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Cítese este artículo como: Romero Esquivel, Raúl. "Tecnologías de la información y la comunicación (TIC) en la educación superior", artículo publicado en: La Tarea, revista de educación y cultura de la Sección 47 del SNTE/Jalisco (núm. 19, diciembre de 2006).


Tecnologías de la información y la comunicación (TIC) en la educación superior

Raúl Romero Esquivel*
* Maestro en Bibliotecología y Ciencias de la Información por la Universidad Virtual del TEC de Monterrey. Profesor del Centro Universitario de Ciencias de la Salud de la Universidad de Guadalajara (CUCS-UDG). Correo-e: romeroe@cucs.udg.mx

Los recursos de carácter informacional que ahora podemos encontrar en casi cualquier parte y que de hecho tienen la capacidad de impactar de manera definitiva en los procesos de formación escolar –en cualquiera de sus niveles–, a menudo no se reconocen de manera adecuada y aún no se explotan en todo el potencial que ofrecen en múltiples espacios de educación superior debido, entre otros factores, a carencias de parte de los mismos alumnos y docentes.
     Resulta claro que la construcción de los programas y currículos en que se sostiene cualquier campo de conocimientos, impartido en un centro docente, están sustentados en recursos informativos, generalmente textos establecidos por el profesor, pero la disponibilidad de recursos alternos cada vez es mayor a partir de la amplia disponibilidad de las tecnologías de información y comunicación (TIC) que se han desarrollado y sentado sus reales en esta sociedad de la información en que coexistimos.
     Y al igual que en los otros planos de la vida cotidiana, como son los relacionados con la economía y la política, en este campo también se reflejan diferencias y disparidades que nos han llevado a reconocer marginaciones, subdesarrollos y desfases, según se evalúe al individuo, de acuerdo con sus habilidades para manejarse en dicho contexto.
(1) Se ha planteado incluso un proceso de alfabetización en materia de información,(2) que en el caso de los espacios educativos cobra real trascendencia, ya que no estar habilitado en esta materia supone una desventaja frente al estudiante que sí lo está, es decir, de aquel alumno capaz de manejar los abundantes recursos de información que le auxilien en su formación escolar.
     Pero no es lo más adecuado hablar de una limitación sólo desde el ángulo del estudiante y el docente, sino que también es pertinente enfocar la cuestión desde la perspectiva de la institución educativa, esto es, ¿qué se ha hecho y cuáles son los mecanismos que se han impulsado desde las instancias administrativas que las dirigen para incorporar a la comunidad escolar al tren de la modernidad que emplea estos elementos?
     En la universidad tradicional la práctica docente conserva en general el espíritu añejo de la clase magistral en la que el profesor es considerado el portador casi único del conocimiento y, en consecuencia, adopta el papel de guía que establece ciertos caminos insuperables para que el alumno transite en su proceso formativo, a quien además se le impulsa a emplear recursos de estudio solitario, aún cuando existen múltiples técnicas didácticas que favorecen el trabajo colaborativo, como el aprendizaje basado en problemas, los foros de discusión en línea, y por supuesto, existen cantidades extraordinarias de fuentes de información con las cuales abordar los currículos de las materias desde el mundo virtual de Internet.
     En las universidades públicas de nuestro país ha sido lento el proceso de incorporación de recursos, tales como las bases de datos referenciales y de texto completo al servicio de la comunidad, al menos si se compara con la práctica en el mismo sentido de las universidades privadas. Fuentes de financiamiento para la educación superior como el Fondo para la Modernización de la Educación Superior (FOMES), y actualmente el Programa Integral para el Fortalecimiento Institucional (PIFI), han empujado de manera consistente el trabajo bibliotecario que a su vez soporta las necesidades de información para la educación.
     Esos recursos económicos han permitido desarrollar colecciones bibliohemerográficas que incluyen a menudo recursos de tipo electrónico, e incluso han servido para equipar con no pocas unidades de cómputo a las universidades, pero varias instituciones no han complementado de manera adecuada el esquema, es decir, se dispone de computadoras y fuentes de información que aportan al contexto académico, pero ¿quién se ha ocupado de enseñar su empleo de la manera más eficiente?
