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... el rollo

Cítese este artículo como: CÁRDENAS Torres, Berenice: "Una entrevista con Paco Cascón", artículo publicado en: La Tarea, revista de educación y cultura de la Sección 47 del SNTE/Jalisco (núm. 20, Guadalajara, Jalisco, México, julio de 2009. pp. 71-77).


Una entrevista con Paco Cascón
(Realizada en la ciudad de México el 27 de julio de 2007, durante el Encuentro Latinoamericano de Experiencias Educativas
para la Paz, los Derechos Humanos y la Equidad de Género)

Berenice Cárdenas Torres*
* Docente de la Unidad Guadalajara de la Universidad Pedagógica Nacional y coordinadora del Diplomado en Derechos Humanos que imparte la misma institución; consejera ciudadana ante el Instituto Jalisciense de las Mujeres para el período 2007-2013. Correo-e de la entrevistadora: berenicect@hotmail.com / Correo-e del entrevistado: pacoc@pangea.org

¿Quién es Paco Cascón?

Francisco Cascón Soriano (Paco Cascón) nació en Santander, España. Se considera un ing  (es decir, un Individuo No Gubernamental) asociado a muchas Organizaciones No Gubernamentales (ong). Su trabajo como educador para la paz le ha permitido viajar por todo el mundo realizando acciones no-violentas para construir la paz, e impartiendo talleres a educadores sobre resolución de conflictos.

     Comenzó promoviendo acciones no violentas desde que era estudiante de medicina, cuando España salía de la dictadura franquista, imaginando nuevos caminos para la paz.

     En esa época conoció a un activista hindú que le inculcó los principios gandhistas de la no-violencia y, convencido, inició acciones pequeñas que pronto tuvieron eco en su comunidad, en su país y hoy en todo el mundo. Es conocido y reconocido por haber formado un escudo humano en la guerra de El Salvador, por hacer dialogar a la sociedad civil y al ejército en Colombia y por convencer al congreso Vasco de la necesidad de reconocer la igualdad de oportunidades para los miembros de la sociedad, entre muchas otras acciones.


Breve currículum de Paco Cascón

* Profesor de la diplomatura sobre “Cultura de Paz” de la Cátedra Unesco sobre Paz y Derechos Humanos de la Universidad Autónoma de Barcelona.

* Colaborador del Centro de Investigación para la Paz de Madrid.

* Miembro del consejo de redacción de la revista En Pie de Paz.

* Ha colaborado con artículos sobre Educación para la Paz en diversos periódicos: El País, Alerta...; revistas: Cuadernos de Pedagogía, Aula educativa, En Marcha, Trabajadores de la Enseñanza, Monitor Educador, Catequética, Integral, Mocador...

* Es autor o coautor de diversos libros: La alternativa del juego (I y II); Educar para la paz una propuesta posible; Unidad Didáctica de Derechos Humanos, Unidad Didáctica de Gastos militares y necesidades sociales; Igualdad para vivir, diversidad para convivir: educar para no discriminar; Manos cooperativas; Hazañas bélicas; Resolución no-violenta de conflictos; Educar para la Paz y la Resolución de conflictos...

* Ha impartido talleres de Educación para la Paz, Resolución de Conflictos, Mediación y Derechos Humanos, con movimientos populares y universidades en El Salvador, Guatemala, Costa Rica, Colombia, México e Italia, desde 1987.

* Participó como voluntario de las Brigadas Internacionales de la Paz durante los períodos: octubre de 1987 a mayo de 1988 en El Salvador, y abril de 1991 a septiembre de 1991 en Guatemala y El Salvador.

Berenice Cárdenas. Para empezar quisiera que nos hablaras un poco de lo que ha sido tu trayectoria en el tema Educación para la Paz, por lo menos los aspectos más puntuales que permitan a nuestros lectores ubicar el contexto desde donde te has venido desempeñando.

