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Escuela pública y zapatismo: educarnos para ejercer la democracia

David Lozano González*
* Profesor de educación secundaria. Alumno de sexto año en la licenciatura en Ciencias Sociales de la Escuela Normal Superior de Jalisco (ENSJ).

Para comenzar me gustaría aclarar el origen de este documento. La idea básica tiene que ver con el binomio educación y democracia, del cual se desprenden varios planteamientos a desarrollarse en mi trabajo de titulación para alcanzar (ojalá) el grado de licenciado en Educación Secundaria en la Escuela Normal Superior de Jalisco (ENSJ); siendo pues, alumno normalista en la modalidad extraescolar, planteé el tema al asesor, y de este último surgió la invitación a realizar –como él lo señaló– un "ensayo del ensayo". Agradezco el espacio a la revista La Tarea y espero que el título y contenido no se alejen de las expectativas de aquellos(as) que han impulsado e impulsan ese proyecto editorial que, en este número, busca abarcar el importante tema de La escuela pública. Yo, tan sólo he "hecho eco" de algunas ideas, voces y experiencias que surgen desde y fuera de la misma.

...o sea que, ¿si Zapata viviera, pedagogo fuera?
Aun cuando existen iniciativas como la creación de una escuela secundaria en Oventic, en la región de los Altos en Chiapas, la crítica a la educación indígena como instrumento de aculturación, no se quedan hasta ahí. En los planteamientos que se relacionan con el tema de educación, el movimiento zapatista va más allá de un posible proyecto de escuela autogestiva o de educación popular, en el zapatismo del siglo XXI existe un referente muy importante a tomar en cuenta –sin ser el único–, para la construcción de una sociedad democrática donde la participación de las personas se alejan del autoritarismo, la manipulación o el sostenimiento del statu quo. Al hablar, en las primeras líneas, de un binomio clave, quiero decir que ante lo múltiple y confusas que pueden ser las definiciones de educación y democracia (Fullat, 1983: 21; González Casanova, 1995: 12) es necesario buscar, a partir de un contexto y actores determinados; me interesa un concepto donde educación y democracia sean "caras de una misma moneda", y que sean instrumentos de cambio en la escuela pública o en cualquier espacio de convivencia.
    Parto, entonces, de que la educación y la democracia son procesos, actividades o movimientos que arrojan evidencias subjetivas. Por mi parte, voy a intentar reflexionar sobre las mismas a partir del zapatismo. No tengo nada en contra, por ejemplo, del concepto freireano de educación, donde sí encontramos reflexiones propias de la pedagogía. Desarrollo el tema de esta manera porque los conceptos se (re)construyen de manera permanente a partir de sus actores y situaciones; además, porque muchas de las respuestas a los problemas que aquejan a nuestro país las vamos encontrar no sólo en Chiapas, sino en Oaxaca o Guerrero. El futuro político y social de México se juega en las regiones donde impera, por un lado, la pobreza, pero por otro, también existen una serie de iniciativas que surgen de identidades colectivas que bien pueden servir de referencia, de "balanza" o como punto de convergencia, Carlos Fuentes (1995: 21) lo dice mejor:

"A nosotros nos corresponde decidir si podemos respetar esos valores ajenos, sin condenarlos al abandono, pero salvándolos de la injusticia. Los indios de México son parte de nuestra comunidad... olvidarlos es condenarnos al olvido a nosotros mismos. La justicia que ellos reciban será inseparable de la que nos rija a nosotros mismos".

