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El sano pesimismo de gestionar la felicidad individual para mejorar el quehacer educativo

Leticia Borrayo Rodríguez*
* Investigadora del Instituto Superior de Investigación y Docencia para el Magisterio (ISIDM).
Correo de la autora:
letyborrayo@hotmail.com

Introducción
La pasión por alcanzar la felicidad se convierte en una premisa que parece indeleble en el proyecto de vida de los seres humanos. Rutinariamente agendamos nuestro futuro, a veces por escrito y otras con el pensamiento, vislumbramos escenarios tan reales que nuestra situación profesional, laboral, familiar y fraternal alcanza la perfección. Nuestra creatividad puede concebir una imagen tan clara que parece que solo falta que transcurra el tiempo para que ese sueño se convierta en realidad.
     Sin embargo, las historias de éxito muchas veces distan del uso de técnicas para predecir y planear el futuro. Como se ha mostrado en el campo sociológico, los factores que determinan el carácter y el status de un individuo se encuentran en relación directa con la totalidad de su circunstancia.
     Así, descubrimos individuos que se califican, desde la perspectiva social, como felices porque azarosamente tienen en sus manos el boleto premiado de la lotería nacional. Otras personas, tienen en su salud y en su apariencia física el tesoro más preciado, algunas se llevan el mérito de haber mantenido por muchos años una relación amorosa y otros más, tienen el privilegio de disfrutar la reunión de todos los aspectos.
     En cambio, si nos trasladamos al campo organizacional, independientemente de sus fines (industriales, educativos, de salud, ideológicos, etc.), las experiencias muestran que las empresas exitosas son aquellas que aprovecharon las ventajas de la planeación. Las consideradas "exitosas" primero se concibieron como tales.
     El calificativo obedece a cualidades de progreso: mantener un lugar relevante en relación con la competencia, contar internamente con modelos operativos orientados a cumplir con su finalidad, disponer de recursos económicos suficientes y, entre otras cosas, contar con recursos humanos también exitosos.
     Sirve preguntarse: ¿A qué se debe que el logro del éxito individual no esté determinado por el uso de técnicas de planeación, mientras que en el caso organizacional su efectividad este íntimamente influenciada? Una aproximación a la respuesta, será desarrollada en este artículo y se orienta específicamente a explicarla en el marco de las instituciones educativas.

El proyecto de vida
Se afirmó arriba que el calificativo de "hombre exitoso" depende de factores diversos y que la planeación no es siempre un factor determinante. La reflexión sobre las historias de vida de personajes que se consideran "brillantes" por su espíritu altruista, nos muestran que son producto de un gran esfuerzo y que temporizan con la abnegación, la disciplina, la humildad y hasta con el martirio. Los grandes empresarios están respaldados por corporaciones de prestigio internacional; los deportistas sobresalientes son modelo de constancia y disciplina; los profesores tienen la satisfacción de haber contribuido a formar a personas exitosas y, así, cada forma de vida puede conducirnos a calcular su grado de júbilo.
     En esta tipología, también encontramos personas que con condiciones ínfimas se sienten y son reconocidas por su calidad de vida; y otras, que conviven con la opulencia, se sienten y son recordados como desdichados.
     Covey realizó un estudio sobre libros acerca del éxito, publicados en Estados Unidos desde 1976, encontró que: "... centrar la atención en la técnica es como estudiar en el último momento, sólo para el examen (...) Finalmente si no hay una integridad profunda y una fuerza fundamental del carácter, los desafíos de la vida sacan a la superficie los verdaderos motivos y el fracaso (...) reemplaza al éxito a corto plazo" (1989: 30-31).
     Para progresar dice Covey: "... debemos aprender, comprometernos y actuar incansablemente sin dejar de explorar" (p. 345). "Y al final de nuestras exploraciones llegaremos al lugar del que partimos y lo conoceremos por primera vez" (p. 356). El éxito está en relación directa con el carácter, los principios y los hábitos individuales cotidianos.
     En este sentido, el concepto de éxito es generalizable para el logro de un resultado feliz que va más allá del uso de técnicas de proyección. Aunado a ello, la felicidad se encuentra en relación directa con la evaluación externa. Goethe, lo reafirma con esta frase: "... trata a un hombre tal como es, y seguirá siendo lo que es. Trata a un hombre como puede y debe ser, y se convertirá en lo que puede y debe ser".
     Para no desviarnos de la primera pregunta: ¿porqué existen individuos que son exitosos sin haber utilizado sistemáticamente instrumentos de planeación? En gran medida, la respuesta esta centrada en la imposibilidad de contar con una herramienta que evalúe imparcialmente la calidad de vida de una persona. Si bien la planeación ofrece mecanismos de evaluación como base para predecir el futuro en el presente, como diría Karl Popper: "... nuestra ignorancia sobre el futuro siempre podrá ser infinita".
     Una vez que transcurrió la vida de un hombre exitoso, con un alto grado de confiabilidad podemos orientar las variables y explicar sus causas, pero no tendremos la certeza de que el resultado es producto del uso correcto de una técnica de planeación, a menos que se tenga la evidencia de la manipulación previa y detallada de los factores determinantes del éxito.
     Muy a nuestro pesar, el comportamiento humano es un enigma, y con está afirmación le damos el mérito a las disciplinas humanas al tomar como un principio universal que las teorías humanas facilitan la explicación del carácter y la personalidad de un individuo, pero siempre cabe la posibilidad de que sea sólo una interpretación.
     Es menester aclarar que, con esta postura, no se pretende ni vanagloriar ni menospreciar a las corrientes psicológicas, sino, como diría un aristotélico, llegar a las causas últimas limitadas por el falaz absurdo de una petición de principio.1 La planeación contribuye favorablemente a diseñar nuestro proyecto de vida, pero la garantía de llegar a ser exitoso, muchas, veces es circunstancial.

