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Cítese este artículo como: Equipo La Tarea. "Sonia en el jardín", publicado en La Tarea, revista de educación y cultura de la Sección 47 del SNTE/Jalisco (núm. 19, diciembre de 2006).

Sonia en el jardín

En la flor de la vida, nuestra entrañable compañera Sonia Ibarra Ibarra nos ha dejado. Colaboradora y fundadora de la revista la tarea, se hizo cargo desde entonces de su sección histórica que siempre atendió con atingencia y cariño. Sabemos que nuestra profunda consternación es también de tantos que fueron sus compañeros, sus alumnos, sus amigos. Deja una profunda huella que no se disipará jamás.

Luz María Sonia Ibarra Ibarra, descanse en pazPor la algarabía del entorno, sus pasos no parecen escucharse. Pero Sonia camina por el Jardín. No se detiene. Prenden los aromas en todo el ambiente y una parvada de pájaros azules giran a su alrededor. No se inmuta por el revoloteo. En el trayecto Sonia observa, Sonia ríe, Sonia juguetea con esos niños preescolares que aparecen traviesos con su bata de color rojo y blanco. A todos atiende Sonia: el candor de su semblante irradia una confianza que hace suponer que quien apenas la conoce la ha conocido siempre. En medio de la espesura verdísima del jardín, entre flores y azucenas hay un salón escolar. Ahí la esperan absortos sus alumnos-maestros. Ella pinta la historia del hombre y la mujer. Hace circular las palabras. Se habla, se compara, se analiza. La palabra fluye como el agua y adquiere latidos de flor. Sonia es flor y es agua. Es nomeolvides.
     De vuelta en el jardín, conversa caminando lentamente, con un aire de jocosidad y ternura con las pioneras-maestras. Es la hora en que la memoria le gana la batalla al olvido. Sonia pregunta y vuelve a preguntar a las veteranas maestras de los otrora niños de los viejos jardines. Apela al recuerdo, a la nostalgia, a los viejos sucesos que empiezan a ser desenterrados. Y en esa trama algunas lagrimas se derraman cuando vuelve a ser hoy aquel momento memorioso del ayer.
     Con el cielo tal intensamente azul, con la sinfonía de la vida que se desbordaba en su corazón a borbotones, Sonia empezó a caminar involuntariamente, hacia los límites insólitos de un entorno que no nos dejaría mirarla. ¿Y su ternura cristalizada en el hacer y mirar al mundo infantil y sus entrañables alumnos y viejas educadoras? Sonia caminó silenciosamente y en ese trayecto tal ingratamente indescifrable, no hubo nunca de su parte una sola palabra de reclamo para el doloroso destino de irse, cuando la vida se desplegaba para ella como un multicolor caleidoscopio.
     ¿El jardín se ha vuelto gris y cenizo porque Sonia se ha marchado? ¡No, mil veces no! El jardín proyecta sus colores más radiantes porque ahora Sonia transita por él eternamente.

Equipo la tarea

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