Paco Cascón. Mi trayectoria... ¡Madre mía...!, tantos años... (Ríe), de repente retrotraerse veintitantos años o casi treinta... pues... a ver... yo creo que hay algunos elementos que van marcando lo que va viniendo después, ¿no? Uno, aunque sea ya un poquito de refilón, es el tema de la dictadura, a mí me toca ya al final, pero todavía me toca un poquito y eso marca, evidentemente que marca porque, pues, por ejemplo, mi último año en la prepa, mis primeros dos años en la universidad, pues son justo el final de la dictadura, la muerte de Franco, los dos primeros años de la transición; entonces, estoy metido en muchas, justo en la universidad, estoy metido en todo tipo de movimientos políticos, sociales... por la restauración de la democracia... contra la dictadura, y eso indudablemente que marca mucho política y socialmente. Estoy también en unos grupos de, aunque creo que aquí lo manejan diferente, cristianos de base, comprometidos socialmente, grupos católicos, pero no de la jerarquía sino de la base.

     Son años en los que yo estoy metido en muchas luchas sociales, muy comprometido, y que me hacen replantearme algunas cosas porque tengo un problema con el tema de los métodos.

     Casi toda la gente que en la universidad está metido en este tipo  de luchas sociales, está dentro de grupos de ortodoxia de izquierda, clásica, sobre todo el Partido Comunista, etcétera, y su forma de lucha es, evidentemente, cada vez que hay movilizaciones... es prender fuego a los coches, bueno, todo así ¿no?; a mí eso no me parece que sea una buena forma de lucha, entonces... estoy metido en todas las luchas, pero empiezo a plantearme que tiene que haber otra forma de hacer las luchas ¿no?

     Lo que para mí siempre estuvo muy claro es que lo que no puede hacer uno, que por no estar de acuerdo, por ejemplo, con una forma de lucha, haga lo que sería más cómodo de hacer y que hacían algunos compañeros, que es decir: “como esto no va conmigo, no hago nada”.

     Yo siempre he pensado que la mayor equivocación es no hacer nada. En cualquier cosa que se haga te puedes equivocar, pero la equivocación total y completa es no hacer nada.

     Por suerte no caí en esa tentación, sino en explorar, y tengo la gran suerte de que por aquella época, estamos hablando de...

B. Los setenta...

P. Sí, finales de los setenta, ochenta, y tengo la suerte de conocer a una gente que viene de la India, gandhianos, de conocer toda la experiencia de Gandhi, que es como una suerte tremenda porque engancha perfectamente con la búsqueda que yo tengo en ese momento; descubro que sí, que puedo seguir haciendo lucha social pero con unas herramientas muy diferentes, y de hecho pongo en marcha en la universidad todo un grupo de acción no-violenta. Los grupos de izquierda clásica se sacan totalmente de onda.

B. ¿En qué universidad estabas?

P. Yo estaba en la Facultad de Medicina en la Universidad de Cantabria, en Santander. Pongo en marcha diversos grupos, de hecho empiezo a proponer acciones no-violentas, los grupos de izquierda clásica se sacan de onda muchísimo, pero ven que efectivamente llega a la gente, que conseguimos éxitos importantes; entonces, bueno, se empiezan a sumar a esas acciones también. Consigo bastante respeto, tanto de un lado como del otro, de hecho es bien chistoso porque cada vez que van a elegir representantes de la universidad, los grupos de izquierda presentan a los suyos, los de derecha a los suyos y yo consigo los votos de todos porque los de izquierda me ven con simpatía, porque estoy metido en las luchas; los de derecha no tanto, pero, a fin de cuentas, tampoco soy del Partido Comunista ni nada, con lo cual de lo malo, malo... bueno, un poco acabo saliendo siempre como elegido. Todo eso, evidentemente, marca muchísimo.

