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Legitimidad compartida y crítica despiadada: la escuela pública vista por la sociedad civil

Armando Martínez Moya*
* Es investigador de la Universidad de Guadalajara (UDG) y del Instituto Superior de Investigación y Docencia para el Magisterio (ISIDM); profesor de la Universidad Pedagógica Nacional (UPN).

La Escuela Pública, principalmente la que corresponde a la educación básica obligatoria (Preescolar, Primaria y Secundaria), tiene ya un largo arraigo en la comunidad. Comunidad identificada con esos núcleos poblacionales caracterizados por sí mismos (barrios, poblados, colonias, ranchos, suburbios) que componen su sector mayoritario. Ahí viven, conviven, disputan y sueñan bastas capas de personas menudas constitutivas de ese ente llamado sociedad civil, que de alguna manera, a fuerza de vínculo obligatorio tiene una relación con la escuela pública. Su opinión sobre ella es simple, sencilla, espontánea, basada en su experiencia familiar y personal. Una inmensa mayoría de sus miembros pasaron por sus aulas –aunque no por todos sus niveles–, para después cumplir con su papel de personas adultas, de padres de familia.
    Es cierto que la gente común y corriente, no tienen una opinión docta sobre la educación que ofrece el Estado, su punto de vista se antoja anecdótico, casuístico, sin análisis rigurosos; la refieren, para bien o para mal cuando viene al caso pues su vínculo es directo o simbólico. En lo directo porque es la escuela de sus hijos y sus ojos están puestos en ella, hacen entonces comentarios puntuales producto de las vicisitudes del momento; pero también es un imaginario; la evocan, cuando recuerdan con nostalgia su infancia escolar, sus amigos, sus maestros y mil peripecias de entonces. Hablan de ella como algo propio, como un espacio perteneciente a la comunidad, como cuando se refieren a la iglesia o a la vendimia del tianguis. Es algo natural y común, pues la escuela forma parte desde hace ya muchísimos años del paisaje cotidiano; es además un vínculo que engarza la población con el gobierno pues los profes son a fin de cuentas sus personeros.
    Confluyen en las escuelas oficiales dos sectores que le dan a la escuela una imagen singular: los niños y los maestros; unos y otros adquieren una valoración protagónica. Los niños, por ser la porción más cuidada y sensible del conjunto del conglomerado popular y por lo que parecen representar en un futuro que esperan positivo. Los maestros, porque su condición de trabajadores intelectuales al servicio de aquellos legitima su valor. Su influencia vale por la incidencia formativa en esos alumnos que son a su vez los hijos del vecindario. De ahí que se exprese hacia ellos un reconocimiento que, aunque muy menguado, sigue prevaleciendo.
    La escuela y sus maestros son ya una presencia familiar del vecindario, como la tienda y el jardín. Los docentes forman parte de la comunidad, aunque no vivan o no sean de allí, pues al atender, ni más ni menos que a la chiquillada de la comunidad, ya sean pequeños o adolescentes, adquieren legitimidad de pertenencia. Todos, de alguna manera, estamos vinculados a las escuelas oficiales, pues si consideramos que la inmensa mayoría de la población pertenecemos a la heroica clase media o al sacrificado sector subalterno, algo nos une a ella.
    Pero: ¿qué opina la gente de la escuela? La desmedida autoalabanza pregonada por el Estado la más de las veces a través de una retórica trillada, ha hecho que no sepamos realmente qué es y cuál es su naturaleza. El respetable no se escucha, o más bien: el régimen ha venido hablando por él y pone en su boca la vanagloria de considerarla una de las más importantes conquistas sociales. Es el bastión heroico de la educación laica. El templo del saber para niños pobres, la única alternativa contra la ignorancia. La escuela pública es considerada asimismo la fuente de los valores nacionales y, lo más importante: en ella la infancia recibe la herencia cultural de la nación y la humanidad. Todo esto puede ser cierto, pero: ¿qué piensan las comunidades, los ciudadanos, los usuarios, sutano, mengano y perengano, realmente, de su función? Esto es algo de lo que pretendemos indagar aquí.

