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Cítese este artículo como: Arellano Zataráin, Edgar Jacinto. "La educación que hoy requerimos", artículo publicado en: La Tarea, revista de educación y cultura de la Sección 47 del SNTE/Jalisco (núm. 19, diciembre de 2006).
La educación que hoy requerimos para el futuro

Edgar Jacinto Arellano Zataráin*
* Profesor normalista.

El concepto educación
En los albores del siglo XXI resulta muy difícil encontrar una acepción que defina el concepto Educación de manera que sea aceptable por todos. Ello porque para algunos la educación ha pervertido su sentido y, hoy por hoy, es, en términos de sus resultados, todo lo contrario: apatía y desinterés por el estudio, escasa comprensión y bajo índice de lectura; como lo evidencian los datos de la más reciente Encuesta Nacional sobre Prácticas de Lectura. Otros ven a la Educación como el resultado de un proceso organizado: la enseñanza, en la que el educar es, desde la perspectiva del Estado, primordial para el desarrollo del ser humano, empezando desde la niñez.
     Nos debe quedar claro que la educación no se constriñe a los espacios áulicos y a la sistematización programática de la enseñanza escolarizada; familia, sociedad, medios, religión, entre otros factores, invaden constantemente el campo educativo, situación con la que el docente no siempre está de acuerdo. Y, ya adentrados en el espacio de los docentes, hay que decir que para algunos la educación ni siquiera es una situación problemática, aunque cobren un cheque y se mantengan de esta actividad.
     Definir educación es muy complicado, ya que, por su carácter mismo, sus fronteras se desdibujan y se entremezclan con otros campos. Se puede decir mucho de la educación y de sus actores: el maestro que enseña (esté o no convencido de lo que hace), y el que "debe" aprender (educando); pero, qué nos ha enseñado ‘la educación’ sobre sí misma: "acción y efecto de educar; crianza, enseñanza y doctrina que se da a los niños y a los jóvenes; instrucción por medio de la acción docente; cortesía, urbanidad".

Fortalezas y debilidades de la enseñanza actual
La educación sistematizada (enseñanza) ha cumplido ya varios siglos, tantos que se nos ha convertido en un hábito; sobre todo desde que su masificación se convirtió en meta de los gobiernos de la escuela pública.
     Como docentes, andar en educación es difícil también, porque su piso es resbaladizo, porque sus perspectivas cambian continuamente y porque no se puede tener certezas: ¿qué es bueno y qué es malo para la enseñanza?, ¿cuál es el mejor método? La moderna pedagogía propone valores nuevos: tolerancia, equidad, democracia, laicismo, respeto a las ideas de los otros... pero, la práctica, nos muestra autoritarios la mayoría de las veces.
     Como hoy están las cosas sólo podemos decir que "el que trae la batuta manda", y no se requiere de mucho análisis y reflexión para entender esta postura en la que la figura de autoridad es el maestro, que maneja como quiere la clase, sin interesarle en lo absoluto, o casi nada, que sus métodos sean inapropiados; la opinión de los alumnos no cuenta, los sentimientos no son tomados en cuenta...