La planeación al servicio de las organizaciones
En el mundo organizacional los resultados exitosos son cada vez más simples y tienen que ver con la efectividad en términos prácticos y concretos. No importa la técnica empleada, siempre y cuando esta sea el medio para lograr una finalidad: predecir correctamente el futuro en el presente.
     Los criterios de evaluación positiva dependen cada vez más de su posicionamiento y su grado de progreso. Generalmente, las empresas privadas subsisten si con el transcurrir del tiempo, logran los resultados esperados e incrementan sus dividendos. En consecuencia, podríamos deducir que en la actualidad una organización permanece vigente si cuenta con las condiciones para lograrlo.
     Sin embargo, las instituciones al servicio del progreso humano,2 sobre todo las de carácter público, hasta hace poco tiempo, habían sido planeadas para permanecer por el simple hecho de atender los derechos de la humanidad: salud, vivienda, educación y seguridad. Su éxito estaba determinado por la cobertura, más que por su grado de progreso y competitividad.
     Gradualmente, la revolución administrativa provocada por las nuevas herramientas de gestión y administración provocaron que los gobiernos de países como Estados Unidos, Inglaterra, Canadá y Australia empezaran a operar con modelos empresariales en contra de la rigidez burocrática que los había caracterizado.
     Con mayor énfasis, para garantizar su permanencia, los gobiernos se orientan por principios de liderazgo, trabajo en equipo, dirección compartida, competencia, mejora continua, calidad, efectividad, visión de futuro, proactividad y, en general, las instituciones públicas se planean con paradigmas que aún nos provocan gran sorpresa, pues parece que se privatizan, sobre todo cuando los servicios públicos son atendidos por un número creciente de organismos de la iniciativa privada.
     En esta dinámica de evolución paradigmática, los sistemas administrativos se aferran a cierta "robotización", aun y cuando sin lugar a dudas se sabe que los seres humanos somos máquinas no triviales (Forester, citado por Rodríguez, 1991: 99).

El dilema: la doble contingencia organizacional
Los individuos, en cierta medida tienen la libertad de optar por su comportamiento y las organizaciones cuentan con reglas que norman el curso de su conducta hacia un fin determinado. Pero, como lo muestran las líneas de este documento, y de acuerdo con Rodríguez (1991): "... las teorías permiten comprender la enorme complejidad del comportamiento humano y la gran dificultad que se presenta a las organizaciones que quisieran hacer predecible su comportamiento, de modo de poder planificarlo, coordinarlo y controlarlo, para lograr una contribución coherente con la diferenciación organizacional, pero nuestros comportamientos son impredecibles".
     Permanentemente las organizaciones buscaran un acuerdo entre la contingencia de las reglas organizacionales y la contingencia del comportamiento de los individuos como la mejor vía para lograr sus fines, a pesar de que: "... el acomodo mutuo entre reglas y comportamientos se refleja en que ni las reglas se cumplen a cabalidad ni los individuos actúan como mejor les parezca". Y de que: "… Unos y otros tienen que considerar las alternativas de la otra parte y flexibilizar sus propias exigencias".
     Así, el dilema se disipa cuando las personas que permanecen en las organizaciones exitosas, casi automáticamente, entran al rol de ser distinguidas también como exitosas, y con ello, podríamos llegar a la conclusión de que la felicidad personal puede alcanzarse cuando formamos parte de organizaciones exitosas.
     Y como el compromiso de este artículo está en relación con las instituciones educativas, entonces podríamos inferir que será necesario buscar organizaciones exitosas para lograr por añadidura el éxito personal.