En busca de referentes
Parecen ser pocos los estudios sobre la idea que la sociedad tiene de la educación impartida por el Estado. Un porcentaje abrumador de investigadores ha estudiado su aspecto histórico así como su diversificada realidad presente, pero los juicios emanados sobre cada tópico estudiado corresponden a determinados próceres seleccionados, a los gobernantes en turno o en todo caso a quienes hacen los estudios. Agreguémosle, además, la opinión del propio Estado que ha construido todo un corpus bibliográfico para alabarse a sí mismo, en parte para cumplir un mandato emanado de nuestra ley fundamental, pero también para darle legitimidad a la escuela pública como recurso de poder, sustentando como válida su intervención hegemónica en la educación infantil.
    En lo referente a su situación actual, el cúmulo exagerado de estudios sobre diversas parcelas del acontecer educativo y pedagógico, han permitido deducir importantes elementos en torno al tipo de educación que es, pero poco se sabe sobre la concepción que las personas extramuros y los propios profesores en su momento han tenido y tienen sobre la escuela. Es decir, hace falta la expresión colectiva de la comunidad que la circunda y del magisterio que ahí trabaja, que son quienes finalmente "sufren" la escuela pues son parte de ella.
    Un trabajo que me indujo a abordar desde una perspectiva crítica la educación laica básica, es el de Olac Fuentes, en su célebre artículo sobre laicismo y escuela pública.1 Ahí se plantean aquellas tesis que de manera reiterada utilizan determinados críticos para descalificarla; él responde con juicios bastante explicativos apoyándose en la Historia, la legislación, la cultura; haciéndolo con un sentido común muy didáctico. Se dice por ejemplo:
    Primera Tesis: Se ha afirmado que la enseñanza pública controla y cuadricula la mente de la población y que el laicismo es un instrumento antirreligioso.
    
Respuesta: Estas afirmaciones son infundadas, (…) intentan darle vida a una antigua querella, que en México ha sido resuelta y ha dejado atrás mucho encono y serios daños; y porque deforman el significado que el laicismo tiene hoy como garantía de la tolerancia, el pluralismo y la libertad de conciencia.
    
El laicismo es una doctrina confrontada con otras. Es una posición frente a una pluralidad de doctrinas, particularmente religiosas, que reclaman por igual la validez de su visión del mundo. Ser laico significa reconocer el derecho de todos a practicar una religión –si esa es su decisión– y hacerlo en el ámbito de la familia, de las propias comunidades religiosas y de las organizaciones ligadas a ellas. (…) En la escuela pública, a la que acuden todos sin diferencias, el Estado se encuentra obligado a promover una formación común, fundada en valores compartidos por todos, más allá de las diferencias entre doctrinas religiosas, que sueles ser irreductibles y frecuentemente se expresan de manera intolerante (…).2
    La respuesta tiene buen argumento y una alta dosis de credibilidad, pero la expresa un analista, no la sociedad; no los familiares de los usuarios directos. Esta es la característica de casi todos los estudios. De lo que se trata entonces es de saber qué hay en las miles de cabezas del personal multitudinario, aquel que vive día a día una relación directa con la escuela básica del régimen, para darle cuerpo a una opinión representativa. Es la hora de pasarle el micrófono al común de la gente, pues su condición de actores cotidianos en una sociedad donde no son interlocutores, los hace merecedores de esa obligación.
    En el caso de la opinión de los maestros, necesitamos partir de su situación. Nuestra condición de tercermundistas nos hace ser un país con un alto grado de desempleo, por lo que tener un puesto permanente es una bendición. Los maestros al servicio del Estado lo tienen y sólo por ese hecho son privilegiados. Tener un salario seguro cada quincena es envidiable pero no evita su precariedad, pues son el eslabón más bajo de la escala de profesionistas; esto permite entender el que aunque sean licenciados la mayoría viven al día. Sólo cuando se tiene doble jornada de trabajo se pueden solventar ciertas necesidades adicionales. Mantener a un millón de maestros en estado de indefensión, y que además estén tranquilos, no es tarea fácil. Se hace necesario una buena forma de control para que caminen parejitos y sin chistar. El sistema tiene sus formas, una de ellas está en el régimen administrativo de las escuelas; otra en el control gremial. Funcionan como una pinza que los oprime; la propaganda sistemática sobre las bondades de tener una plaza al costo que sea y estar convencidos de que su situación es mejor que muchos otros trabajadores, hace que pierdan su capacidad de reacción.
