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¿Qué queda de público de la Escuela Pública?

Miguel Ángel Pérez Reynoso*
* Profesor normalista y psicólogo. Maestro en Ciencias de la Educación por el Instituto Superior de Investigación y Docencia para el Magisterio (ISIDM). Investigador y docente en la Universidad Pedagógica Nacional (UPN).

Un nuevo debate retoma viejos asuntos, ¿Qué queda hoy en día de la Escuela Pública? o, ¿lo público en educación ha muerto para siempre?
    El asunto que hoy conocemos como Escuela Pública y que podríamos ampliar como escuela pública latinoamericana (EPL), fue un logro histórico de las revoluciones del siglo XIX, y de la aspiración independentista de los nuevos Estados nacionales republicanos. Sin embargo, la oleada neoliberal, junto a la tendencia globalizadora, ha puesto en entredicho el carácter público de la escuela y del servicio educativo, junto sus correlatos de laicidad, gratuidad y obligatoriedad.
    Quiero plantear, en este artículo, tres grandes elementos que nos pueden servir para problematizar el asunto público del servicio educativo: la educación como ideología, la educación como mercancía, y, la educación como un derecho universal.

a). La educación como ideología
Desde sus orígenes, los principios rectores y las aspiraciones de la lucha por la defensa de la escuela pública, estuvieron cobijados por aspiraciones de carácter ideológico. Lo público como un derecho para todos, se concebía en los siguientes términos:
    – El Estado se reserva el derecho de promover, en la formación de la niñez, determinados valores y conocimientos que, siendo producto del desarrollo del pensamiento humano y de la ciencia, deben inculcarse a la niñez de una nación. Surge así la dimensión laica de la educación.
    – La educación que se promueva tenderá a afianzar el carácter nacional de la sociedad, para lo cual, los juicios y valores que se inculquen buscarán desarrollar un espíritu patriótico, buscar el desarrollo material y de todos y cada uno de sus habitantes.
    – Los conocimientos que se den en la escuela se alejarán de los prejuicios, dogmas y preceptos que tiendan a la división, el fanatismo y la ignorancia.
    Quienes representan las visiones mas conservadoras de la sociedad –de nuevo desde la esfera ideológica–, se han convencido a sí mismos de que la educación no sólo deberá abrir sus posibilidades de atención a toda instancia que pueda otorgarla, sino, incluso proponen cierto nivel de discrecionalidad en la inserción de los contenidos a estudiarse; proponen, por ejemplo, la inclusión de temas dogmáticos y religiosos como parte de la currícula oficial.
    El debate entre los defensores de la escuela pública1 y aquellos que alegan que el Estado no tiene derecho a monopolizar el servicio educativo,2 ni a decidir nacionalmente sobre la orientación o definición de los contenidos a enseñarse, se enfoca básicamente en tres aspectos:

1. Los márgenes de acción en la administración de las escuelas.
2. La definición de los contenidos de estudio.
3. La sustancia de lo educativo como servicio público, que puede o no someterse a las leyes del mercado, como asunto de fondo.

    Actualmente se han evidenciado síntomas tales como:

– Una flexibilización de los principios centrales de la escuela pública.
– Un avance significativo de las posiciones clericales y conservadores, avaladas, cobijadas o patrocinadas por un gobierno surgido de una alianza entre los grupos de la derecha política (en todas sus tonalidades) que coinciden en la misma sintonía.
– Desorden y caos en los contenidos de estudio, (hay escuelas en las que persiste la hegemonía del discurso oficial y otras en las que, descaradamente, se ocultan los libros de texto oficiales y se imparte religión como "valores").

    El asunto de fondo es la disputa por un proyecto histórico que tiene a la educación como uno de sus componentes estratégicos y a su traducción en servicio educativo. Desde la concepción durkheimiana, que plantea garantizar la continuidad social y la herencia de una visión cultural inherente en los nuevos sujetos,3 perspectiva armónica, hasta la defensa positiva del Estado como garante de una visión plural de la realidad.

b). La educación como mercancíaLos postulados centrales de la educación, su sustento político-ideológico y hasta su definición ética, han sido desplazados y pulverizados por la oleada mundial neoliberal. Desde la lógica del neoliberalismo la educación se concibe como una mercancía más, que puede someterse a las reglas del mercado. Aquí ya no interesan las personas como tales, con derechos universales, independientemente de su condición social, étnica o económica; lo que sí interesa son los sujetos que asisten a la escuela y que éstos sean capaces de pagar el servicio. En esta misma lógica, quienes no pueden pagar deberán someterse y padecer un servicio masificado y de segunda que seguirá siendo otorgado por el Estado. Pero, aún en el espacio de las escuelas concebidas como públicas y administradas por el Estado, habrá jerarquizaciones y estratificaciones; por ejemplo, habrá escuelas de calidad, y otras que no lograrán acceder a estos beneficios.4
    En esta gran ofensiva mundializada del gran capital, uno de los elementos que antes era soporte o pivote de los países latinoamericanos, es el asunto de la soberanía nacional; concebida ésta como principio rector del desarrollo. La autodeterminación prácticamente ha desaparecido y su lugar es ocupado por lo que han dado en llamar "recomendaciones" de los organismos internacionales.
    Instancias como el Banco Mundial (BM), el Fondo Monetario Internacional (FMI), la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), así como cierta influencia de la UNESCO en el seno de la propia ONU, han logrado interferir e intervenir las políticas internas de los países considerados como dependientes o en vías de desarrollo.
    Tanto el Banco Mundial5 como la OCDE, prácticamente se han inmiscuido en la política educativa de los países pobres, influyendo en:

– El financiamiento educativo y las áreas prioritarias de atención.
– La formación de los futuros docentes y la actualización de los que están en servicio.
– La determinación de las orientaciones de las nuevas políticas educativas, disposiciones y reformas por decidir.
– La definición y jerarquización de los contenidos a estudiarse.
– La generación de una visión de totalidad y de igualdad, desde la óptica de los países poderosos, dando una imagen de iguales para todos los desiguales.