    La expresión que conocemos del zapatismo ya no es la de una fuerza militar,1 esto se puede comprobar si atendemos sus demandas, principios e iniciativas, que se enumeran en los siguientes puntos:
    1. Trabajo, tierra, techo, alimentación, salud, educación, información, cultura, independencia, libertad, democracia, justicia y paz.
    2. Dos principios; "Mandar obedeciendo" y "Para todos todo, nada para nosotros".2
    3. Iniciativas que van desde foros, encuentros, mesas de trabajo, marchas, documentos y consultas, como ejemplos: la convocatoria a la Convención Nacional Democrática (agosto de 1994); las consultas: una "Por la paz y la democracia" y otra por el "Reconocimiento de los pueblos indios" (agosto de 1995; marzo de 1999); la mesa de trabajo: "Derechos y cultura indígena" y sus resultados, "Los Acuerdos de San Andrés", firmados en febrero de 1996.
    ¿En dónde se acercan el zapatismo y la escuela pública? La convergencia tiene que ver con la defensa de una igualdad republicana y con la construcción de valores; el zapatismo lucha por que se garanticen y enriquezcan los derechos sociales y no sólo, en el mejor de los casos, aparezca el asistencialismo como política de Estado. La educación, la salud y la vivienda deben asociarse a las figuras de bien común y servicio público. Por eso, rechazan las prebendas y el fomentar que el éxito de una persona recae exclusivamente en su trayectoria particular y en la "magia" de las fuerzas del libre mercado (conviene recordar aquí aquella recomendación foxista de "vocho, tele y changarro"), posición que deslinda totalmente al Estado de su compromiso social, donde lo público se ve golpeado y descalificado para dar entrada a la privatización. La escuela debe existir ligada a ese conjunto de derechos sociales que garantizan el pleno desarrollo de los pueblos, los fines que persigue la escuela pública son de orden cualitativo, como la solidaridad, la reflexión y la cultura; es gratuita porque pretende garantizar su acceso a todos y porque la educación no se concibe como una mercancía; la privatización todo lo quiere cuantificar –lo que no se vende o compra no es funcional–, por lo que promueve el pensamiento único; su discurso está diseñado no a partir de las necesidades de la sociedad sino en las del mercado. En las escuelas privadas se vende una mercancía a la que no todos pueden acceder.
    No es casualidad que en la defensa de la escuela pública coincidían más actores sociales, son aquellos y aquellas que aspiran a un proyecto de país en el que se garantice la plena ciudadanía a través del acceso a un conjunto mínimo de servicios o bienes. En el conflicto de San Salvador Atenco, la expresión "La tierra no se vende", retumbó en los oídos de aquellos que definen desarrollo y exclusión como sinónimos, los campesinos se situaban en una lucha más amplia, donde la vigencia de los derechos se garantiza por todo un sistema social de tipo universal, solidario e incluyente, el cual para que no desaparezca del todo y se fortalezca, nos involucra; por eso, las muestras mutuas de apoyo, tan importante es la lucha ejidal, como la que rechaza la presencia de las Afores o la que sostiene la gratuidad en la educación.
    La construcción de valores sepulta la posibilidad de que los maestros anden encapuchados o de que a los zapatistas se les asignen nombramientos (que no hay, por lo demás) para fortalecer la escuela pública. Con excepción de la "Primera declaración de la selva Lacandona", de enero de 1994, donde se llama a combatir al ejército mexicano y a incorporarse a las filas del EZLN, el resto de sus iniciativas se han mantenido alejadas del estilo clientelar o vertical; son, sobre todo, un construyamos, un encuentro de iniciativas que surgen de sus actores, el zapatismo no se postula vanguardia, tiende "puentes",3 porque nadie viene a sustituir al otro. El revisar y compartir las experiencias alimenta la creación de valores, que empieza cuando las personas replantean su papel y actuar en sus lugares de convivencia, es decir, al saberse portadores de una historia que puede escribirse de otra manera, y que continúa al reconocerse con los otros; el diálogo, la participación activa, el consenso, la tolerancia, la solidaridad, la denuncia y el compromiso social, son ejemplos de valores que se construyen tanto en la escuela como en el ejido, el barrio o la organización sindical... corrijo, los involucrados con la escuela pública sí pueden andar encapuchados, más aún si es invierno y se carece de edificio; el compromiso y el cambio vendrá de ellos y no de los decretos, dirigencias iluminadas o buenas intenciones.

¿Líderes morales y empresarios-metidos-a-la-educación?
El mejor llamado de los zapatistas a la participación en política lo encontramos en el principio "mandar obedeciendo", el cual puede ser un referente para la escuela pública en todo aquello relacionado con la toma de decisiones, el desarrollo de las mismas y la rendición de cuentas; no es un simple juego de palabras, conlleva identificar a la política como parte de nuestras experiencias o modo de vida y de ser, que aparece entre los individuos y se establece como relación (Arendt, 1997: 46), en otras palabras, la política cobra valor por el sentido que le den las personas: nada hay más político que tratar de convencer y defender las ideas, que llaman apolíticas, por un lado, donde el pesimismo o la apatía desplazan a la participación y a la creatividad y, por otro, el pensar en las posturas neutras y carentes de matices ideológicos. Un segundo elemento nos ayudaría a profundizar y tiene que ver con el rechazo a la toma del poder, en voz de los zapatistas:

"No son las armas las que nos dan radicalidad, es la nueva práctica política que proponemos y en la que estamos empeñados con miles de hombres y mujeres en México y en el mundo: la construcción de una práctica política que no busque la toma de poder sino la organización de la sociedad" (EZLN, 1999: 123).