     Se considera como un imperativo, en la educación superior de los países más desarrollados, que los alumnos posean una serie de competencias entre las que se destacan la vinculada con el uso de la herramienta informática que supone una efectiva capacidad del alumno para construir tablas, elaborar gráficos, construir mapas mentales a partir de presentaciones, navegar por Internet con sentido práctico y, por supuesto, el manejo de procesadores de texto y correo electrónico con suficiente habilidad.
     Comparativamente, nuestra comunidad escolar universitaria paulatinamente ha ido incorporando algunos de estos recursos, pero no debemos olvidar que, según el censo de población del año 2000, en México sólo el 9% de los hogares contaba con una computadora en ese momento y, de ese porcentaje, un poco más de la mitad tenía conexión a Internet; lo que nos remite a una minoría que en principio podría tener dominio sobre la herramienta informática.
(3) Es cierto que a mediados de la década estos números han cambiado, e incluso existen programas gubernamentales que persiguen la incorporación de las herramientas computacionales desde el nivel de educación básica, pero se mantiene una inconsistencia que tiene que ver con la capacitación para su uso eficaz.
     De igual manera, se debe tener presente la proliferación de cybercafés y la notoria apropiación de saberes, por imitación, que una gran cantidad de jóvenes ha alcanzado en el mismo campo, aunque debemos reconocer que ese acceso no garantiza un conocimiento metodológicamente estructurado. E incluso habría que revisar cuán irregular ha sido esa disponibilidad de acceso a las fuentes informáticas en la diversidad poblacional, no sólo de nuestro entorno sino del país entero, para lo cual se tienen que considerar aspectos como el tipo de conectividad, la ubicación de los equipos de cómputo y el costo que supone ese acceso, entre otros.
     De otro lado, otra de las competencias que también se exigen en las universidades de los países desarrollados es aquella ligada al manejo de la información como insumo fundamental en la formación académica. En esta competencia se establece que el alumno sea capaz de identificar las necesidades de información que requiere de acuerdo con el nivel escolar que va cursando, que recupere esa información de manera apropiada, es decir de forma eficaz y efectiva, que la evalúe con criterios académicos y la emplee de manera que refleje un crecimiento en su conocimiento y respete los valores éticos que la circunscriben.
     No se espera que de la nada el alumno alcance esta habilidad, sino que se involucra de manera continua la labor bibliotecaria en sus desempeños correspondientes a la formación de sus usuarios, e igual se continúa con esquemas de trabajo iniciados desde la educación primaria, donde la participación de la biblioteca es básica para que el estudiante obtenga los apoyos informativos que requiere.
     En este punto procede llamar la atención respecto de la cultura de uso bibliotecario que se genera, ya que un alumno al que se le ha enseñado a emplear de manera respetuosa la biblioteca y al que no se le tiene que vigilar para que no se lleve los libros y los convierta en su propiedad, sin duda se convierte en un usuario a quien no resulta complejo habilitar en el manejo de las novedosas fuentes de información.
     Asimismo, es muy común que en los portales bibliotecarios en línea de la mayoría de esas universidades, se ofrezcan recursos de instrucción en los que el alumno puede capacitarse por sí mismo para desempeñarse en esta habilidad, también es común que las pláticas de inducción introduzcan al alumno en el empleo más eficiente de la biblioteca.
     En nuestro caso es evidente la ausencia de dicha cultura de uso bibliotecario, ya que en muy pocos momentos de la formación escolar previa al nivel universitario se demandó al alumno recuperar información de otras fuentes que no fueran las dispuestas por el profesor, y, no es temerario señalar que hay alumnos universitarios que después de cursar varios semestres no han asistido ni una sola vez a la biblioteca y en consecuencia no tienen ni idea de qué recursos les ofrece, ni mucho menos poseen habilidad alguna para manejar la información vital en su formación.
     En algunas universidades sí se han desarrollado acciones encaminadas a paliar estas deficiencias mediante la impartición de talleres donde el objetivo central es capacitar al alumno en el manejo de los recursos informativos a que tiene opción de acceder en su biblioteca, pero también es muy común, todavía, que un gran número de los profesores universitarios, quizás la mayoría, no estén lo suficientemente capacitados para emplear estos recursos, básicamente porque no han aprendido a manejarlos y, en consecuencia, se cae en un círculo vicioso.