    Los maestros son el alma del sistema educativo y todo gira en torno a su esfuerzo cotidiano. La escuela es su infierno y su gloria. Dejan su vida ahí, para bien o para mal, pues no todos los docentes son salvables por definición. Son producto de la escuela pública, a ella se deben pero son ellos los que delinean su condición y destino. Sin embargo, poco se sabe sobre lo que opinan que tienen y de todo lo que gira en torno a su ejercicio: plantel, planes de estudio, padres de familia, sindicato, directores, normas, vacaciones, responsabilidades, ascensos, etcétera. Referentes imprescindibles para conocer la cosmogonía de la escuela publica desde los ojos de los profes, cuyo papel tan atingente se hace totalmente necesario.
    Con estos dos actores: padres de familia y maestros, hemos hecho aquí un simple ejercicio de exploración sobre una población aleatoria lo cual nos revela evidencias que considerábamos presunciones. Preguntamos primero a un grupo de 175 pobladores de colonias populares y clase media amolada,3 tres aspectos: primero, ¿qué cosas importantes cree que tienen las escuelas donde usted estudió o estudian hoy sus hijos que merecen reconocer y continuar?; la segunda pregunta fue: ¿qué cosas le parecen aberrantes o malas de esas escuelas que debían cambiar?; la tercera y última: ¿considera que las escuelas oficiales deben desaparecer?4
    Preguntas abiertas no fáciles de despejar, que, una vez que decantamos las respuestas, develan con extraordinaria nitidez ese imaginario que la gente, a través de múltiples fragmentos, –como hojas de papel volando–, muestra como mirada elocuente sobre la naturaleza de las escuelas públicas elementales. Revelación que expresa esa dicotomía entre las perversiones a veces dramáticas de un proyecto que parece hacer agua, y las evidencias de una institución emblemática que representa la única oportunidad de engañar la ignorancia y tener una leve esperanza sobre un futuro más promisorio.

Un micrófono para el "respetable", hablan los progenitores
• Cinco razones para cerrar las escuelas públicas
Sintetizamos a continuación las opiniones más frecuentes que expresaron los padres de familia (principalmente madres) respecto a las preguntas. Tratando de conservar el sentido de las respuestas, así como su intencionalidad y matices, se les dio a las mismas una manita de gato con fines estrictamente sintácticos, buscando también conservar ese lenguaje llano y coloquial que caracteriza a los pobladores de zonas populares.
    1. Es horrible que muchos maestros sigan enseñando a los niños de manera tan tradicionalista, aprendiéndose las cosas como nos las enseñaron a nosotros, a puro repetir y repetir. Además no revisan las tareas, regañan a los niños y los castigan casi siempre de manera injusta. Los traen de mandaderos. Nos mandan llamar para quejarse de su conducta y ellos mismos seguido chacotean en el patio mientras ponen a sus alumnos a hacer planas y planas. En la secundaria, lo que importa es la disciplina, no lo que aprenden; más se tarda el maestro en pasar lista cuando la clase ya se acabó.
    2. Piden cosas todo el año y no es posible cumplir con todo. Es claro que todo es negocio del director; que un libro complementario, que el sweater, uniforme deportivo y cívico y muchas cosas más que no nos damos abasto. Es un gastadero y nunca sabemos los papás en que se utilizan los fondos para la escuela. La cooperativa también es negocio y el director no le da cuentas a nadie. Algunos maestros incondicionales y algunos padres de familia se prestan para justificar los gastos erogados. Yo creo que hay tajada. Al cabo para todos hay. Bueno al menos para ellos.
    3. Las escuelas están siempre en mal estado, son contadas las que están más o menos decentes, no sabemos que hacen con el dinero de las cooperaciones; no se ve. Los directores y directoras deciden en realidad el monto de las cuotas y luego nos obligan a todos a cumplir con la aportación, con la amenaza de que si no se coopera, nuestros hijos quedan fuera. La escuela es un negocio para el director y para algunas madres. Nunca rinden cuentas, no hay material didáctico ni de la biblioteca. En la tienda venden muchos productos chatarra, seguro que la dirección recibe dinero de las Sabritas o de la Coca-cola. Todo es negocio.