    La escuela pública ha sido botín, sus integrantes forman parte de las redes clientelares y verticales que se tejen desde las dirigencias sindicales o las jefaturas administrativas con la intención de conservar, desde la simple protección de ciertas canonjías, hasta el asegurar el control y la reproducción de una vida escolar alejada de la crítica y sin capacidad para organizarse. Con los planteamientos del mandar obedeciendo y la idea de luchar por no tomar el poder, sino por democratizarlo, se vendría a proponer en las escuelas un ejercicio donde la política se interesa por las personas como sujetos y no como objetos, "metiendo" a las escuelas en otra dinámica, donde se pueda discutir y reflexionar en asuntos como el Reglamento Escolar, que, por lo común, son elaborados y aplicados sin la opinión de sus destinatarios y con un diseño restrictivo, contradiciendo la mínima idea de ser documentos para fortalecer la organización y el consenso. El mandar obedeciendo exige prácticas que tienen que ver con la transparencia, la información y el respeto a los acuerdos; del otro lado, la idea de aspirar a "tener"4 un cargo o representación no debería mantenerse alejada a la de democratizar esas instancias; ya no se trata de quién, sino de cómo se ejercen las actividades sindicales, administrativas, estudiantiles, etc.
    Al sabernos miembros de una comunidad sujeta a normas (reglamentos, acuerdos, lineamientos, convenios, etc), su cabal cumplimiento depende no sólo de quien ostenta la función de aplicarlas, sino que sus destinatarios deben dar seguimiento y corregir el rumbo de las mismas. Los zapatistas han dicho que, sea quien sea (Zedillo, Fox o el "Che" Guevara) el presidente de México, éste debe de cumplir. Igual en la escuela pública, sean líderes morales, empresarios o especialistas, su permanencia estaría sujeta a la evaluación colectiva; bien valdría la pena revisar dentro de la escuela pública, figuras como la consulta o la rotación en los cargos; así, el tema de la política –por ejemplo– trascendería el Programa de Estudio, ya no sólo sería un contenido o tema de clase, sino que en verdad los conocimientos, valores y principios se convertirían en formas de ser. (SEP, 1999: 11).

Reconocerse iguales en la diferencia
En nuestro país nacer indígena puede ser una desgracia. A los pueblos indígenas se les recuerda como pasado glorioso o como el folklore latente del país, pero no como pueblos que poseen una cultura. Si la pobreza camina junto a lo indígena, la desgracia aumenta si se es mujer: ser indígena, pobre y mujer es la marginación en tres dimensiones. Ello lleva a pensar que el racismo sólo es una expresión de las múltiples caras que puede tener la discriminación, la cual se mantiene en una sociedad llena de estereotipos que dan vida a un mercado de consumo, donde no es necesario reconocer las diferentes expresiones culturales y el deseo de vida autónoma, en la que el respeto a las diferencias no se cotizan, prevaleciendo la homofobia, la misoginia, la intolerancia o la persecución a todo aquello que sea diferente, "anormal" o que no se pueda etiquetar. Las diferencias en las personas están a la alza –por ejemplo– cuando se trata de obtener ganancias; en televisa encontramos ese doble discurso, por un lado el Teletón y el aumento del rating, y por otro la programación donde las diferencias se asocian a lo cómico.5 La escuela pública tendrá que reconocer las múltiples expresiones que prevalecen en la sociedad, tiene que seguir batallando, primero en su interior y desde ella la misma contra aquellas prácticas que reproducen la exclusión; tal es el caso de la lengua, por ejemplo, en la que el género masculino incluye al femenino, hasta los estereotipos, los roles, la inequitativa presencia y participación de la mujer.
    Menciono un ejemplo donde el zapatismo y la escuela pública pueden coincidir en este tipo de aspiraciones, existe el proyecto de Integración Educativa (SEP, 2001) que consiste en incorporar a los alumnos con alguna discapacidad a la escuela regular, es decir, ya no enviarlos exclusivamente a centros de atención especial, sino que a través de las necesarias modificaciones al edificio escolar y/o de adecuaciones curriculares, el ingreso y la permanencia se garanticen a ese sector de la población. Sobra hablar de minusválidos, discapacitados o impedidos, se habla allí de niños con necesidades educativas especiales, se busca de esta manera, dar cumplimiento al mandato de educación obligatoria para todos los niños y niñas. Los zapatistas, por otro lado, en la marcha indígena (febrero-abril de 2001), se vieron acompañados por traductores de lenguaje gestual: en cada mitin y en la comparecencia en el Congreso de la Unión los discursos fueron traducidos empleando el alfabeto manual. Fue sorprendente escuchar las voces indígenas en sus lenguas maternas, igual lo fue ver a los traductores. Tanto el Proyecto de Integración Educativa, como la movilización indígena, nos recuerdan que los seres humanos somos diferentes porque tenemos características particulares; pero estas características no deben anteponer la calidad del ser humano, no tenemos por que resaltar la sordera o la preferencia sexual de las personas que nos rodean. Se aspira a que sea por demás hablar de niños ciegos o mujeres lesbianas, entendiendo que simplemente son personas.
    Del zapatismo resaltaría los siguientes puntos, como ejemplos de ese deseo de no marginar a la mujer: se dice que el primer levantamiento del EZLN tuvo lugar en el mes de marzo de 1993 (Rovira, 1998: 113); al aprobarse las leyes revolucionarias de las mujeres en octubre de 1996, la primera representación zapatista que sale de Chiapas la tiene una mujer, la comandante Ramona; en marzo de 1999 una delegación de cinco mil zapatistas recorre todas las entidades del país, de ella, la mitad la conforman mujeres; por último, el 28 de marzo del 2001, la comandante Esther en el Congreso de la Unión toma la palabra para dar el principal discurso enarbolado por la delegación zapatista y los miembros del Congreso Nacional Indígena.

