio laboral. Según este informe, un número creciente de estudios muestran que los educadores están sujetos a agotamiento mental y físico, provocado por las exigencias psicológicas y físicas de la enseñanza. Estas exigencias no sólo son perjudiciales para la salud de los educadores, sino que también constituyen un motivo importante de deserción o abandono de la profesión.

     El problema del estrés laboral docente no es sólo de Argentina, José M. Esteve Zarazaga, autor de textos referidos al malestar docente, dice que la presencia de un sentimiento de malestar más o menos difuso y extendido era patente hace algunos años entre los profesores, y que en la actualidad hay que recurrir a términos como “exasperación”, “desconcierto” y “contradicción”, para describir el estado de ánimo. Para este autor el fenómeno no es una peculiaridad del sistema educativo español o argentino, la profesión docente ha dejado de ser atractiva para los jóvenes de Francia, Gran Bretaña y Alemania.

     Esta crisis puede compararse con los apuros de un actor que, vestido con su ropa clásica, sin previo aviso le cambien el decorado; su trabajo está fuera de lugar y él lo sabe. Interiormente se consuela pensando que la culpa no es suya.

     En últimos años también ha cambiado profundamente el decorado de la enseñanza. Sólo la reflexión y la imaginación pueden sacar a nuestros profesores de la contradicción y el desconcierto.

     Considera Esteve Zarazaga, que un sistema que propone una educación y una retención masivas, todavía cuenta con profesores formados para una educación de élite; muchos profesores no han reflexionado en estos cambios y están perplejos. Mientras no se pueda paliar esta situación general de desconcierto, es improbable que mejore la calidad de enseñanza. Para lograrlo hay que devolver la confianza en sí mismos a los docentes, exigir un trabajo de calidad y controlado efectivamente, dando a los profesores un reconocimiento salarial y de condiciones de trabajo, que le permitan mejorar su autoconcepto profesional.


Bibliografía

ALMANDOZ, María Posa y Hirschberg Sonia. La docencia un trabajo de riesgo. Grupo Editorial Norma. Colombia, 1992.

KORMBLIT, Analía y Méndez Diz, Ana María. El profesor acosado: del agobio al estrés. Ed. Humanitas. Buenos Aires, 1993.

PEIRÓ Silla, José María. Desencadenantes del estrés laboral. Ed. Pirámide. España, 2000.

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