    4. El trato que regularmente nos da el director y muchos maestros, no es amable, como si nos estuvieran haciendo el favor de tener ahí a nuestros hijos. Nos avisan cuando ya pasó algo malo, como por ejemplo que reprobó o se peleó, pero no he visto que haya acciones preventivas o que se investigue por qué no quieren estudiar. Siempre la culpa la tenemos nosotros. Los maestros nunca reconocen si se equivocaron o se excedieron o si su forma de trabajo es deficiente. Cuando hay sobrecupo, la forma de ingreso es por conveniencia, si tienes influencias ya tu hijo es recomendado y entra. Los que no conocen a nadie por lo regular no pueden meter a sus hijos a la escuela o los mandan en la tarde, donde están los maestros mas flojos y los alumnos más burritos, bueno, eso dicen.
    5. Constantemente se suspenden clases. Que por reunión sindical, que por cursos para los maestros, que hay que hacer puente o porque los maestros no asisten definitivamente. Las ceremonias a la bandera son tediosas y los festivales son pura sacadera de dinero. Se ha dado el caso de maestros que llegan tomados o violan a un niño y el sindicato los protege. Es muy difícil correrlos. No sé cómo ponen a los directores, yo creo que escogen a los más regañones o corruptos. La directora de la secundaria donde están mis hijos estrena carro último modelo cada año, y de los caros.

• Cinco razones para defender la escuela pública
1. Si no hubiera sido por la escuela oficial donde estudié sería un analfabeta. Siendo pobre sólo ahí podía estudiar. Aprendí muchas cosas que luego me sirvieron para defenderme en la vida; no sólo cosas de ciencia sino de mis valores, de reconocer lo que es mi país y lo que ha sido su historia. Mucho de lo que yo les digo hoy a mis hijos en parte es por la influencia de mis maestros: que se superen, que valoren lo que aprenden. La escuela me enseñó a empezar a tener responsabilidad.
    2. El ejemplo de mis maestros de la escuela del barrio es invaluable. Tener que trabajar con 50 chiquillos o más todos hablando al mismo tiempo: ¡que paciencia! Siempre atento el maestro a lo que le pasaba a alguien; siempre un consejo para aliviar una preocupación, siempre la palabra orientadora para nuestros padres al detectar en nosotros algún problema. Recuerdo a mi maestra: siempre alegre y optimista, dicharachera y ocurrente ¡cómo aprendí con ella! La profesora de mi hija pequeña en el Kinder es como otra madre, se ha ganado a pulso el cariño de mi hija. He aprendido yo también cosas a partir de las enseñanzas a ella. Ahora valoro por ejemplo la importancia de saber escuchar a los hijos y darles su lugar.
    3. Mis mejores amigos los tuve en la escuela de gobierno donde estudié. Ahí sí había compañerismo, todos nos tratábamos igual, fuéramos prietos, güeros o pelirrojos. No había distingos pues todos éramos de las palomillas de la colonia. Ahora recuerdo con nostalgia esos dorados años de mi infancia. Las diabluras y travesuras sólo me hacen sonreír pues la escuela era un espacio de vida maravilloso.
    4. Ahora que tengo una profesión, reconozco que fue en la escuela, en la humilde escuela de mi rancho donde me fui enseñando a pensar; ahí conocí los primeros signos que luego sirvieron para enseñarme a leer y a contar y ahora a ejercer mi trabajo con profesionalismo. La escuela te hace reflexionar. Ahora me resulta paradójico que los modestos maestros rurales de mi escuela, a quienes poco se les reconoce aún, hayan sido los que me mostraron los secretos más extraordinarios de la naturaleza y a tener una permanente vocación para la curiosidad y el asombro. Aprendí del tipo de plantas, árboles y animales de mi pueblo recorriendo con mi maestro los alrededores de mi localidad y gracias a ello, tuve una infinita curiosidad por conocer el mundo.
