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SECCIÓN

... el recreo

Cítese este poema como: NUNGARAY, Ángel Rafael: "Brasas propicias", publicado en: La Tarea, revista de educación y cultura de la Sección 47 del SNTE/Jalisco (núm. 20, Guadalajara, Jalisco, México, julio de 2009. pp. 157-158).


Brasas propicias

Ángel Rafael Nungaray*

* (Yahualica, Jalisco, 1968). Es autor de los poemarios: Estaciones de la noche (2002), En el vacío de la luz (2002), Morada ulterior (2004) y Plexilio (2008). Obra de su autoría está incluida en las antologías: Poesía viva de Jalisco (2004), Muestrario de letras en Jalisco (2005), Los mejores poemas mexicanos (2006), Animales distintos. Muestrario de poetas mexicanos, argentinos y españoles nacidos en los sesenta (2008) y Mapa poético de México (2008). Actualmente es becario del Programa de Estímulos al Desarrollo Artístico de Jalisco.

1

Hay un juego de bruces,

hay un fuego de bruces

oculto en la maniobra de la sed.

 

2

La arcilla sopesa los rayos del tormento.

El espíritu infiltrado en la arcilla

se renueva en sus desapariciones.

 

3

Como poblando mares

sobre la incertidumbre de la sal

la luz se cansa.

4

Hay un resplandor

y una oquedad restante

bajo estos ojos.

 

5

En el término del cauce

la arena reaviva su fuego.

 

6

Los días han crecido ahí,

en el propio raudal.

 

7

De brasas propicias

y esquirlas de clemencia

cerca la gratitud sus campos.

 

8

El día acontece lleno de estruendos,

lejos de la memoria.

 

9

La voluntad es una estela

en la caída de efluvios.

Una reminiscencia apartándose.

10

Sólo se conserva la nitidez

del desamparo;

la claridad sofocante

de la caída:

el esternón y la súplica dislocados.

 

11

Se demora la lucidez

en la vertiente del vértigo.

 

12

Imperturbable hastío.

 

13

Las naves y olvido

hacia otros acercamientos.

 

No se mueve la lejanía

que Dios es.

 

14

El resplandor nos sostiene

en su península apócrifa.

 

Hemos llegado,

hemos levantado nuestra bienvenida

desde la entraña del adiós.

 

15

En la sombra hay ínsulas

adonde no llega

la sal de los deslumbramientos.

 

16

La sal de salmodia

dispersa el ramaje

de los pasos.

 

17

Es Dios quien mueve el pedal de la nada.

 

18

El ocaso del movimiento

ilumina la comparsa

del abandono.

19

El hombre es un páramo.

Dios, el espejismo involuntario.

20

Estoy lejos de la asequible comarca.

Un peldaño separa al mí del yo.

 

21

Estepa solícita

que contrae la germinación

y el diluvio.

Estepa, está penado el paso ciego:

el antígeno.

 

22

El puerto nómada,

la nave implantada en la fijación

ocular.

La ausencia sustenta los dos ejes.

 

23

Colmena del despertar.

Las abejas merodean

el crepúsculo de la visión.

 

24

La casa se agolpa

en el reflejo de los cristales.

Aún vacía

es una reiteración

de una presencia.

 

25

La tiniebla es el peso

de todo desarrollo.

La victoria se ejerce

desde el abismo.

 

26

Como un sucio rencor

va atándose el infierno

al estrecho canto,

al crepitar de alas,

a las nervaduras del vendaval.

 

27

Un caudal doblega la insistencia.

 

28

La irrealidad nos desmiente.

Somos los pasajeros del tren del absurdo,

vamos y volvemos sobre un punto,

ese punto está enclavado

en el corazón.

 

29

Un cuerpo flagelado

se destruye en el filo ciego

de la impiedad.

 

Hay hombres que flagelan a Dios.

 

30

Los ojos,

arpones contra el muro.

Hasta que la mirada

lo torne invisible.

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