La realidad inmediata
En este orden, si deseo ser exitoso, la postura ideal me conduce a dirigir la mirada hacía la identificación de las instituciones educativas exitosas y por ende, buscar la forma de incursionar en alguna de ellas. En términos fácticos, desilusionados, caemos en la cuenta de que las reglas de la felicidad van más allá de nuestra romántica aventura.
     A pesar de las mejoras de los últimos años, la realidad del sistema educativo y en consecuencia de las organizaciones que lo integran, dista mucho de esta utopía. En el caso de las empresas educativas privadas que están a nuestro alcance, la heterogeneidad de la calidad de vida de sus miembros nos demuestra que la premisa no se cumple. Y si analizamos las instituciones públicas llegamos al límite de la ingenuidad.
     Nuestra situación concreta es más dominante y entre el ensayo y el error vivimos una disparidad, entendida como una distorsión entre los sistemas educativos y su medio ambiente (Coombs, 1973; citado por Payán, 1978), acompañada de una asincronía institucional que se explica cuando se "experimentan los cambios inherentes al desarrollo económico con diferente velocidad, de suerte que llegan a coexistir instituciones propias de distintas fases o etapas". (Payán, 1978: 36).
     En este sentido, mientras no se logre la atención completa de las necesidades educativas en nuestro país, la adopción de modelos de planeación y administración no será garantía de éxito; y aquí, la falacia de la petición de principio aristotélica nuevamente nos encarcela.
     En consecuencia, los gestores educativos estaremos en desventaja:
     • Mientras se siga adoptando modelos administrativos para la gestión, antes que analizar su factibilidad: será un protagonismo o un slogan institucional.
     • Cuando se adopten modelos administrativos por moda o novedad, antes de superar otros que se encuentran en operación: será un mero formalismo.
     • Mientras las escuelas y sus administradores piensen que adoptar un modelo de gestión implica solamente la inversión de recursos en cursos de capacitación, uniformes, carteles informativos y programas de capacitación.
     • Y más aún, será un fracaso invertir grandes esfuerzos es diseños de planes estratégicos perfectos paro no ponerlos en operación: tampoco se logrará una verdadera gestión. Como dice Ackoff: "El éxito de la administración se encuentra en la operación, en la puesta en práctica en los resultados".
     • Cuando la organización solamente difunda los aspectos axiológicos y filosóficos de los modelos administrativos adoptados, seguiremos reproduciendo una doctrina o una ideología y no en una técnica administrativa efectiva.
     • Mientras sigamos invirtiendo recursos en las funciones sustantivas de las instituciones y dejemos de lado la llamada función adjetiva, como lo afirman Pareto, Deming y Juran: "La mayor parte de los problemas de la organización de deben a la falta de eficiencia en la administración".
     • Cuando se exhorte a la comunidad educativa a trabajar, sin proporcionarles las formas y las herramientas adecuadas: esto será un error que la administración educativa pagará muy caro.
     • Cuando no se logre asumir una responsabilidad compartida.