     Al principio fui representante de mi clase, enseguida soy representante de la Facultad de Medicina y finamente alcancé la representación de la universidad, a nivel estatal. Y bueno, acaban esos años, tan convulsos y tan fuertes, y bueno, yo empiezo paralelamente a hacer también toda una serie de movimientos no-violentos, ya no sólo en la universidad sino afuera; empezamos toda la lucha contra el Servicio Militar Obligatorio en España, que hasta hace 5 años era obligatorio cuando llegas a los 17 años, y yo justamente estaba llegando a esa edad. Para mí el Servicio Militar no tiene nada que ver con lo que pienso, yo no quiero aprender a utilizar las armas, así que ponemos en marcha la campaña muy fuerte en el 77, y mira, aquí sí me acuerdo, de algunas fechas sí me acuerdo, así que sí, estamos hablando de los setenta. En el 77 ponemos en marcha el movimiento de objeción de conciencia que se niega a cumplir el Servicio Militar, empezamos una larga campaña, pasamos por la cárcel muchas veces, mucha represión, hasta que, finalmente, pues por todo el proceso de empezar la democracia deciden, bueno, no meternos en la cárcel ya más a los objetores, porque no queda bien en un proceso democrático estar metiendo a gente por motivos de conciencia, y van dando largas, diciendo: “bueno, ya veremos lo que hacemos con ustedes, ya veremos, pero de momento no en la cárcel para que no molesten”, y pasan cosas curiosas y contradictorias porque nos presentamos ante los juzgados, ante los gobiernos militares exigiendo que, una de dos, o cambien las leyes o nos metan en la cárcel (risas), es el planteamiento de la no-violencia.

B. Claro, y hay que seguir la ley...

P. Sí, nosotros no nos escondemos, “sigan ustedes la ley, o cámbienla o métanos en la cárcel”. Entonces ahí entran muchas contradicciones, esa fue una larga lucha, fíjate, no acabó hasta el 2000. En el 2000 por fin acabó el Servicio Militar que ahora ya no es obligatorio. Sí, sí, 23 años de lucha, pero bueno... tuvo un éxito porque era algo muy fuerte. Salíamos de la dictadura, era una cosa que iba contra... el tema militar, ¿no?, o sea, era muy duro, muy duro eso.

     En un momento dado, como digo... después de que pasó la fase más convulsa, la gente se va acomodando, ya... ya se producía la transición, entramos en un régimen democrático; es curioso cómo la gente olvida rapidísimamente que no hace, ni cinco ni diez años que hemos salido de la dictadura, pero todo el mundo ya cree que la democracia es como de toda la vida, que ya está conquistada, y todo eso hace que, bueno, pues que toda la experiencia que llevábamos de luchas sociales no-violentas, empiece, pues poco a poco, a bajar, a bajar, porque cada vez hay menos gente que quiere comprometerse, que quiere...

     Yo hacía muchos entrenamientos, con mucha gente preparando a la gente, pues para los movimientos no-violentos, etcétera; cada vez es menos gente la que te pide, algunos movimientos ecologistas, pero poco más. Y empezamos a pensar que todo ese aprendizaje que habíamos hecho, ¿por qué no?, también pasarlo, ya no a la gente comprometida, que está dispuesta pues a jugarse la cárcel, golpes, la libertad, la vida incluso; sino, por qué no pasarlo a educar a la gente desde chiquita. Y de hecho el primer libro de Alternativa del juego I, no surge para educadores, sino que lo hacemos para la gente de los grupos que estábamos entrenando, de  grupos sociales no-violentos de comunidades, de organizaciones civiles, etcétera. Y es después, cuando empezamos a pasar todo eso al ámbito educativo, entonces vemos que cobra pleno sentido igualmente en ese ámbito. En el terreno educativo empezamos con cosas muy sencillitas.