    5. La escuela de gobierno es para todos los que no podemos gastar más que lo imprescindible, que somos la mayoría de todos los mexicanos. Recuerdo que al principio me negaba a ir, me llevaban a fuerzas, pero luego, sin darme cuenta, me fui acostumbrando, la escuela me hizo organizarme y reconocer la validez del esfuerzo propio y ajeno: flojeando me iba mal y poniendo un poquito de mi parte me hizo avanzar hasta hacer una carrera, aunque sea técnica, pues ya no podían sostenerme mis padres; tuve que trabajar muy joven. Las escuelas oficiales nos dan las bases para que se nos acaben los prejuicios, los fanatismos y los malos pensamientos. Nos hace amar la ciencia y principalmente a nuestro país. Ahí me aprendí el himno nacional y supe respetar nuestra bandera, pero lo más importante es que supe reconocer lo que es nuestra cultura y nuestras costumbres y tener un sentido de superación.

Nosotros los profes, ustedes los ricos
• Cinco razones para aborrecer la escuela pública
Sintetizamos aquí también las ideas principales de los maestros a través de las respuestas sobre las preguntas referidas. Al igual que las de los padres de familia, aquí las respuestas también se agruparon y sintetizaron conservando su sentido coloquial en que se expresaron verbalmente a fin de preservar su autenticidad de estilo.
    1. El influyentismo en las escuelas es generalizado y descarado, no se respeta el escalafón, cuando menos en las escuelas estatales, hay "mano negra" a tal grado que llegan a la dirección quien menos lo merece, no sólo porque no tiene puntos escalafonarios, sino por su nula preparación. Parece que lo que el sistema y el sindicato quieren es quién sepa controlar la escuela, no quién la dirija para su superación educativa. En Secundaria las horas se dan a los incondicionales del director, seas buena o mala maestra. En la escuela no importa como trabajes, no les interesa tu capacidad pedagógica, si tu grupo está ordenado y tranquilo todo está bien. Existe un paternalismo mal entendido, si eres incondicional y no cuestionas nada, nadie te molesta, pero si cuestionas algo en la escuela, incluso situaciones aberrantes como agresiones a los alumnos, expulsiones injustas, nulo trabajo colegiado o las carencias de la escuela, luego luego te fichan, te catalogan de grillo y problemático.
    2. Muchas delegaciones sindicales en las escuelas haz de cuenta que no existieran. Están del lado patronal. En las elecciones para comité delegacional, el director o directora que estén intervienen y hacen siempre sus planillas con sus incondicionales, y como tienen el control administrativo pues casi siempre la votación se inclina hacia ellos. Si tienes algún problema laboral mejor arréglalo con el director en buenos términos, pero si te enfrentas a él, aunque estés apoyado por la mayoría, no hay quien te sostenga, en el sindicato siempre se inclinan por el directivo. Lo más común es que te cambien mejor a ti que al director, aunque tengas razón. Todo esta muy controlado.
    3. Si egresas de la UPN o de una maestría en donde hiciste un proyecto de innovación, al querer implementarlo en tu escuela, te ponen demasiadas trabas, más si tienes que integrar a otros maestros. No debes romper la tranquilidad ni las costumbres impuestas, primero te dicen que sí y luego te ponen múltiples obstáculos. No debes interrumpir esa rutina que tanto te dijeron en la UPN que debías cambiar. El trabajo en los consejos técnicos no existe, si hay reuniones casi siempre son para resolver problemas administrativos o para festejar el cumpleaños de la directora y hay que darle un regalo con las aportaciones "voluntariamente a fuerzas" que piden. Nunca se tratan problemas pedagógicos o de planeación del trabajo, cada quien jala por su cuenta.