La gestión de la felicidad para alcanzar el éxito en la gestión
Con entusiasmo filosófico Ponjuan (1999) plantea, como título de un precioso artículo, la disyuntiva entre el éxito de la gestión o la gestión del éxito como principios determinantes para mejorar los servicios bibliotecarios. El traslado de esta iniciativa al quehacer educativo, conduce a la conclusión de este artículo.
     Como entes sociales tenemos la posibilidad de explicar la realidad con base en nuestra experiencia, información, preferencia teórica y de acuerdo con nuestro contexto cultural. Independientemente de ello, la situación de la educación en nuestro país nos podría entrampar en el círculo vicioso de no tener egresados exitosos porque las escuelas tampoco lo son; y como los egresados de las escuelas no son exitosos, entonces, no tendremos escuelas exitosas, muy a nuestro pesar.
     Este galimatías sería la declinación más absurda de la humanidad. Pero un sano pesimismo sobre el verdadero sentido de la felicidad sería el inicio de una nueva etapa en el éxito de la gestión organizacional. Gestionar (como sinónimo de administrar) el instinto egoísta y pasional de la felicidad individual es razonar, o mejor dicho, reflexionar sobre algo que tiene cierta connotación de ridiculez y vergüenza moral. Cuando se intenta reivindicar el amor a uno mismo, como dice Savater, empezamos a "reconocer con abierto impudor el egoísta instinto de felicidad" (p. 125) y, probablemente, tendemos a ser insaciables.
     El impulso por la alcanzar la felicidad en abundancia nos conduce a encontrar en nuestra práctica las formas para lograrlo. Así, nuestro quehacer en el ámbito laboral conlleva a mejorar nuestra calidad de vida. Algunas veces, con la frase coloquial: "el trabajo es tan malo que hasta nos pagan por realizarlo", nos alejamos de la gestión de nuestro propio éxito; otras veces, con la postura crítica de reconocer los graves problemas de rezago, falta de recursos, analfabetismo, corrupción e injusticia de nuestras organizaciones educativas, evadimos nuestra falta de interés, inconsciencia o capacidad para asumir la responsabilidad de administrar (gestionar) nuestro proyecto de vida; es decir, dejamos de gestionar los medios para alcanzar la felicidad personal.
     La optimista renuncia a las falsas ilusiones y a los malos ilusionistas es la clave de un sano pesimismo para, cotidianamente, habituarnos a forjar en nuestro carácter una búsqueda infinita de nuestra felicidad. Como afirma Nietzsche: "... los hombres más fuertes y seguros de su poder serán aquellos que no sólo admiten una dosis de azar y de absurdo sino que la aprecian, son aquellos que pueden pensar al hombre con una considerable reducción de su valor sin por ello hacerse más pequeños o más débiles: los más ricos en salud, los que tienen talla para afrontar la mayoría de las desdichas y por tanto son los hombres que no les temen tanto".
     En el quehacer educativo, el académico o el funcionario que gestiona su felicidad, tenderá:
     • Al consumo insaciable de tiempo y saber, con la conciencia clara de que es vital la asimilación rápida de conocimientos pues estos cambian permanentemente.
     • Al desarrollo de habilidades para utilizar las innovaciones de los ambientes de enseñanza-aprendizaje (digitalización, automatización, virtualidad, tecnología de punta, internacionalización, por citar algunas sofisticaciones).
     • A valorarse con parámetros de inteligencia y conocimiento, como sustento del capital intelectual con el que compite en las nuevas instituciones educativas, impregnadas de calidad total y trabajo en equipo.
     • A trabajar en equipos heterogéneos con la premisa de "lograr la unidad en la diversidad".
     • A desarrollar habilidades para optimizar el uso de la información, del tiempo, de la didáctica, del lenguaje, de los productos automatizados, de la organización dinámica y, por supuesto, de la autogestión.
     • A sustituir la pasividad, la rigidez, la certeza, el temor, la cohesión, por el dinamismo, la flexibilidad, la incertidumbre, la iniciativa, la ambigüedad, la tolerancia y la competencia como características normales de la sociedad actual.
     • A entender que el subuniverso (como diría James) de la vida profesional, está hecho para servir a la sociedad.
     La lista sería interminable, por ello, estimado lector, lo exhorto a que identifique su quehacer y posteriormente lo analice y lo administre. Le garantizo que, por lo menos, en lugar de sentirse un recurso más en la organización, sentirá que asume su rol de ser humano.

Notas
1. Significa afirmar aquello que se debe demostrar y el principio de una demostración no puede apoyarse en la conclusión. Una cosa no puede ser probada por sí misma. La falacia consiste en postular aquello mismo que es preciso demostrar.
2. Como se les ha nombrado recientemente a las organizaciones dedicadas a la educación, la salud, la convivencia y otras actividades sociales.

Bibliografía
BATLEY, T. Técnicas de gestión para profesionales. Granica. Argentina, 1992.
COVEY, S. Los 7 hábitos de la gente altamente efectiva. Paidós. México, 2000.
OSBORNE y Gaebler Como transforma el espíritu empresarial al sector público. Gernika. México, 1994.
PAYÁN, C. Bases para la administración de la Educación Superior en América Latina. INAP. México, 1978.
PONJUAN, G. El éxito de la gestión o la gestión del éxito. Anales de Documentación, 1999. pp. 39-47.
RODRÍGUEZ, D. Gestión organizacional. Gamma/Universidad de Guadalajara. México, 1991.
SAVATER, F. A decir verdad. Universidad Veracruzana. México, 1998.