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Cítese este artículo como: ACOSTA Padrón, Rodolfo y JUNQUERA Ruiz, Eduardo Ernesto: "Necesidad del trabajo cooperativo en la educación", artículo publicado en: La Tarea, revista de educación y cultura de la Sección 47 del SNTE/Jalisco (núm. 20, Guadalajara, Jalisco, México, julio de 2009. pp. 121-123).


Necesidad del trabajo cooperativo en la educación

Rodolfo Acosta Padrón* y Eduardo Ernesto Ruiz Junquera**
Doctor en Ciencias Pedagógicas, master en la Enseñanza de Lenguas y profesor titular de la Universidad Pedagógica de Pinar del Río, Cuba. Correo electrónico del autor: rodolfo@isppr.rimed.cu
** Aspirante a doctor en Ciencias Pedagógicas. Profesor asistente de Español en el Instituto Superior Pedagógico “Rafael María de Mendive” de Pinar del Río, Cuba. Correo electrónico del autor: eerj@isppr.rimed.cu

En este artículo se aboga por la utilización del trabajo cooperativo para el aprendizaje democrático, socializador y comunicativo; además, trata de fundamentar teóricamente, desde posiciones sociológicas y psicológicas, el desarrollo del trabajo cooperativo, a la luz de enfoques y teorías de autores como Vygotski, Kurt Lewin y Dewey, entre otros.

     El ser humano es un ente biopsicosocial, de manera que tiene la imperiosa necesidad de interactuar en grupos para desarrollar su pensamiento. Su conciencia es el resultado del aprendizaje social en la comunidad, de la interacción con los demás y consigo mismo. Su personalidad es una síntesis del entorno y de su propia actividad cognoscitiva. A ello contribuye poderosamente la familia, la escuela y la sociedad.

     El trabajo cooperativo en el aprendizaje ha tomado fuerza en las últimas décadas en muchas prácticas pedagógicas de escuelas y universidades preocupadas por la calidad de la educación. En países como Dinamarca, Francia, España y Cuba, entre otros, se utiliza como una forma de organización del aprendizaje en el aula y fuera de ésta, muchas veces asociado al método de proyecto donde pequeños grupos de estudiantes resuelven tareas de investigación relacionadas con un tema seleccionado de las diversas áreas de conocimiento.

     Los profesores, tutores y los propios estudiantes no siempre dominan los fundamentos teóricos del trabajo cooperativo, cómo surgió, cómo se desarrolló y la importancia social y epistemológica que tiene en la formación de las nuevas generaciones, llamadas a enfrentar los desafiantes retos del complejo mundo en que vive la humanidad.


¿Por qué el trabajo cooperativo?
Entre las teorías que tienen implicación directa con el trabajo cooperativo aparece el Humanismo, donde se destacan Abraham Harold Maslow y Carl Rogers, cuyas posiciones y perspectivas significaron pasos de avance en la comprensión del trabajo grupal. Ello posibilitó considerar que el alumno es capaz de tomar decisiones en su interrelación con otros miembros del grupo al ejercer el sentido de responsabilidad en sus acciones, lo que hace al estudiante un sujeto con orientaciones y proyectos definidos en su comportamiento habitual.

     El cognitivismo favorece el trabajo cooperativo por la importancia que le confiere a la posibilidad que tiene el estudiante de adquirir activamente sus conocimientos. J. Piaget, exponente de esta teoría, aportó conceptualizaciones necesarias al considerar que “la enseñanza debe centrarse en lo que el alumno es capaz de hacer, es decir, en el desarrollo ya logrado o desarrollo actual, ofreciéndole la posibilidad de ampliar y diversificar su interacción”. (Segura y col., 2005: 119).

     El trabajo cooperativo encuentra sus raíces teóricas en el enfoque histórico cultural de Vygotski (1978) como paradigma de la interpretación materialista dialéctica de la interacción hombre-mundo, en particular en el papel que le concede a las condiciones económicas, sociales y políticas en el desarrollo de la personalidad del individuo, la influencia de la educación mediante la socialización y la comunicación, y el papel del componente afectivo en el aprendizaje. En la base de todo su pensamiento, un postulado sostiene claramente el trabajo cooperativo: “Un proceso interpersonal es transformado en uno intrapersonal. Cada función en el desarrollo cultural del niño aparece dos veces: primero, en el nivel social y posteriormente en el nivel individual. Todas las funciones superiores se originan como relaciones entre individuos humanos” (Vygotski, 1978: 57).