     O sea, cuando me preguntas “¿cómo empezaron?”, yo todavía me río, en realidad, porque la primera propuesta de Educación para la Paz es tan ridícula, tan chiquita, como, simplemente, que en la época de Navidad hacíamos una campaña contra los juguetes violentos y sexistas. Esa era toda la Educación para la Paz, porque nosotros estábamos en la lucha social y la parte educativa solamente aparecía cuando llegaba la Navidad y nos acercábamos a las escuelas, a los papás y a las mamás, para decirles que los juguetes no son neutrales y que tuvieran cuidado de no estar regalando a sus hijos juguetes bélicos, sexistas y sofisticados; eran tres los aspectos, el último, que se refiere a lo tecnológicamente elaborado, porque no les permite a los chavales ni el desarrollo de la creatividad. Lo único divertido de un juego sofisticado es romperlo, pero como es muy caro, cuando lo rompen el papá se enoja bastante; pero es lo único creativo, romperlo y mirar a ver qué tiene por dentro. Pues es chistoso, cuando pienso en las campañas de Educación para la Paz, era eso. Eso fue todo con lo que empezamos... y, bueno, esos fueron los primeros momentos, la primera parte que estuvimos trabajando, elaborando más; después de esa fase de los juguetes nos orientamos a toda esa parte de desaprender la guerra... porque veníamos de la dictadura, porque entrábamos, justo nos querían meter en ese momento, y nos metieron, en el tratado de la otan, España entró a la otan. Entonces hicimos una campaña muy fuerte, en todo el país, para explicar a la gente lo que era el militarismo, lo que era la dinámica de los bloques; todo eso se traspasó al ámbito educativo, explicando cuál era la dinámica de la guerra, desaprender la guerra... La Educación para la Paz, en un primer momento, la concentramos mucho, muchísimo, en el contenido específico de la guerra y el desarme: desaprender la guerra y de todo el tema del desarme. Pero también esa época pasó. Finalmente la gente aceptó... se votó, hubo un referéndum que casi ganamos, pero es muy difícil luchar contra todos los medios de comunicación. Ganaron, no recuerdo ahora exactamente, pero eran cincuenta y pico por ciento, contra cuarenta y tantos... sin tener con nosotros a ningún medio de comunicación. Después de esa época, fuimos derivando hacia otros aspectos de la Educación para la Paz, ¿no?, nos centramos en temas de interculturalidad, el racismo, el asunto de la perspectiva de género que venimos trabajando desde los 80. De hecho nuestra primera Unidad Didáctica es sobre ese tema, sexo-género, que data de los ochenta, poco antes de que hubiera... porque casi ni grupos feministas había en España en esa época, como tampoco había material alguno; fue el primer material educativo, el de género, y fue producto de un seminario que realizamos, no de los grupos feministas en realidad...

B. El Seminario de Educación para la Paz.

P. El Seminario de Educación para la Paz, sí.

B. ¿Cuándo y como se conforma?

P. Se conforma en el 86. Surge un poco a partir de la necesidad, o las ganas, que diversas personas que estando en varios grupos teníamos, cada uno en nuestro sitio, pues de coordinarnos para elaborar algo juntos, porque solos no podíamos hacerlo con facilidad. Entonces, nos juntamos gente que proveníamos de diversos grupos de toda España, algunos de Galicia, otros de Andalucía, gente de Madrid, de Cataluña; yo por entonces estaba en Cantabria, ahora estoy en Cataluña y nos vamos juntando, cada mes, cada dos meses, para definir conceptos, para profundizar, para avanzar, y para empezar a elaborar materiales. El primer material fue la Unidad de sexo-género, después hacemos un librito con todas las bases de lo que es la Educación para la Paz, que se llamó Educar para la paz una propuesta posible, luego hacemos una Unidad didáctica de Derechos Humanos, otra sobre Gastos Militares... y así va saliendo toda una colección de libros, que ahorita ya son más de veinte, y ya no son sólo los nuestros, últimamente hemos editado libros de otra gente. Y quizás el último paso, después de trabajar todos esos temas, medioambientales, etcétera, vuelven a cobrar vigencia, de unos años para acá, porque en España van surgiendo muchas ongs: de desarrollo, de derechos humanos, grupos feministas cada vez mas fuertes, de interculturalidad; y cada una va retomando esos temas, con lo cual aprovechamos para hacer redefiniciones, recuperaciones... y decimos, bueno, ahora todos estos temas van a estar integrados, porque para nosotros la visión tiene que ser la visión global y transversal, volvamos entonces a concentrarnos en lo más específico nuestro, ya que hay otra gente que está trabajando estos temas y lo están haciendo bien, apoyémoslos y volvemos a redefinir, y concentramos, otra vez, en los dos temas quizá más específicos de la Educación para la Paz. Así que volvemos al tema de desaprender la guerra, volvemos al tema del conflicto. Entonces, en los últimos años nos hemos vuelto a centrar, de lleno, en el tema del conflicto, sin abandonar todo lo demás, porque el conflicto abarca la perspectiva de género, lo encontramos en los temas de interculturalidad, el conflicto lo miramos... pero, desde la dimensión de profundizar más en todo el tema del conflicto; así que, lo que en un primer momento había sido solamente, pues de prevención, un poquito de negociación, un poquito de mediación, pues empezamos a estructurarlo cada vez mejor, hemos elaborado cuatro, cinco, en este momento cinco herramientas relacionadas con el tema del conflicto, y no sólo hemos ampliado el número de herramientas, sino que cada una de las herramientas las hemos ampliado bastante más, profundizado mucho más, hemos buscado muchos más elementos, y bueno, no sé por cuántos años, pero en los últimos, como 8 años, estamos mucho más centrados en el tema del conflicto. Sí, como 8 años, porque es en 2000 cuando hago un documento para la unesco, con todos los principios básicos, que es el que titulo Educar en y para el conflicto. Este es del 2000, por ejemplo.