     En este contexto, el empleo de las diversas tecnologías de la información y comunicación en la educación superior de nuestro medio parece poco desarrollado, toda vez que los medios básicos de los que éstas parten, todavía están lejos de ser incorporados por la mayoría de los estudiantes y los docentes, aunque será conveniente precisar que, a favor de los alumnos, se tiene el antecedente de su vinculación con videojuegos y otros recursos tecnológicos que les facilitan el camino para incorporar las habilidades pertinentes, pero se requiere que en alguna parte del currículo universitario se inserte este saber.
     Un caso que puede ejemplificar el rezago en la incorporación de las TIC en la educación superior puede ser el de los blogs, que no hace más de tres años aparecieron en la web, y pronto demostraron su gran capacidad didáctica y democratizadora. Un blog no es más que un diario personal en línea que, precisamente por esta condición de residir en los espacios virtuales de Internet, y por su extrema facilidad para ser operado, puede brindar muchas posibilidades para el intercambio docente-alumno.
     Entre las ventajas que ofrece se encuentran los foros que invitan a realizar comentarios y a discutir. En ellos es factible propiciar, además, algunas habilidades de escritura como son el empleo de un lenguaje conciso y el rejuego de las ideas. Características de los blogs, particularmente relevantes para la instrucción, son: su economía, ya que exigen precisión, para lo cual el manejo de las ideas y las palabras debe ser eficiente: "una participación en blog bien elaborada debe poderse leer en un solo pantallazo"; permiten archivar temporalmente las participaciones de los que acceden al blog, facilitando así el seguimiento del desarrollo y conexión de las ideas allí vertidas; facilitan la retroalimentación, hecho que repercute en la interacción de los alumnos, pues, al direccionar el docente los temas abordados, el estudiante que se integra al proceso encuentra eco inmediato a sus aportaciones, independientemente de la calidad de las mismas; esta misma condición le genera confianza, ya que al momento mismo de participar queda registrado su aporte en la red. También funciona como acicate para que los alumnos exploren y apliquen sus habilidades en el manejo de la herramienta informática, dado que es factible "subir" videos, grabaciones y otros recursos dentro de sus participaciones y, finalmente obvian las limitaciones del espacio físico y el tiempo en que se desarrolla una clase en el aula convencional, ofreciendo mayores márgenes de participación al alumno.
(4)
     No cabe duda de que el empleo de recursos, como el reseñado, implica cierta liberalidad del docente para aceptar que el estudiante ofrezca los resultados de sus pesquisas y reflexiones, obviamente sustentadas en los contenidos de la materia, y reciba, a la vez, retroalimentación no sólo del profesor, sino de todo el grupo. Esto, sin siquiera partir de un curso en línea, que implica trabajos previos de diseño y administración de una página web. Es cierto que las plataformas para elaborar cursos en línea se han simplificado, pero el empleo de tecnologías como la de los blogs todavía es más accesible.
     La suma de posibilidades de recursos, como los manifestados, abre posibilidades muy interesantes para el quehacer en la formación docente y en la práctica universitaria en general, tal vez sólo nos falte ser un poco más curiosos y abiertos al cambio para obtener mayores beneficios de los recursos tecnológicos que allí están.

Notas
1. Samassékou, Adama. "Le sommet mondial sur la société de l’information, premier pas vers une veritable société de la connaissance et des savoirs partagés". World Library and Information Congress: 69th IFLA General Conference and Council. (2002).
2. Lorenzen, M. (2002) "A brief history of library instruction in the United States of America", en: http://www.libraryreference.org/lihistory.html
3. INEGI. "Censo Nacional de Población y Vivienda 2000".
4. Kajder, Sara y Glen Bull. "Lectura y escritura con blogs". (Traducción realizada por EDUTEKA de "Scaffolding for Struggling Students"), artículo publicado en el núm. 2, vol. 31 de la revista: "Learning & Leading with Technology". URL: http://www.iste.org/LL/31/2/index.cfm

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