     El trabajo cooperativo, el aprendizaje en pequeños grupos o equipos, crea el marco propicio para que los conocimientos, habilidades y procesos se presenten al aprendiz, y éste pueda entonces interiorizarlos, es decir, hacerlos suyos, mediante la interacción. Es en ella, en la interacción con la información de entrada y la información de salida que el mismo aprendiz exterioriza, que éste elabora su propio conocimiento, matizado por el filtro afectivo de sus sentimientos, necesidades y motivaciones.

     El concepto de Zona de Desarrollo Próximo, como categoría principal vigostskiana y referente teórico del trabajo cooperativo, la definió este autor como “la distancia entre el nivel de desarrollo, determinado por la capacidad de resolver independientemente un problema, y el nivel de desarrollo potencial, determinado a través de la resolución de un problema bajo la guía de un adulto, o en colaboración de otro compañero más capaz”.

     El trabajo cooperativo crea las condiciones necesarias para que el aprendiz interactúe, se socialice y se comunique con los demás, necesidades todas de los seres humanos como seres sociales que son. La interacción y las relaciones sociales forman el contexto comunitario y educativo propicio para que el aprendizaje ocurra eficientemente. Este proceso de aprendizaje concibe al alumno como un agente activo y no pasivo, que elabora su conocimiento a partir de su propia interpretación de la información que se le brinda mediante diversas fuentes, y a partir de sus necesidades, sentimientos, intereses y conocimiento previo que posee, y no como un repetidor de información memorizada que reproduce los conocimientos que transmite el profesor.

     El valor esencial del trabajo cooperativo es el tipo de aprendizaje que propicia, amén de las condiciones materiales y espirituales que crea para que el aprendiz piense, actúe, se comunique y socialice.

     El trabajo cooperativo es también la expresión de las ideas democráticas para la educación de John Dewey (1916) y su nueva escuela. Al respecto señaló este filósofo de la educación estadounidense: “El contexto social es puramente educativo en sus efectos en la medida en que el individuo comparte y participa en actividades conjuntas. Compartiendo en su actividad asociada, el individuo se apropia de los objetivos que la mueven, se familiariza con los métodos y contenidos, adquiere las habilidades necesarias, y es saturado con el espíritu emocional” (Dewey, 1916: 26).

     Mucho después, Bruner (1991) expresó: “La comunidad es una fuerza poderosa para el aprendizaje efectivo. Los estudiantes, cuando son estimulados, son tremendamente útiles para sus compañeros. Ellos son como una célula, una célula revolucionaria. Es la célula donde la enseñanza y el aprendizaje mutuo pueden ocurrir. Una unidad dentro del aula con su propio sentido de compasión y responsabilidad por sus miembros” (Bruner, 1971: 20).

     El trabajo cooperativo encuentra también sustentos teóricos en la obra de Kurt Lewin, creador de la dinámica de grupo y estudioso de los procesos que tienen lugar en el grupo, así como la importancia de la interdependencia de los miembros con respecto a sus objetivos y metas de la dinámica grupal. Ha influido positivamente, además, la teoría del grupo operativo de César Coll, y sus estudios acerca de su estructura y funcionamiento.

     Su aplicación en la vida escolar de la dinámica de grupo, particularmente a través de los esfuerzos del alumno y colega de Lewin, Ronald Lippit, proveyó a los educadores con una tecnología social capaz de poner en práctica las ideas de Dewey sobre el aprendizaje democrático, activo, socializador e investigativo.

     El trabajo cooperativo, según reportan Brubacher, M.; Payne, R., y Rickett, K. (1990), apareció por vez primera entre los años 1973 y 1976 como necesidad del trabajo diario de organizaciones y empresas, aunque anteriormente se reportaron referencias a los principios de la cooperación, por ejemplo en The Social Psychology of Education (David Johnson, 1970) y al aprendizaje cooperativo como tecnología social sistemática para el aprendizaje en el aula, en Dynamics of Groups at Work de Herbert Thelen (1954), alumno y colaborador de Lewin.

     Actualmente la humanidad exige cambios sustanciosos en los modelos educativos, de manera que rebasen las evidentes limitaciones de los modelos clásicos y conductistas en busca de la reflexión y la acción, sustentados en sólidos valores que aseguren la paz, la justicia social y el desarrollo sostenible, como formas de reducir o eliminar de la faz de la tierra flagelos como el deterioro del medio ambiente, las guerras, la violencia, las drogas, el hambre, el analfabetismo y las pobres condiciones de vida de millones de personas, particularmente en el Sur, o mal llamado “Tercer Mundo”.