    4. El programa que tienes que llevar por materia está hecho como si no existiera ningún problema en la escuela. Las actividades programadas por unidad o por tema no consideraron que tienes que trabajar con salones saturados de alumnos. Tampoco toman en cuenta las dificultades de todo tipo que tienen los alumnos, ya sean familiares, sociales, geográficos (las distancias que tiene que caminar para venir y regresar de la escuela), psicológicos o simplemente de incapacidad. No hay suficientes recursos didácticos para trabajar con cosas que de verdad le signifiquen al niño o al adolescente. Te exigen que concluyas el programa a como dé lugar y pues lo haces de manera superficial, sin detenerte en aquellos aspectos que merecen mayor dedicación. Por eso los alumnos están como están. Yo creo que las calificaciones que los maestros les ponemos no corresponden a la verdad, lo hacemos para no tener problemas, ni modo de reprobarlos a todos. Si lo haces te echan la culpa a ti.
    5. Los cursos de actualización por lo general están mal organizados, muchos de los multiplicadores están para llorar. No abordan los problemas que frecuentemente tienes en la escuela, como por ejemplo cómo trabajar con 50 escuincles al mismo tiempo y que de veras les sirva para su aprendizaje. O meterse de lleno a problemas de lectura de comprensión o expresión escrita que es nuestro talón de Aquiles y de donde dependen todos los demás aprendizajes. Hacen falta talleres que duren más tiempo pero que no afecten las vacaciones. Ahora los hacen en los días que antes eran de asueto, cada día nos quitan más días. Las autoridades no comprenden lo que es trabajar jornadas diarias con niños o adolescentes, necesitamos vacaciones suficientes pues la carga de trabajo es excesiva, eso no se refleja en el cheque: tenemos que revisar trabajos en casa, preparar las clases, atender padres de familia en horarios diversos, en fin, múltiples actividades que requieren jornadas de descanso también intensas. ¿Y el sindicato? Bien, gracias, no ha dicho nada ahora que nos quitaron vacaciones y nos pusieron a trabajar en esos días.
• Cinco razones para reivindicar la escuela pública
1.
El nombramiento de maestra que tengo me ha permitido vivir sin las preocupaciones de quienes tiene siempre que estar buscando trabajo. Tengo prestaciones que para otros son envidiables. Si tienes suerte, le echas muchas ganas y se da la oportunidad, vas escalando en Carrera Magisterial, que, no es mucho pero te ayuda para solventar más holgadamente tus necesidades. Mi casita la adquirí con un crédito que me gestionó el sindicato. Tengo la tranquilidad de recibir cada quincena dos salarios pues tengo doble plaza, que aunque es cansado ya me impuse.
    2. No hay cosa más hermosa que trabajar con los chiquitines. Es para mí una bendición trabajar en el jardín, amo a los niños y creo que también ellos a mí. A través de mi trabajo he intervenido con los padres de familia para que cambien sus actitudes y sean mejores esposos pues las malas relaciones influyen negativamente en el aprendizaje de sus hijos. Me gusta mi trabajo porque veo cómo los niños empiezan a pensar, veo su mirada reflexiva, buscando una respuesta al tema. Siento que soy parte de esa gran labor que hace la escuela oficial de llevar la educación a todos los lugares, principalmente los más modestos. Me siento realizada porque soy considerada importante por la comunidad; los padres de familia siempre me piden un consejo, una orientación, hasta para resolver sus problemas conyugales.
    3. Creo que tenemos como maestros una gran responsabilidad con los alumnos de primaria, pues allí deben ir definiendo sus inclinaciones respecto a lo que harán en la vida. Veo cómo mis alumnos van asumiendo determinados roles que luego serán determinantes en su vida de adultos: mandones, líderes, serviles, callados, cohibidos, alegres, relajientos, llevados. Yo siempre trato de reorientar sus actitudes y formas de comportamiento cuando veo que es negativo para su proceso educativo y para lo que serán en el futuro. Creo que nosotros, además de enseñarles diferentes aspectos de las ciencias, buscamos enseñarles a ser ordenados en lo que hacen; cuando les dejamos tarea, ahí podemos ver si van adquiriendo responsabilidad, conocer si saben organizar su tiempo para el juego y su tiempo para estudiar. Ahí también podemos darnos cuenta si existe en su casa un ambiente propicio para el estudio. Yo creo que es importante lo que hacemos en la enseñanza de valores, pero no a través de una manera tradicional, sino inculcados, creo que este aspecto es una misión de la escuela muy bonita y muy necesaria.