Educarnos para ejercer la democracia
El reto democrático tiene que ver con pensar y emprender, a manera de ejercicio, la democracia, es decir, con (re)inventarla de manera permanente. La "pregunta por la democratización es, en el fondo, una pregunta sobre si se están o no conformando sujetos capaces de ejercer la democracia" (Aboites, 1998: 5). Una vía certera tiene que ver con la autonomía, la cual en el movimiento zapatista se ve impulsada de una manera muy fuerte y adquiere forma, por ejemplo, en los Acuerdos de San Andrés y en la propuesta de reforma constitucional que conlleva. El cumplimiento de los mismos ha sido pospuesto por la parte gubernamental, sin embargo sientan un antecedente muy importante, ya que la agenda nacional adquirió otras características, por mencionar algunas: se incorpora un formato de diálogo para llegar a acuerdos a partir de un conjunto de mesas de trabajo; se rompe con el esquema cupular, ya que desde el origen y transcurso de las reuniones se rechazan las negociaciones entre dirigencias, San Andrés fue sede de temas nacionales que ya no son formulados exclusivamente por los partidos políticos o la clase política, sino por los actores involucrados directamente y, en este caso, por los que menos voz han tenido en las instancias de decisión nacional. La representación de los pueblos indígenas arribó con la intención de crear un verdadero espacio de comunicación y ganó el debate.
    Pero la lección más importante tiene que ver con la organización de las demandas por parte de los pueblos indígenas. El diálogo en el movimiento zapatista es un arma poderosa, entre sus integrantes se exige que se tenga coherencia con lo que se dice, se siente y se hace; entonces, son necesarios los diálogos entre iguales, en los que no se imponga la voz de unos cuantos. Los acuerdos que emanan son producto de la reflexión, del debate, del escuchar, del "caminar preguntando". La autonomía parte de reconocer que todos y todas podemos participar, que tenemos palabras que compartir, es reconocernos como los portadores de alternativas a construir; la autonomía exige romper con el esquema vertical de negociación, el paternalismo, el autoritarismo o el tirar "línea"; la "autonomía es una demanda que se abre a otras muchas poblaciones que, en consecuencia, plantea un eje totalmente nuevo para la reflexión sobre lo que debe ser el futuro de la sociedad" (Aboites, 2001: 7). La autonomía permite organizarnos a partir de nuestras necesidades, sin imposiciones o limitaciones, es declarar nuevas formas de organización a partir de la libre participación.
    La escuela pública se sitúa ante dos tendencias; por un lado, la exclusión, la homologación y la marginación; y por el otro, la inclusión, el respeto a la diversidad y la participación conjunta. El primer escenario se configura por organismos como el Banco Mundial o el Fondo Monetario Internacional en complicidad con la clase política local; el segundo viene a reunir lo mejor de la historia de la educación, es síntesis de las movilizaciones populares, defiende una civilización que tiene a la humanidad como fin mismo, sus actores promueven la discusión y la participación en busca de alternativas. El rumbo puede ser modificado o consolidado si somos capaces de (re)inventar la democracia, la invitación que nos hace el zapatismo va en ese sentido. Por ello es importante revisar esta y otras experiencias de "quienes ejercen la democracia desde abajo y sin pedir permiso, para estos grupos la democracia es lo fundamental ya que amplían sus derechos ejerciéndolos" (Monsiváis, 1987: 11). Los involucrados en la escuela pública al ejercer la democracia se educan para conducirla, la escuela pública y el zapatismo pueden lograr una convergencia en la tarea de construir un país sin pobreza, con un proyecto propio y no impuesto, y donde la democracia adquiera rostro y nombre en las múltiples expresiones sociales, políticas y culturales de su habitantes.