B. ¿Y cuándo empiezas a venir a México?

P. Bueno, hay como dos momentos. Primero vengo a México como trampolín. Yo empiezo mi trabajo en Latinoamérica, no en México sino en Centroamérica, yo empiezo el trabajo en El Salvador en el 87, durante la guerra, estoy ahí trabajando bastante tiempo. Ponemos en marcha una cosa que se llama “Brigadas Internacionales de la Paz”, personas que con nuestro cuerpo, sin más, hacemos de escudos humanos no-violentos para acompañar y proteger a personas que, sin armas, están defendiendo los derechos humanos en sus países y por ese hecho están siendo amenazadas y están siendo asesinadas. Empezamos a acompañar a gente en Guatemala, en El Salvador... yo concretamente empiezo el proyecto en El Salvador con otra gente, en el 87, acompañando el retorno de los refugiados de Honduras a El Salvador. Acompañamos a líderes de derechos humanos a El Salvador, etcétera. Y la base, el trampolín, es México. Porque es el sitio, comparado con las guerras que hay en Centroamérica, como más seguro. Entonces, venimos de aquí, desde aquí vamos para allá. Es un poco como la base. Entonces, mi acercamiento a México en esos momentos es nada más que de pasadita, y de gente amiga que hay aquí que apoya estos proyectos, que apoya todo el trabajo de Hispanoamérica, porque hay mucha gente de México que apoya todo este trabajo, y nos apoyan  ofreciéndonos de todo, casa aquí, la casa de los amigos aquí al ladito del monumento a la Revolución, aquí muy cerquita. Luego hay un segundo momento, ya de empezar a trabajar aquí también, es a raíz de que unas compañeras de Aguascalientes, de Torreón, y no recuerdo qué sitio más, vienen a Barcelona, porque nosotros teníamos una cosa que se llamaba, se sigue llamando Universidad Internacional de la Paz, en Barcelona. Tiene un nombre muy grande, en realidad es una universidad de verano, las universidades de verano no son universidades como tales, sino que son unos cursos de una o dos semanas que se hacen en verano. A raíz de eso, la gente que viene queda bastante impactada... porque ellas habían empezado un proyecto de Educación para la Paz, pero un proyecto muy cognitivo, quizás; y con nosotros ven unos planteamientos y sobre todo una metodología bastante diferente que les impacta y pues... me invitan a venir. Y bueno, desde aquél año, pues no he faltado a ningún evento. Soy la única persona que ha venido todos los años a todos los Cursos de verano, van como dieciocho años, creo. Porque me parece que es el 18, nomás que, como discontinuaron el ponerle los numeritos...

B. En Aguascalientes fue el 15.

P. Sí, o sea, yo creo que estamos por el 18, 18 años que vengo trabajando. Luego ya se fue extendiendo la cosa, porque ya he ido trabajando con otra gente y otros grupos aquí en México. La verdad es que he estado, creo que he estado en casi todos los estados, me faltan un par de estados. He trabajado con diversos grupos y en casi todos los estados. He estado en Chiapas, Campeche, Quintana Roo, en Morelia, Oaxaca, el Distrito Federal, Aguascalientes, en Monterrey, Baja California... bueno, estoy dejando de lado muchos lugares.

B. Entonces has sido partícipe y protagonista de la propagación de este movimiento.

P. Sí.

B. Sabemos que permanentemente has estás en contacto, desde la perspectiva que te da tu ir y venir durante estos 18 años, que no son poca cosa, ¿cuáles han sido los efectos?