    4. Creo que los maestros del sistema oficial somos de los profesionistas que más se preparan en toda su vida laboral. Siempre en cursos, siempre atendiendo nuevos programas, siempre cumpliendo con las indicaciones que nos dan las consultoras o con las nuevas orientaciones de los modelos pedagógicos. Siempre estudiando en verano, en maestría, en la UPN, entrando en especializaciones, en posgrados. La preparación que he venido adquiriendo en todos estos años de servicio creo que me ha permitido ser mejor maestro, sin embargo creo que debo seguir preparándome pues la escuela de gobierno tiene siempre muchos problemas que resolver. Yo creo que los resuelve de la mejor manera que posible.
    5. Cuando me encuentro a alumnos que tuve ya como profesionistas o simplemente trabajando honestamente, o como padres de familia, me siento orgulloso. Me he encontrado a exalumnos que su situación económica era entonces muy difícil, y que ahora están mucho mejor, teniendo un trabajo que les ha permitido salir de esa condición. Aquí es donde veo la labor de nosotros, pero principalmente la de nuestros centros de trabajo, que están enclavados en todos los rincones del país. Yo como maestra siento que realizo una labor hermosa en la sociedad, principalmente porque me ha tocado iniciar a mis niños en los conocimientos que les permitirían defenderse en su vida adulta. Saber leer y escribir y manejar las operaciones matemáticas son para mí las herramientas más importantes que la escuela puede ofrecer para luego adquirir otros conocimientos. A mí me parece que la escuela de gobierno y nosotros los maestros lo que más hemos hecho por la niñez, es que sientan que tienen la oportunidad de vivir mejor habiendo tantos pobres en el país, y que sólo estudiando y preparándose se puede lograr.

Punto final
La tercera pregunta hecha a los padres de familia y a los maestros pidiéndoles que contesten simplemente si consideran que la escuela pública de educación básica debe cancelarse o permanecer, la respuesta fue contundente: debe continuar, pero no con todas sus altas y sus bajas, sino que debe cambiar para mejorar, pues la interpretación que hacemos a las respuestas nos sugieren que, como modelo, como paradigma concebido para abrir las mentes de una infancia que debe tener las oportunidades que no tuvieron sus padres; de estudiar para mirar la vida sin prejuicios religiosos ni políticos, para desarrollar las capacidades y destrezas que la inteligencia infantil requiere. En todo estos sentidos, la propuesta de la escuela pública es de continuidad. Las desnaturalizaciones, producto de los intereses políticos y económicos de diferentes grupos que gravitan en ella, los vicios y la burocratización, el despotismo y la exclusión deben resolverse por la vía del avance democrático, la tolerancia y el diálogo. La modesta exploración expuesta en este trabajo, si bien mostró que subyace un corporativismo escolar y gremial que propicia toda una serie de problemáticas que conducen, en última instancia, al deterioro del proceso de aprendizaje; también es cierto que la escuela ha aprobado el examen como enseñanza para la vida y para la realización profesional para esta modesta porción de pobladores populares y educadores de Guadalajara.

Notas
1. Fuentes Molinar, Olac. "El laicismo: seis tesis contrarias a la educación pública", en: Bases filosóficas, legales y organizativas del Sistema Educativo Mexicano. Licenciatura en Educación Primaria. SEP. México, 1997. pp. 41-45.
2. Op. Cit. pp. 27-28.
3. Las permanentes crisis y sus repuntes hace difícil la delimitación de las clases sociales y sus segmentos. En el caso de la llamada clásicamente pequeña burguesía (clase media), un sector importante ha resentido los efectos de la contención salarial, el desempleo y la inflación. Este sector carece regularmente de vivienda propia o ha adquirida alguna con un crédito a largo plazo, tiene un régimen de ahorro muy raquítico, trabajan por lo regular madre y padre y se han visto en problemas cuando las crisis arrecian.
4. Mis 42 alumnos de la Escuela Normal Superior de Jalisco (ENSJ) de la licenciatura en Ciencias Sociales del ciclo 2000-2001 me ayudaron a entrevistar a esas 175 personas de diferentes colonias del Oriente de la ciudad, principalmente. Desde aquí les agradezco, aunque un poco fuera de tiempo, su esfuerzo.