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Cítese este artículo como: Nivón Velásquez, Paulino. "Tonalá, pueblo de artesanos: una mirada desde la lente de Patricia Rangel", artículo publicado en: La Tarea, revista de educación y cultura de la Sección 47 del SNTE/Jalisco (núm. 19, diciembre de 2006).
Tonalá, pueblo de artesanos:
una mirada desde la lente de Patricia Rangel

Paulino Nivón Velásquez*
* Licenciado en Educación Media por la Escuela Normal Superior de Jalisco (ENSJ), con especialidad en Español.

Patricia Rangel Juárez
Nació en la ciudad de Puebla, Pue. (México); vivió en El Fuerte, Sinaloa, hasta los 14 años; radica, desde entonces, en Guadalajara, Jalisco. Es licenciada en Diseño Industrial por el Centro Universitario de Arte, Arquitectura y Diseño de la Universidad de Guadalajara (CUAAD-UDG). Su formación fotográfica la adquirió en USA: California (Saddle Back College, de Misión Viejo; y Costa Mesa College, de Costa Mesa) y Arizona (Mesa College, de Mesa). Ha presentado exposiciones individuales en España y México. Fotografías suyas se exhiben en: 8th Gallery de Palm Springs, California, USA. Realizó los ensayos fotográficos: "Artesanos de Tonalá" (que se muestra en estas páginas), "El grupo étnico Yoreme" (mayos de Sinaloa) y "Danza de los Judíos" (Tehueco, Sinaloa). Actualmente colabora como fotógrafa en el Proyecto "Artistas de la Tierra Mágica", cuyo tema son los indígenas de la Sierra Huichola (norte de Jalisco), con ellos se prepara una página web de artistas wixaritari (huicholes), que próximamente conoceremos.
Correo-e: patriciarj2001@yahoo.com

En el siglo XXI la fotografía se ubica en el orden visual e iconográfico en un contexto cercano al que disfrutan las bellas artes, reaparece dotada de un alto grado de autonomía en el mismo centro de la cultura moderna; ha logrando, además, adornarse con atributos que le permiten exigir el respeto de los demás medios de creación artística. La fotografía de hoy goza pues de un estatuto de veracidad como instrumento de registro en un ámbito racionalista; pero dispone también de la posibilidad de ser un medio expresivo de la subjetividad en consonancia con la dimensión humanista de la cultura contemporánea. Como arte autónomo, dicho estatus se traduce en la pureza de impresión, la elevada gama cromática y escala tonal de grises, la perdurabilidad del soporte, el encuadre y en la ausencia del grano.
     La imagen fotográfica impone una centralidad visual que queda instrumentada, fundamentalmente, en el desarrollo de las posibilidades técnicas del medio y en la búsqueda de la novedad radical como uno de los ejes centrales de la cultura moderna y hacia la consecución de un ideal estético esencialmente puro.

Del taller de Tere Durán. Foto: Patricia Rangel Juárez 

     La fotografía se concibe hoy como en un conjunto de prácticas que persiguen diferentes fines y propósitos. Resulta necesario pensar que las técnicas no son sólo formas o modos de producción, sino que también son formas de mirar el mundo y de representarlo, pensar en que la imagen no es sólo un juego nacido de la tecnología sino el resultado de quien la crea, la singulariza y le otorga un propósito.
     Las postales animadas que Patricia Rangel nos ofrece en este ensayo visual sobre la cerámica tonalteca nos transporta, merced de la acuciosidad de su lente, por una visita guiada, cuasi cinematográfica, que presenta en fotogramas secuenciales vívidos, lo mismo el acercamiento del close up que la panorámica abarcativa del paneo, es decir: nos muestra el árbol pero también el bosque.

Del taller de Tere Durán. 
Foto: Patricia Rangel Juárez 

     Tomadas con cámara convencional de 35 milímetros, cada imagen es en sí misma un registro etnográfico, una radiografía atemporal que no sólo muestra sino que demuestra; porque no es lo mismo ver que observar, y cuando congela en una toma el presente, condensa también el pasado y el futuro para dejarnos un testimonio vivo con tintes de denuncia, porque devela las condiciones familiares y de trabajo en que se desarrolla la actividad artesanal.
     Como recurso narrativo, lenguaje al fin, cada serie fotográfica cuenta una historia porque desmenuza, pormenoriza, disecta y va engarzando las cuentas de un collar cuyo hilo es la vida misma, en un complejo entramado de planos que se superponen y entrecruzan.
     Los claroscuros, lo mismo en blanco y negro que en color, son recurrentes en su obra que muestra los intersticios de un oficio que no por olvidado ha dejado de ser vigente; olvidado, porque para el habitante urbano contemporáneo resulta una actividad desconocida; vigente, porque se renueva con técnicas y procedimientos de otras latitudes que sorprenden y agradan a propios y extraños.
     El ojo entrenado de Patricia nos lleva de la mano captando los instantes y circunstancias de una manera natural, casi podríamos decir que distraída, para no alterar con su intromisión los escenarios y sus entornos, con lo que queda demostrado que la improvisación también puede ser un recurso si se sabe dosificar. Atrapa, captura así la fidelidad de lo cotidiano; pero este ejercicio es el resultado de un trabajo previo y no menos importante que no puede ser registrado por una lente, tiene que ser ganado a pulso; me refiero a la confianza de quienes son sus modelos vivos, personas de carne y hueso que sienten y se expresan, que crean y recrean, que transmutan el barro, que producen y se reproducen...
     Luego voltea y posa su mirada en el hacedor y sus obras, que aún siendo artesanales son creaturas únicas e irrepetibles en la minuciosidad del petatillo, del bruñido, del vidriado, de la alta temperatura... porque el retrato es otra de las especialidades de nuestra artista: pieza y creador también desfilan ante nuestros ojos, mostrándose esenciales y tangibles; no es gratuito, por eso, la recurrente idea de vieja raigambre en nuestros pueblos indios, de que las fotografías roban el alma; si esto fuera así, Patricia Rangel como moderna Robin Hood, nos regala, reproducidos como en el artificio de un juego de espejos, el fruto de sus afortunados hurtos.
     La variada temática de su obra, centrada en lo folklórico nacional, abarca la vida cotidiana de los pueblos indios: sus danzas, fiestas, ritos, costumbres funerarias, matrimonio, trabajo, religión... y, por supuesto, su producción artística y artesanal.
     El fotorreportaje que Patricia Rangel nos ofrece en esta muestra: "Artesanos de Tonalá", habla por sí mismo, porque tiene la virtud de exhibir sin tapujos las condiciones de vida y de trabajo de quienes crean con sus manos el otro fruto de la tierra: el barro que se transforma, que cobra vida, que se anima.

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Para apreciar a todo color la obra de esta fotógrafa, visita este hipervínculo:
Galería de Patricia Rangel Juárez

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