P. Claro, en todo ese tiempo ha habido altos y bajos, ha habido llegadas, ha habido marchas. Yo creo que ha habido gente que entró con mucha ilusión, pero que se quedó quizá con la parte más anecdótica, ésta es la que no dura, es la que finalmente acaba dejándolo y se queda sólo con cosas como más anecdóticas, más de la parte de juegos, pero que no acaban de entender el fondo del asunto, ni acaban de entender que esto de la educación por la paz implica un compromiso personal serio, y un compromiso además en todos los sentidos, también en tu propia vida. Así, ves gente que están dando cursos de esto, pero luego resulta que en su vida no lo aplican, tienen un conflicto y demandan a la persona con la que tienen el conflicto en vez de sentarse a negociar con ella; o gente que está hablando de la perspectiva de género y luego resulta que en su casa está haciendo lo contrario, a lo mejor no maltratando físicamente, pero sí manteniendo una estructura violenta en su casa; o mujeres que están admitiendo y dejándose someter cuando están involucradas en estos temas; y claro, tienen que cuestionarte todos estos aspectos. Entonces, en este tiempo yo creo que lo que se ha ido viendo es una constante redefinición de la gente que ha ido entendiendo que era una cosa que te implica personalmente, que implica una coherencia en cuanto a la vida personal, en cuanto a la vida colectiva, en cuanto a todos los temas. Poco a poco se han ido introduciendo nuevos temas, les ha ido ocurriendo... pues, lo que nos ocurrió a nosotros... empezaron con el tema de paz, muy desde un punto de vista, digamos valoral. Poco a poco fueron accediendo a otras perspectivas: socioafectiva, género, derechos humanos, etcétera. Y la gente que sigue, la que se ha mantenido, después de todo este tiempo, pues yo creo que ha hecho un proceso de maduración muy grande, ha asimilado todas estas perspectivas, de tal suerte que ahora están trabajando con compromisos muy serios. Se están elaborando materiales, lo que hace unos años era impensable. Los primeros materiales que se elaboraron eran, en realidad, hay que decirlo, prácticamente copias, cuando no fotocopias directamente de materiales que ya existían en otros sitios; ahora son elaboraciones ya propias que muestran la madurez del movimiento, del proceso. Yo creo que hay un proceso muy rico.

B. ¿Qué crees que falte?, ¿cuál es el camino que sigue?

P. ¿Qué faltaría?, la revolución (risas), lo digo un poco en serio, faltaría conseguir...

B. Transformaciones más radicales…

P. Sí, más que más radicales, que también, más globales. Transformar a toda esta sociedad, que de una vez esta sociedad se movilice; y que, cosas como las que están pasando, que siguen pasando constantemente, no sigan pasando. Una sociedad que realmente esté dentro de un programa de Educación para la Paz, que realmente llegue la Educación para la Paz a esta sociedad. No podría en esa sociedad tener cabida los feminicidios de Ciudad Juárez; en esa sociedad no podría tener cabida las diferencias terribles que hay entre el Norte y el Sur, entre Monterrey y Chiapas; no podría tener cabida el tema de que la población indígena siga sin estar reconocida en este país, y no me vale ya que digan que es culpa de los españoles, porque eso fue hace quinientos años, ahora es responsabilidad de ustedes de quienes están acá. En una sociedad así no cabría que todavía andemos con historias como la del 2006 ante un proceso electoral. Queda muchísimo camino por recorrer, hay grupos que han iniciado ya ese trabajo, pero hay que extender todo eso a todo el resto de la población y transformar totalmente la sociedad; por eso hacía la broma de la revolución, falta muchísimo camino por recorrer.