     El trabajo cooperativo es un enfoque social de la educación que aporta a la humanidad beneficios inestimables en términos epistemológicos, económicos, sociales y humanos, contribuyendo a la formación de los nuevos ciudadanos que exige la vida presente y futura en el planeta que habitamos. Entre sus contribuciones esenciales a la formación de los estudiantes pueden citarse las siguientes:

a). Favorecer la consolidación de valores como la solidaridad, el compañerismo, la responsabilidad, la amistad, la laboriosidad y el respeto a los demás.

b). Desarrollar la capacidad de socialización y habilidades sociales.

c). Mejorar las habilidades lingüísticas orales y escritas mediante la práctica comunicativa.

d). Desarrollar estrategias de aprendizaje individual y en grupo.

e). Contribuir a la estimulación de las potencialidades de cada aprendiz.

f). Estimular la autoestima del aprendiz.

     La instrumentación del trabajo en grupo en el aprendizaje de cualquier nivel de educación presupone un plan de acciones previsto por el maestro donde se contemplen los siguientes aspectos pedagógicos, entre otros:

• La motivación de los estudiantes.

• La existencia de un problema a resolver (en forma de tarea de aprendizaje).

• La relación de la tarea con las necesidades humanas.

• La interdisciplinaridad de los contenidos de la tarea de aprendizaje.

• El enfoque holista de la tarea y su aprendizaje.

• Contribución de cada miembro a la solución del problema.

• Formas de control y evaluación individual y colectiva del aprendizaje.

     El trabajo cooperativo no sustituye el estudio individual, sino que lo contextualiza y lo exige. Aprender en equipo supone una preparación previa de cada miembro en busca de las competencias necesarias para resolver la tarea colectiva. De igual manera, durante la solución de la tarea de aprendizaje, cada miembro trabaja en la solución de una parte de ésta, para posteriormente contribuir a la solución total del problema. De la misma manera varios equipos pueden trabajar en la solución de varios problemas que formarán parte de la solución de un problema central de la clase, es decir, el trabajo de cada equipo une a los demás para dar respuesta a una tarea colectiva. Muestra de ello es la bien conocida técnica de Jigsaw, creada por Elliot Aronson y otros, y considerada uno de los primeros intentos de trabajo cooperativo en la década de 1970.

     Las condiciones de los contextos educativos en Cuba y las características sociológicas y psicológicas de los estudiantes cubanos son favorables para la implementación del trabajo cooperativo en tanto que las aulas de la educación primaria cuentan con 20 alumnos por maestro, mientras que en las secundarias básicas la relación es de 15 estudiantes por maestro, además, la mayoría de los profesores son licenciados y muchos son másteres, de manera que poseen un techo científico-metodológico considerable. Por otra parte, la idiosincrasia del cubano, activo, dinámico, emprendedor, cooperativo, sociable y conversador, lo convierten, junto a la cultura educativa adquirida y la cultura general integral alcanzada en los últimos 48 años, en un aprendiz en grupo excepcional.

     En general, las características idiosincráticas y sociológicas de los caribeños y latinoamericanos son ventajosas para el trabajo cooperativo, tal vez a diferencia de aprendices de otras regiones del planeta donde la cultura orienta, el clima frío y la soledad de las sociedades industrializadas, y hasta los altos niveles materiales de vida alcanzados, constituyen, en ocasiones, barreras para el trabajo en grupo.


Bibliografía

Acosta, R. y Alfonso, J. Didáctica interactiva de lenguas. Palacio de las Convenciones. La Habana, Cuba, 2005.

Brubacher, M.; Pyne, R. & Rickett, K. Perspective on Small Group Learning. Rubicon Publishing Inc. Canadá, 1990.

Bruner, J. S. The Process of Education Revisited. Phi Delta Kappan 53, 1971.

Confessore, G. J. & Confessore, Sh. J. Guide posts to Self-Directed Learning. Organization Design and Development, Inc. usa, 1992.

Dewey, J. Democracy and Education. Macmillan. New York, 1916.

Segura, M. E. (et al). Teorías psicológicas y su influencia en la educación. Ed. Pueblo y Educación. La Habana, 2005.

Vygotski, L. S. Pensamiento y lenguaje. Ed. Pueblo y Educación. Cuba. 1978.

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