Y qué con la teoría
La reflexión que hago es personal, estas letras pretenden ser sólo un resumen crítico y autocrítico, poco usual, creo, que intenta responder hacia dónde se encamina la educación. No pretendo invadir el campo de los investigadores que han estudiado el tema Educación con enfoque científico. Las cuestiones fundamentales ya están dichas, aún con lo abarcativo que puede resultar el tema. Muchas respuestas nos han dado Piaget, Vigotsky, Brunner, Pestalozzi… las mismas enciclopedias sobre educación nos pueden decir "algo" del concepto. Atrás quedaron las respuestas de los filósofos clásicos griegos. Sócrates, Platón y Aristóteles, que un día fueron el basamento de la teoría educativa y que hoy nos resultan obsoletos.
     Los nuevos tiempos nos exigen nuevas estrategias y soluciones en la práctica, la teoría está dada. Las generaciones venideras merecen una nueva educación, nuevos enfoques que trasciendan el hecho educativo, visto, hasta hoy, como proceso de enseñanza-aprendizaje. El nuevo enfoque tiene que ser más abarcativo, colocando al alumno, sí, como el centro de dicho proceso, pero armonizando la función del maestro, de los padres, de las autoridades, de los medios, de la sociedad. La educación deberá ser también un satisfactor espiritual y no una simple mercancía.
     Y, por supuesto, asumimos que la crítica sola no basta. Requerimos de una reflexión colectiva, de un trabajo colegiado que se centre en el análisis de la práctica, que se cuestione siempre sobre qué es lo que se ha hecho mal para poder corregirlo, entendiendo que la excelencia será siempre una aspiración porque toda práctica es perfectible cuando existe la voluntad de ser mejores.
     La educación pública es un derecho ganado que tenemos que defender y ampliar. Los valores que le dieron origen siguen siendo vigentes y tienen que ser refrendados. Una educación más humanística es lo que urge hoy para enfrentar la tendencia contraria que trae consigo la globalización. Los conocimientos puros y las destrezas son necesarios e importantes, pero no debemos descuidar la atención hacia lo espiritual-emocional. El arte, la cultura, el deporte, la ética y la estética son igualmente importantes.

La educación que queremos
En pleno siglo XXI, no está por demás recordar que somos mente, cuerpo y espíritu. Sí, y de ese sano equilibrio depende la salud psicológica, física y emocional de nuestra sociedad. Ya antes dijimos que, desde una perspectiva pesimista, el rumbo hacia donde apunta la educación es desesperanzador; la educación pareciera haberse trastocado en su contrario: la ‘no-educación’.
     Pero, desde esta modesta reflexión queremos apostar por un futuro que forme educandos más integrales: mejores lectores, ciudadanos responsables que cuiden el medio ambiente, que participen en la toma de decisiones políticas por el bien de su país, que tengan una completa visión del mundo en que nos inscribimos, que desarrollen sus potencialidades en los terrenos de la ciencia, el arte y la cultura; todo ello, basado en la cooperación y la solidaridad.
     La profesión de enseñar deberá ser una vocación de toda la vida, entendiendo que el que facilita el aprendizaje también aprende y puede ser mejor día con día.
     Por lo demás, tenemos que aceptar que siempre habrá una amplia gama de niveles, en cuanto a habilidades y destrezas, entre un educador y otro. De ahí que se requiera de ambientes colaborativos, del intercambio de experiencias, de la reflexión colectiva y del apoyo mutuo. Al fin y al cabo las estrategias didácticas se pueden aprender y la capacitación deberá ser permanente.
     Nada hay más satisfactorio para un docente de vocación que permanecer en el recuerdo de sus alumnos. Por eso insistimos en que el maestro debe ser, ante todo, un motivador, un propiciador del interés por aprender; debe sembrar en el educando el espíritu investigativo que requerirá en su vida profesional, para que siga aprendiendo más allá de las aulas. Se debe educar para la vida.
     Para no confundir ni cansar con este escrito, es menester decir por último que, si somos optimistas, aprenderemos también de nuestros errores, de los que nadie está exento por lo demás. El que busca soluciones encuentra soluciones, que sea pues ese nuestro objetivo.
     Como ya vimos, hablar de educación no es solamente una disertación sobre cómo educar, sino más, muchísimo más. Pero, esa parte que nos faltó, se la dejamos a los especialistas que saben hacerlo mejor. A nosotros, los docentes, en tanto trabajadores de la educación, nos compete dar la batalla en la arena del futuro al que aspiramos como Nación. Nos compete, desde la trinchera de las aulas, atacar frontalmente el problema para eliminarlo. Si no es así, de nada servirá la teoría.
     Necesitamos enseñar con el ejemplo. Los valores se practican, son un ejercicio diario de interacción. El respeto de los demás se gana dándolo. La democracia y la ciudadanía se ejercen para que estén vivas y son la única manera de aprenderlas y enseñarlas. Creo que ese es el rumbo que debe tomar la educación del futuro y es mucho lo que tenemos por hacer hoy. Ya es tiempo de empezar.

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