B. ¿Podrías hablarnos un poco de las herramientas de la Educación para la Paz?

P. Metodológicamente la Educación para la Paz plantea, según creo yo, lo que toda educación; pero la Educación para la Paz, en particular, plantea desde luego, al menos dos o tres cosas que son básicas. Una, que tiene que haber una coherencia entre fines y medios; eso que estamos planteando siempre para la vida, para la política, también lo planteamos para el proceso educativo. Yo no puedo estar dando unos contenidos de paz, de democracia, etcétera, con unas metodologías jerárquicas, violentas, dictatoriales, antidemocráticas, que no permiten la expresión, la participación. La Educación para la Paz se plantea esa coherencia entre fines y medios, y de ahí se plantea que no sólo hay que cambiar los contenidos, y todo lo que hemos venido comentando ya, sino que hay que hacer un cambio metodológico profundo, la metodología tiene que ser una metodología socioafectiva, participativa; una metodología que no parta de trabajar solamente el ámbito de lo cognitivo, de lo intelectual, sino que toque a toda la persona, que parta de actividades dinámicas, vivenciales, que hagan vivir en la propia piel, moviendo emociones, sentimientos... la razón también, por supuesto; trabajar temas como la discriminación, por ejemplo la discriminación... por cuestión de sexo. Nosotros conmemorábamos un «8 de marzo» en una escuela, “ya está bien de hablar del «8 de marzo», no cambia nada”; si les preguntas a los muchachos sobre la fecha, te dicen: “ah sí, el «8 de marzo» es una fiesta porque a unas mujeres... las quemaron en algún sitio porque protestaban... sí, me suena algo de eso”. Así no cambia nada; pero en cambio otro 8 de marzo dijimos en una escuela: “¿saben qué?, hoy es el «día de la mujer trabajadora», de la mujer –toda mujer es trabajadora, es una redundancia–, los muchachos se van a quedar tomando clases con los profesores, las muchachas se van al patio a celebrar su fiesta con las profesoras”; y los muchachos dijeron enseguida: “¡pero esto es injusto!, ¿por qué?, ¿por qué nosotros tenemos que tomar clases y ellas tienen fiesta?”, “por ser hombres, eso es lo que queremos que vean, es injusto que ustedes sean tratados de forma diferente y discriminatoria por ser hombres, pero eso es lo que está pasando cada día con ellas, por ser mujeres”. No estamos hablando de una clase de contenidos sobre la discriminación, vivieron la discriminación durante esa mañana por ser hombres, entendieron perfectamente, fue la mejor clase, como ninguna otra clase, y entendieron. Evidentemente que eso no queda ahí, sino que eso luego hay que irlo trabajando. Bueno, pero hay que preguntarnos qué tanto de eso está ocurriendo cada día, dónde, cómo está ocurriendo, y entonces sí ya pasamos a toda la otra parte; hay que partir siempre de una experiencia práctica, de una vivencia que te movilice, que te mueva, pero desde adentro, desde las vísceras también, no sólo desde la cabeza. A partir de ahí hay una evaluación en primera persona, ¿cómo asumo yo lo que hemos experimentado?; hay un tercer momento, que es pasar a mirar, a ver qué tanto tiene que ver eso con la realidad, analizar la realidad, mirar la discriminación en la realidad, de la mujer, etcétera. Pero sobre todo, hay una cuarta parte que es fundamental en la metodología de la Educación para la Paz, y es: “¿y ahora qué puedo hacer yo para transformar esa realidad?”. Hemos visto que hay esa injusticia, que están siendo discriminadas las mujeres por el hecho de serlo, compañeras nuestras que están siendo discriminadas, por vosotros y por otra gente, pero el hecho es, ¿qué podemos hacer nosotros para cambiar esa realidad? A lo mejor nosotros no podemos cambiar las leyes del Estado, pero a lo mejor sí podemos mandar cartas al Congreso pidiendo que las cambien. Pero, ¿qué podemos hacer nosotros en nuestra escuela, en nuestro barrio, para transformar esa realidad? Y ahí viene todo el tema también de las herramientas para abordar conflictos, las herramientas de la acción no-violenta, para comprometernos en un proceso de transformar nuestra sociedad; pero no de una manera individual, no con ese discurso que se hace tanto, de “cambia tú, no te preocupes, no te juntes con otra gente, cambia tú, sé coherente contigo mismo, la suma de los cambios individuales cambiará el mundo”, ¿no?; ese es un discurso individualista. ¡No!, júntate con otra gente. Es un proceso, por supuesto de congruencia personal, pero júntate con otra gente y mira a ver qué recursos individuales y colectivos tenéis para empezar a transformar esa sociedad. Pero juntos, colaborando, cooperando.

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