Notas
1. Las armas no han sido abandonadas, pero aspiran a desaparecer, existe una "estrategia de no-violencia armada" (Le Bot, 1997: 14). La frase que mejor sintetiza esa aspiración es la siguiente: "Somos soldados para que un día ya no sean necesarios los soldados".
2. Se pueden sumar "construir y no destruir", "proponer y no imponer", "convencer y no vencer", "bajar y no subir", y por último, "representar y no suplantar", en: revista Ce-Acatl, núm. 86, mayo de 1997. p. 29.
3. "El zapatismo no es una nueva ideología política, o un refrito de viejas ideologías. El zapatismo no es, no existe. Sólo sirve como sirven los puentes, para cruzar de un lado a otro. No hay recetas, líneas, estrategia, táctica, leyes, reglamentos o consignas universales. Sólo hay un anhelo: construir un mundo mejor, es decir, nuevo", citado por Hernández Navarro, Luis. (2000: 63).
4. "Mi escuela, tengo una dirección, tengo clases", el "mi" o el "tengo" pueden ser sustituidos por un "formo parte de...". Erich Fromm (1998: 37) señala que las personas hacen mal uso del lenguaje: "... la denotación adecuada de una actividad, de un proceso, es un verbo, cada vez es más frecuente que una actividad se exprese como tener, se usa un sustantivo en vez de un verbo".
5. Revísese la barra televisiva de las diez de la noche, lo más representativo, sin duda, es el programa "Cero en conducta", donde aparece un gangoso, el maestro bizco, la maestra decrépita por su edad, un homosexual, una alumna miope, alumnos gordos, etc., y donde la historia gira alrededor del papel de un alumno machista, homofóbico, etc.

Referencias
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————————————. "La autonomía indígena y la autonomía de la universidad pública", en: Memoria (No. 147, mayo). México, 2001.
ARENDT, Hannah. ¿Qué es la política? Ed. Paidós. España, 1997.
CE-ACATL (Revista de la cultura de Anáhuac). "Manantial de los siete principios" (No. 86). México, 1997.
EZLN. Desde las montañas del sureste mexicano. (Cuentos, leyendas y otras posdatas del sup Marcos). Plaza Janés. México, 1999.
FROMM, Erich. ¿Tener o ser? Fondo de Cultura Económica. México, 1998.
FUENTES, Carlos. "Prólogo", en Benítez, Fernando: Los indios de México. Ed. Era. México, 1995.
FULLAT, Octavi (1983). "Cuestiones de nomenclatura", en: Navarro Robles, Benito; Castelar Barbosa, Carlos (Comps.). Antología del Seminario de Pedagogía Comparada I. México, 2001.
GONZÁLEZ Casanova, Pablo. "La crisis del Estado y la lucha por la democracia en América Latina", en: González Casanova, Pablo y Roitman Rosenmann (coords.). La democracia en América Latina. Actualidad y perspectivas. La Jornada Ediciones/UNAM. México, 1995.
HERNÁNDEZ Navarro, Luis. "Zapatismo: La interacción del color", en: El cotidiano (No. 100, marzo-abril). México, 2000.
LE BOT, Yvon. Subcomandante Marcos. El sueño zapatista. Plaza & Valdés. México, 1997.
MONSIVÁIS, Carlos. Entrada libre. Crónicas de la sociedad que se organiza. Ed. Era. México, 1987.
ROVIRA, Guiomar. Mujeres de Maíz. Ed. Era. México, 1998.
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———. Curso Nacional de Integración Educativa. ProNAP/CONALITEG. México, 2001.