    Esta tendencia de someter el servicio educativo a los mecanismos del mercado, ha generado un galopante ‘desarrollo’ de instituciones de todo tipo, con los consecuentes fraudes y manipulación de lo que arropa realmente el desarrollo educacional. Los riesgos y consecuencias desfavorables apenas comienzan, pero siguiendo esta tendencia tendremos un desarrollo educativo totalmente diferenciado y desarticulado, en el que muy pocos gozarán de beneficios mientras que las grandes mayorías tendrán que ‘resignarse’ a aceptar las migajas que quedan para poder educarse y continuar disputando un lugar en la cada vez más compleja estratificación social.

c). La educación como derecho para todosLa universalidad fue uno de los emblemas del despliegue de la escuela pública. Su carácter popular irrumpió y prendió en el conjunto de la sociedad. El Estado se empezó a responsabilizar de equipar escuelas, formar y contratar a los maestros, orientar los contenidos educativos y promover el carácter obligatorio, laico y gratuito.

– Las escuelas públicas se fueron convirtiendo en espacios de formación y esparcimiento, en donde niños y jóvenes tuvieron acceso al currículo oficial y a una forma particular –validada por el Estado– de construir una perspectiva de la realidad social, histórica y cultural.
– Arropado también por los principios de la Escuela Pública (escuela para todos), se desarrollo una forma distinta de administrar los espacios y centros educativos, desde la perspectiva administrativa, dicha forma se le concibió como privada o particular, y era prestada u otorgada sólo a quien pudiera pagarla.

    La Escuela Pública, como parte del desarrollo histórico, generó un debate obligado que aún no ha sido resuelto; lo educativo se concibe como un servicio que deberá otorgar obligadamente el Estado en todos los grados y niveles o podrá ser pagado por aquellos que tienen recursos.
    En la actualidad, como respuesta a la ofensiva neoliberal mundializada, paralelamente, también se ha dado una tendencia educativa, que si bien no regresa de manera nostálgica a los principios ideológicas que originaron históricamente el concepto de Escuela Pública, sí hace una propuesta puntual por defender a la educación como un derecho para todos, sin detenerse en la condición racial, religiosa, genérica, económica y cultural. Es obligación del Estado garantizar el servicio educativo para toda la población. Así quedó plasmado en las leyes fundamentales y las constituciones de algunos países de América Latina.
    Las dos últimas cumbres mundiales de educación (Jomtien, Tailandia, 1990 y Dakar, Senegal, 2000), han reconocido la gravedad de lo rezagos y las grandes disparidades y asimetrías que se han venido dando de manera nada natural en el desarrollo de los pueblos; no es casual que las regiones con mas altos índices de analfabetismo, deserción y escasa escolaridad estén en el centro y sur de África, en Asia y en Latinoamérica (en ese orden). Ello quiere decir que el factor educativo se ha tornado en un elemento estratégico en la nueva disputa por la hegemonía mundial; así lo han entendido los países poderosos, pero también así lo han entendido los organismos no gubernamentales, las redes sociales y los grupos de resistencia, que desde la periferia de las grandes disputas, están organizándose por rescatar y defender lo que hoy queda de lo conocido como Escuela Pública: el derecho de todos a la educación; el derecho a una educación que esté basada en el respeto a las minorías, la tolerancia a todo tipo de formas de pensar; la solidaridad entre los pueblos como entre las personas; la defensa del planeta y en contra de la guerra; el desarrollo de habilidades y competencias respetando las posibilidades de cada sujeto o comunidad.
    La defensa de la escuela para todos, viene siendo la herencia natural de lo que antes fue la definición programática de la Escuela Pública.
    Es así que diversas redes, organizaciones mundiales, grupos gremiales como la Confederación de Trabajadores de la Educación de la República Argentina (CTERA), se plantean que no es posible separar el aspecto laboral de todo el fondo social en el que gravitan las escuelas públicas.6

Notas
1. Desde aquí, a la Escuela Pública se le concibe como derecho universal y como responsabilidad plena e inalienable del Estado para garantizarla, a la vez que se vigila la organización y difusión de los contenidos a enseñarse.
2. Destacan aquí: el clero, los grupos conservadores, los grupos de tendencia derechista, y algunas agrupaciones de padres de familia ligadas a las mismas posiciones clericales conservadoras.
3. Sería conveniente revisar la obra de Emilio Durkheim, sobre todo sus escritos en los que aborda el asunto educativo, en razón de las interpretaciones ulteriores que de ella han tenido los diferentes gobiernos.
4. Puede consultarse al respecto el Proyecto "Escuelas de Calidad", cuyo origen y definición están pautados por organismos internacionales como el Banco Mundial. Revista Educación 2001, junio 2002.
5. Consúltese al respecto el texto de Rosa María Torres (et al), La educación según las directrices del Banco Mundial, CESU-UNAM, México 2000.
6. Al respecto puede profundizarse revisando el número monotemático de la revista Cuadernos de Pedagogía.